Poema 747: Valles navarros norte

Valles navarros norte

Cuando el perro grande ladra gravemente

el eco de su voz resuena en todo el valle.

La inmensa sucesión de túneles infinitos,

llenos de barro calizo, húmedos, misteriosos,

nos ha dejado extenuados.

La llamada ciclista ha superado las expectativas,

imbuidos de tolerancia y de ilusión aventurera.

En la noche de cuarto creciente las risas

conducen al pórtico fotogénico,

observados por vecinos al contraluz

inquietos por el alborozo excursionista.

El grupo absorbe todas las disidencias,

ensalza virtudes, amplifica las ocurrencias

y diluye las penas en el libre pedaleo diario.

Puede sorprenderte un macho cabrío

o un salto de agua junto a un molino abandonado,

una suma de imágenes con fondo verde,

o una siesta necesaria en una umbría del camino.

Al llegar a Guipúzcoa los valles se abren a la luz del mar,

atravesando industrias y tráfico pesado.

La serpiente multicolor atraviesa Astigarraga

y se dirige voraz hacia el Kursal.

El trompetista en el paseo nuevo,

refugiado del sol bajo un paraguas, entona un blues.

Es el momento esperado del baño cantábrico,

las míticas coreografías y el nadar hasta el gabarrón.

El camino hacia el norte se completa en Irún

tras vertiginoso descenso,

en un hotel de maderas crujientes y rancio abolengo.

Poema 744: Campa

Campa

Una campa y el oxígeno que entra a raudales

entre cientos de recuerdos:

no suelen aparecer en la mente enredada,

el poco dormir y la escasa lectura.

Mantener las constantes vitales y poco más

es el ejercicio cotidiano fundamental,

en estos tiempos complicados de asistentes virtuales,

de lapsos que desperdiciamos y ansiamos,

apenas meditación o fijación de ideas

alejándonos de las vidas antepasadas.

La campa invita a la vida horizontal,

olor a heno, yodo, infinitud marina,

al lado, cientos de humanos se afanan en la arena:

bañarse, leer, conversar, dormitar vitaminándose.

Se abre la mente después de muchas horas de sueño

a la percepción de belleza y descanso,

ausencia de problemas en el corto plazo y olvido,

un abandono al lugar y la circunstancia,

un ejercitar de la indolencia y el reposo lector.

Múltiples islotes accesibles o no, conectados por el mar

ese líquido cefalorraquídeo en el que bucea la consciencia,

los nombres, las imágenes, los recuerdos.

Calma y paz y ausencia de necesidades básicas,

Tolerancia y pequeño disfrute de rincones singulares

del mar distinto cada verano, insólito mar Cantábrico

de lunas decrecientes y compañías que evolucionan.

Poema 326: Mariposas en el mar

Mariposas en el mar

Huele a verano, se afanan los nudistas

por absorber el sol.

Permanecen los islotes golpeados por el mar,

una familia celebra un cumpleaños

después de mucho tiempo

frente a la vaquería idílica salvo por el olor.

Las hormigas predicen la lluvia en veinticuatro horas,

huele a flores en el sendero de los acantilados.

Los cuerpos se muestran en su apogeo o decadencia.

La marea ha subido y hay poca playa al este.

Mariposas del Cantábrico liban y colorean los tojos,

nada predice ningún desastre.