Poema 732: Bajando por el Regato del Artillero

Bajando por el Regato del Artillero

Una mañana de primavera en bicicleta

desciendo por el mítico camino serpenteante:

se abre al valle del Guareña, amplio horizonte

colinas suaves, verde cereal y pinos.

Dejo atrás el pinar que planté con mis tíos

hace ya muchos años y que heredó mi madre,

los almendros a rebosar de almendras en su vaina,

las escorrentías de las últimas tormentas,

antes de llegar a la zona de arenas

y al embarcadero que es ya pura ruina

otrora epicentro de cazadores y ganaderos.

Huele a la naturaleza que amanece y se abre

ante el calor ascendente del día;

recuerdo aventuras, hogueras, escapadas veraniegas,

comidas peñistas y ascenso a los tesos.

Muchas de las personas que controlaban la tierra

han desaparecido sin dejar rastro de sus vivencias

ya solo memoria decadente de paisanos a extinguir.

Disfruto del horizonte tormentoso, de las aves excitadas

por la lluvia que descarga aleatoriamente aquí y allá,

me preparo para obviar el paso entre vallados endebles

tras los que pastan los toros bravos

siempre atentos a cada movimiento del camino.

Las choperas son siempre diferentes a la orilla del río,

bufan con el viento y se balancean majestuosas

como olas sobre un campo de margaritas.

Ya en el valle contemplo cantarín el curso del agua

satisfecha el ansia del descenso ansiado,

llena la mente de imágenes estimulantes.