Poema 732: Bajando por el Regato del Artillero

Bajando por el Regato del Artillero

Una mañana de primavera en bicicleta

desciendo por el mítico camino serpenteante:

se abre al valle del Guareña, amplio horizonte

colinas suaves, verde cereal y pinos.

Dejo atrás el pinar que planté con mis tíos

hace ya muchos años y que heredó mi madre,

los almendros a rebosar de almendras en su vaina,

las escorrentías de las últimas tormentas,

antes de llegar a la zona de arenas

y al embarcadero que es ya pura ruina

otrora epicentro de cazadores y ganaderos.

Huele a la naturaleza que amanece y se abre

ante el calor ascendente del día;

recuerdo aventuras, hogueras, escapadas veraniegas,

comidas peñistas y ascenso a los tesos.

Muchas de las personas que controlaban la tierra

han desaparecido sin dejar rastro de sus vivencias

ya solo memoria decadente de paisanos a extinguir.

Disfruto del horizonte tormentoso, de las aves excitadas

por la lluvia que descarga aleatoriamente aquí y allá,

me preparo para obviar el paso entre vallados endebles

tras los que pastan los toros bravos

siempre atentos a cada movimiento del camino.

Las choperas son siempre diferentes a la orilla del río,

bufan con el viento y se balancean majestuosas

como olas sobre un campo de margaritas.

Ya en el valle contemplo cantarín el curso del agua

satisfecha el ansia del descenso ansiado,

llena la mente de imágenes estimulantes.

Poema 626: Amistades físicas

Amistades físicas

Corríamos por el Pinar de Antequera

afianzando la edad desde hacía lustros,

también una amistad del corredor

intercambiando estados físicos y anímicos.

No paran de hablar esas mujeres caminantes–,

dijo el más alto de nosotros;

Van sembrando palabras por el pinar–,

le respondí en un arranque lírico.

Qué metáfora más bonita–, me espetó.

Algún día crecerán– le dije, –y no será tan hermoso–.

En estas, llegó otro poeta en bicicleta

y se detuvo, conversador y amistoso.

Las damas emprendieron el camino de vuelta

comentando asuntos procesales.

A diferencia de nosotros, la más alta iba en cabeza.

Terminamos el ritual dominguero

recolectando unos espárragos trigueros,

hablando de probabilidades y apuestas

y de los arqueólogos poetas o vigilantes jurados.

La liturgia amistosa por hoy había terminado.

Poema 398: La amistad del corredor

La amistad del corredor

Se desvanece el ruido y la música de la fiesta

en las sendas estrechas del pinar;

correr es un acto de purificación

una hermosa ínsula en la vida cotidiana.

Huele a decorado recién regado

a pesar de la sequía que no nos abandona,

pinos que han rezumado resina todo el verano,

esparragueras fractales de millares de agujas.

La amistad de los corredores es un vínculo potente,

ha sobrevivido a paternidades varias,

al agotamiento de la edad o la desmesura alimenticia

y persevera en confidencias ahogadas por la respiración.

Ya no hay registros, ni marcas, ni tiempos,

el acto social ha superado al deportivo,

solo el orden, la fuerza o la forma física prevalecen

cuando todo lo demás ha sido olvidado.

Ciertas rutinas de calentamiento, estiramiento,

detenernos en los mismos pinos,

recordar anécdotas, risas, despistes,

sostienen ampliamente el esfuerzo deportivo.

Nadie tiene dudas de la recompensa tras la fatiga,

ni del público que escucha con interés hipótesis

y disertaciones varias en torno al fútbol

o a las estadísticas de cualquier disciplina humana.

Lazos, familia, vacaciones, vivencias,

incluso tras ausencias prolongadas

parece que no ha transcurrido el tiempo

que todo vuelve a comenzar mientras corremos.

Poema 8: Miedo

   Miedo???????????????????????????????

Dentro del coche te crees a salvo;

has levantado la cabeza un instante

del libro que estabas leyendo;

no lo has visto, mas

has percibido el movimiento.


Tu instinto te hace bloquear las puertas

mirar por todos los espejos;

en medio del pinar sólo hay sombras,

el movimiento suave de la brisa

en las secas plantas aromáticas.


Sabes que estos pinos enormes

suelen ulular con el viento,

aguzas el oído: nada, un relé del coche

o un moscardón que impacta

con la masa negra de la carrocería.


Por tu mente cruzan imágenes

a una velocidad desmesurada,

sombras, fantasmas, espíritus,

animales salvajes, quizás cazadores

que pueden erróneamente dispararte.


Dudas de los ángulos muertos,

te sobrepones, destierras ideas

poco probables, irracionales;

quizás ha sido un pájaro, o un conejo,

no debes estar allí y ese es tu miedo.


Has perdido unos minutos preciosos

escuchando al picapinos,

evaluando posibilidades razonables,

sólo la fortuna del meteorito

te dejará salir de allí con vida.

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