Campa

Una campa y el oxígeno que entra a raudales

entre cientos de recuerdos:

no suelen aparecer en la mente enredada,

el poco dormir y la escasa lectura.

Mantener las constantes vitales y poco más

es el ejercicio cotidiano fundamental,

en estos tiempos complicados de asistentes virtuales,

de lapsos que desperdiciamos y ansiamos,

apenas meditación o fijación de ideas

alejándonos de las vidas antepasadas.

La campa invita a la vida horizontal,

olor a heno, yodo, infinitud marina,

al lado, cientos de humanos se afanan en la arena:

bañarse, leer, conversar, dormitar vitaminándose.

Se abre la mente después de muchas horas de sueño

a la percepción de belleza y descanso,

ausencia de problemas en el corto plazo y olvido,

un abandono al lugar y la circunstancia,

un ejercitar de la indolencia y el reposo lector.

Múltiples islotes accesibles o no, conectados por el mar

ese líquido cefalorraquídeo en el que bucea la consciencia,

los nombres, las imágenes, los recuerdos.

Calma y paz y ausencia de necesidades básicas,

Tolerancia y pequeño disfrute de rincones singulares

del mar distinto cada verano, insólito mar Cantábrico

de lunas decrecientes y compañías que evolucionan.

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