Poema 734: Leer en tiempos del scroll

Leer en tiempos del scroll

Exultante tras poder leer quince páginas

de un libro que reposa en la mesa desde Navidad,

una atmósfera repetitiva y circular

con sutiles cambios en cada circunvolución.

Leer exige detenerse un instante y perseverar

olvidar esa velocidad vital de amplio espectro,

dejarse llevar por ruinas morales, miserias, esperanzas,

amalgamarse con los personajes o los lugares,

olvidar las consideraciones vitales sobre el uso del tiempo.

Comprar un libro es ahora un acto de velocidad

uno más en la rueda de vivir aceleradamente,

de transitar sin solución de continuidad

por hitos de alta intensidad visual o emocional.

El paseo nocturno por una ciudad de piedra

semivacía en vísperas de luna llena

es el culmen de una jornada pura maravilla,

belleza, cultura, diálogo, compañía espléndida,

una fecha que debiera ser un hito estético memorable.

La lectura dota de continuidad a esa suma de eventos,

desaforada a veces, como una huida hacia delante,

es capaz de crear un relato consistente,

un cuasi propósito impresionista en el paisaje vital.

El gran lujo del tiempo futuro será la inutilidad aparente

de dedicarle ese tiempo tan preciado al inmovilismo lector,

ese engaño transitorio de la mente que se cuela en espacios

ajenos a la tecnología y al ansia vital tan extendida.

El reposo lector conlleva meditación, recogimiento,

reflexión contemplativa de esa huida creativa

en este lapso extendido del tiempo siempre insuficiente.

Poema 733: Vulnerable

Vulnerable

Quizás todo se mueve y yo permanezco

estático, incapaz de mirar a ningún lado

prisionero de mis propias incertidumbres.

Soslayo cada idea de decadencia,

la justifico, busco excusas coadyuvantes

antes de aceptar la herida de la edad

de mis hábitos siempre mejorables.

A veces me lamento de mi inacción eventual,

del tiempo diario improductivo,

de esos instantes de aislamiento mental

incapaz de leer o de actuar o de progresar.

 Tal vez en esos oasis baldíos está el secreto

para no perder la divina inmortalidad,

la que evita atisbar un deterioro celular

mientras la imaginación cose los puntos

de forma creativa, optimista e ilimitada.

Llegan señales, evidencias, desgastes inequívocos

siempre compensados por la belleza

de unos cielos multiformes irrepetibles,

llamaradas solares, una sonrisa cómplice

o una conversación inteligente con un ser de luz.

Y sin embargo deceleras, ralentizas tu ritmo,

te aferras a un presente continuo eterno

empantanado en preocupaciones de tercera clase

en listas interminables de asuntos pendientes.

La vida resurge oportunamente en los campos,

en el crecimiento inesperado de un huerto,

en esa fruta que se deshace en tu boca

y en el renacer diario tras el sueño reparador.

Las advertencias de la edad deberían ser asimiladas.

Poema 728: Trances de baja intensidad

Trances de baja intensidad

Llueve profusamente, hoy no hay cielo,

no existen las variaciones de nubes y luz,

ha desaparecido el todo verde rural

y el gris ceniciento urbano se impone.

Los instantes de percepción de la belleza

llegan en soledad, penetran porosamente,

dibujan en mi interior imágenes superpuestas

del tiempo, de los afectos, de autoconocimiento.

El olor del cereal, de la naturaleza regada

coadyuva al trance de baja intensidad

que comenzó ayer en la apertura por música

y continúa hoy en la exposición abierta campestre.

Voy cercando y consumiendo acontecimientos,

desprecio posturas extremistas o elitistas

en aras de una cierta sencillez y apego a la tierra,

de la convivencia pacífica y respetuosa.

Existen portales que dan acceso a la fascinación:

un cuadro inesperado, la memoria de un instante,

la felicidad del sonido acompasado por un genio,

el olor de unas rosas asilvestradas casi olvidadas.

Uno no suele ser consciente de su propia felicidad

hasta que esta ha pasado y no hay retorno posible,

siempre, –pesados párpados–, oculta y marginada

por el peso excesivo del lastre contrastante.

Extraer del presente la parte nutricia y estimulante

es un aprendizaje vital sumado a unas circunstancias,

es agrandar el placer y encapsular el dolor, disfrutar

de los puntuales vivos colores de este impresionismo.

Poema 727: El club del desengaño

El club del desengaño

Consumo un concierto tras otro,

un podcast, las canciones de una superstar

como si fuera de lujo en lujo,

jamón de pata negra tras pata negra

la costumbre de leer estados de ánimo

en periodistas poetas de la estirpe de Valdano.

La singularidad no me hace llorar

ni me traslada más allá de mi conciencia aletargada;

quizás el rostro cambiante de la violonchelista

o los parabienes predecibles de los metales

podrían hacerme despertar.

Me acerco a la sala de conciertos como a una catedral,

embargado por el color ambarino de la madera

y por los murmullos que preceden al silencio.

Las imágenes mentales que llevo conmigo son repetitivas

no memorables ni singulares.

Allí se produce la transmutación en una epifanía de la belleza,

una sinfonía contrastante muy trabajada:

los gestos tan expresivos de la contrabajista nunca defraudan,

tampoco la elegancia de la percusión ni el solo de flauta.

Abierta la espita de la belleza extrema, aparece el cielo poniente

como una culminación del torrente de imágenes gozosas,

una puesta en valor inesperada tras la apatía persistente.

Poema 722: Al atardecer…matemáticas

Al atardecer…matemáticas

Al atardecer, junto al puente histórico,

revolotean las golondrinas

en un aparente caos del espacio aéreo;

hacen acopio en sus buches

de miríadas de mosquitos recién eclosionados.

El espectáculo del piar alborozado

es una maravilla.

He paseado un libro desde el Archivo a la ribera

como quien lleva un tesoro o un seguro bajo el brazo,

deseando encontrar el banco exacto

en el que leer acaso un párrafo revitalizante.

Son, sin embargo, el sonido del río en la pesquera,

las aves canoras, la luna creciente incipiente

y la estela de condensación aeronáutica

quienes definen la belleza del ocaso.

Pese al agotamiento estructural del día

aún tengo energía renovada para ascender

las empinadas rampas de acceso a los miradores,

al núcleo antaño amurallado lleno de recovecos.

El encuentro con mi hijo, ensimismado tras la música,

en la explanada del archivero,

activa en mi mente áreas comunicativas enrevesadas

en busca de ideas aperturistas ante el mutismo adolescente.

Una descomposición factorial polinómica mental

en aras de un cálculo de primitivas, logra desterrar el silencio.

Las matemáticas pueden reordenar el mundo.

Poema 715: Ojos vivaces

Ojos vivaces

“Y siempre, a pesar de nuestros vivaces ojos, seguimos sin ver el misterio”

Gisèle Prassinos

El misterio está en la flor de primavera

en los campos tan verdes regados por un riachuelo,

en el viento racheado que ballestea el fresno.

La fotografía capta algunas maravillas,

escribe un verso en un encuadre perfecto,

transporta a centenares de kilómetros

algunas sensaciones muy personales,

mas no el estado de ánimo que viaja en la voz

ni el sonido del vendaval que no me dejó dormir.

El misterio de los conejitos que corretean entre los olivos

en esta sucesión de primaveras, veranos y otoños

lapsos de tiempo, retazos de vida, visitas puntuales

como las pinceladas intensas de un impresionista.

Sigo el sendero hacia el balneario que me indica el lugareño;

se estrecha casi hasta desaparecer entre zarzas y ortigas,

discurre en una diminuta senda entre vallados ancestrales

de cantos rodados aglutinados con argamasa calcárea.

Vestigios de un arco pastoril no lejos de la calzada romana,

miro y miro: mirada poética, mirada matemática,

no veo más allá de la belleza del encuadre,

no descifro el misterio impenetrable de lo que ven mis ojos.

Poema 710: Me diluiré en la nada

Me diluiré en la nada

Me diluiré en la nada cuando me detenga.

¡Hay tantas cosas que limpiar!

Me llaman constantemente,

acude aquí o allá, disfruta y publica

eres un pixel contributivo a la nada cotidiana.

Se volvió gris el día y también las conciencias,

vuelve el patíbulo público

arraigados, enraizados, evitativos.

Sonríe la luz un día y florecen los vestidos

en una montaña rusa de bufandas y miedos.

Estulticia y negligencia contra la excelencia,

ruido y suciedad, la tontería amplificada

llena de colores verde-rojigualda.

¿Dónde estás, agenda infinita?

La introcepción me pide ahora escribir el poema,

sufrir el frío burgués del esfuerzo voluntario.

La belleza se ha ocultado mansamente

aún no se han diluido la música ni la poesía

perdura el esfuerzo titánico del arte contra la guerra.

A punto de detenerme un instante.

Poema 708: Domingo por la mañana

Domingo por la mañana

La felicidad era madrugar para correr por el pinar

día calmo entre borrascas nominales temibles

flores sueltas en versos sueltos

tal vez almendros o prunos solitarios.

La vida intensa no cesa ni un instante:

basta levantar la vista alrededor

obligaciones y devociones sucesivas

belleza, piar de pájaros, confianza

y la presión de la agenda real o impostada.

Hace seis años del virus asesino:

han cambiado las amenazas globales

nubes de tensión, armas insospechadas,

la tiranía ostentosa de exhibición mediática,

artículos explicativos o poéticos,

destrucción y ruina activadas desde lujosos palacios.

Perlas de felicidad en todos los sentidos,

lucha feminista, escuchas múltiples,

una torre de libros y revistas por leer,

el sosiego de abrir la ventana y atisbar el río

entre árboles llenos de brotes, aún pelados.

Toda la mañana por delante,

sol y mínimas decisiones enmarcan un día hermoso

en la flor de la vida, con el privilegio enorme de vivir.

Poema 706: La cáscara del día

La cáscara del día

La cáscara del día envuelve la vida:

una suma increíble de pequeños acontecimientos

de decisiones intensas y cambios de humor

de sensaciones a flor de piel

de instantes de pertenencia a uno mismo.

Combinas la seguridad con la duda

evalúas, accedes al pensamiento profundo

guiado, sostenido y obligado

por la línea de continuidad temporal.

La revolución terráquea es una unidad de medida

de duración variable que se elonga o se encoge

por el vigor en la autopercepción intrínseca,

la intensidad de ese almendro en flor

o las portadas terribles de los diarios de guerra.

Millones de hormigas-persona se encogen o exaltan

por las palabras ocurrentes de multimillonarios estúpidos,

bravucones incapaces de taponar todas las fugas

del maravilloso laborar humano.

Antes o después caerán con oprobio y rencor

dejando tras de sí un rastro nefando

una memoria que la humanidad no podrá asimilar.

Los días envuelven todas las conexiones y las empaquetan

antes de que el sueño reestructure y organice

y limpie las banalidades e inmundicias del espíritu.

Renovados, asistimos a la propaganda y los fuegos de artificio.

Poema 695: Volver a pedalear

Volver a pedalear

La bicicleta se me resiste al principio

frío

inseguridad de quitarte un guante en marcha

cara orejas ojos viento

llegas al sendero calzándolo

allí refugio belleza verde pinos

suma concentración

me detengo para hacer una foto a la sierpe

luz del ocaso entre las ramas.

¿Cuánto queda?

Sudor bajo la ropa

esfuerzo

llego al río torbellinos simas corriente

fulgor del caudal

instantáneas intensas una sonrisa fotogénica

se oculta el sol doloroso tras los chopos desnudos.

¡Cuánta belleza!

Vuelvo acelerando los carriles

me persigue el fuego voluptuoso del astro

ligero a favor del regreso

frío intenso se cierne la noche.

Alegría del transitar rústico y urbano

del cuerpo desperezado y vivo

del retorno del placer ciclista.