Poema 754: El día del eclipse

El día del eclipse

La presión social y mediática

se coló esa noche en mis sueños

antes de un amanecer caminante.

Al alba recorrí la ruta consabida

hasta las pozas altas:

vía verde, puente del ferrocarril,

huertas y villas río arriba,

el albergue juvenil y la piscifactoría,

el embalse y la casa de Marinejo.

Me bañé desnudo en el agua helada

y bajé al pueblo a desayunar churros.

Comimos en casa de mis padres,

un vergel pese a las tomateras resecas

y un cerezo vacío de signos vitales.

La histórica villa castellana

miraba ya a media tarde hacia el sol:

decenas de vehículos apostados en la Campa,

filtros y telescopios preparándose

y mantas tendidas en el secarral

repletas de familias con ansia de oscuridad.

La luna parecía engullir el sol morosamente,

bullicio, expectación, alboroto,

antes de que el silencio ocultase al astro.

Unos segundos, cinco fotografías, oscuridad.

Aplausos espontáneos en el regreso luminiscente

y la sensación confusa de tanta belleza efímera.

El ocaso del sol mordido fue monumental.

Poema 744: Campa

Campa

Una campa y el oxígeno que entra a raudales

entre cientos de recuerdos:

no suelen aparecer en la mente enredada,

el poco dormir y la escasa lectura.

Mantener las constantes vitales y poco más

es el ejercicio cotidiano fundamental,

en estos tiempos complicados de asistentes virtuales,

de lapsos que desperdiciamos y ansiamos,

apenas meditación o fijación de ideas

alejándonos de las vidas antepasadas.

La campa invita a la vida horizontal,

olor a heno, yodo, infinitud marina,

al lado, cientos de humanos se afanan en la arena:

bañarse, leer, conversar, dormitar vitaminándose.

Se abre la mente después de muchas horas de sueño

a la percepción de belleza y descanso,

ausencia de problemas en el corto plazo y olvido,

un abandono al lugar y la circunstancia,

un ejercitar de la indolencia y el reposo lector.

Múltiples islotes accesibles o no, conectados por el mar

ese líquido cefalorraquídeo en el que bucea la consciencia,

los nombres, las imágenes, los recuerdos.

Calma y paz y ausencia de necesidades básicas,

Tolerancia y pequeño disfrute de rincones singulares

del mar distinto cada verano, insólito mar Cantábrico

de lunas decrecientes y compañías que evolucionan.