Poema 725: Las piedras, el infinito verde y la fiesta incesante

Las piedras, el infinito verde y la fiesta incesante

La línea de valles y cumbres termina en un cielo empedrado.

Una brisa sobre el cúmulo de rocas

hace descender a los congregados en torno a la fiesta

maravillados por los reflejos del agua.

La materia prima de todo el valle es la piedra granítica

domeñada por los constructores de muros y terrazas.

Los nubarrones cargados de agua siguen el curso del río

llenan de niebla las cumbres y de congoja a los congregados.

Los nogales predominantes en las terrazas

albergan entres sus hojas aún tiernas

a cientos de pájaros desconcertados por la música nocturna.

Humanos desinhibidos por la fraternidad y el alcohol

se balancean con los ritmos ochenteros del DJ

tras haber armonizado vidas y leyendas consensuadas.

Confluyen en el festejo varias nacionalidades, continentes,

modos de vida disidentes y acentos síntesis de luz.

Las trazas vitales de varias generaciones, las migraciones

la suma de habilidades humanas indescriptibles

forman una parte indivisible del todo conmemorativo.

La belleza es múltiple en los sentidos de cada partícipe:

el infinito verde, el sol alegre o la lluvia melancólica,

la naturaleza desbordante de agua en ríos y torrenteras,

la forma cambiante del cielo o las siluetas montañosas

conforman el alma de esta memorable reunión humana.

Poema 724: Líneas

Líneas

Dibujo una línea con mi presencia dinámica;

puede ser una almendra oval

visitando lavajos e hitos señalados en la infancia,

o puede ser el ángulo esquivo de tu jardín

en ida y retorno fulgurante e intenso.

El ave rapaz muestra su pecho amenazante

bello, desafiante, abierto a la cámara inocua,

traza círculos de visión mortífera

antes de un picado asombroso y nutricio.

La línea desciende desde la boca a las rodillas

en un pedaleo constante y doloroso,

pesa el viento, pesan los años, pesa la estática pose,

mientras el resto del cuerpo se funde en el aroma

del cereal mucho más avanzado y espigado.

Las decisiones sobre el trazado son improvisadas

como la vida misma: riesgo por el cielo borrascoso,

por el agotamiento y el barro traicionero

por las huellas cánidas y los aullidos lejanos.

El travelling finaliza con curiosidad incipiente,

con ideas de huertos y agua en un retiro teórico,

aquella cabaña del bosque tantas veces imaginada.

La línea poligonal se ha cerrado en una circunvalación

de dos horas y veintitantos kilómetros

en los que he deseado la continuidad imposible

de esa primavera en la meseta, apegado a la tierra.

Poema 690: Geometría helada

Geometría helada

Geometría del hielo cencellada

cortado el paisaje talud carretera

ahí incide el frío extremo

parpadea en el salpicadero el signo negativo

plantas inútiles como tantas vidas

se embellecen en tensiones mínimas

-flota el hielo en el agua- dijo el hijo

la densidad siempre la densidad

el mar de placas solares triste en la niebla

Debussy el fauno mínimos destellos

mi padre como excusa para el vino

estrellas fractales invisibles sé que estáis ahí

curvas de Von Koch

pájaros ahuecados orondos pesan en el cable

ya catenaria eléctrica densa

se cuela en los huesos esa humedad subrepticia

otros fríos imaginarios de antaño

chuzos y sabañones dijo mi padre

el lavajo helado dejaba sin abrevar a las bestias

y todos los damnificados del invierno

ninguna geometría es como parece

ni como fue.

Poema 634: Hay demasiada luz en el pedalear poético

Hay demasiada luz en el pedalear poético

Hay demasiada luz en ese pedalear poético,

campos rebosantes, agua

el espectáculo de la velocidad apropiada.

Se divisan manchas rojas aquí y allá,

amapolas adueñándose de un terreno baldío

o de una cuneta libre de glifosato.

La extensión rojiverde en el acceso al centro comercial

se ha convertido en atracción turística instagramera.

El caudal de agua del canal rima en asonante creciente

con los días previos al solsticio

en coyuntura prebélica de asesinatos selectivos.

El antihéroe inductor de tal desorden

huye precipitadamente de las instituciones,

aumenta sus réditos bursátiles con anuncios ridículos,

promete resolver lacónicamente los conflictos que alienta.

Esa clarividencia matinal amanece rodando

por canales y vías anónimas,

puentes clausurados preventivamente,

lugares privilegiados de observación deforestadora

de extracción de áridos en circuito cerrado,

de un continuo de camiones voladores inmunes.

Esa clarividencia es productiva e intensiva,

permite hollar caminos mentales obstruidos,

se llena de alegría en el trino matutino de las aves

o en el correteo alegre de un corzo en el camino.

La luz abre la puerta del pensamiento político

aplaude la valentía y el statu quo gobernante,

devuelve la auto esperanza al ingenuo oráculo ciclista.

Poema 606: ¿Qué te ha gustado más de Islandia?

¿Qué te ha gustado más de Islandia?

Según se alejan los círculos de amistad

me preguntan tópicos: –¿hacía mucho frío?

–¿la gente allí qué come? –

Y yo recuerdo ventiscas de nieve,

Un paisaje todo blanco que antes fue castaño,

torrenteras de agua por doquier,

el blanco azulado o verdoso de una lengua glaciar,

iglesias rurales mínimas rodeadas de tumbas,

pequeñas cruces en el suelo de tierra,

franjas de playa de arena negra volcánica,

y el asombro emocionante de las auroras boreales.

También recuerdo el precio desorbitado de las cosas,

la sorpresa de un faro meridional

bajo el que deberían de pivotar cientos de pingüinos

que no vimos.

Un amanecer junto a un lago, un paseo hollando la nieve,

y siempre la añoranza del estilo plácido de vida

que atesoras en tu hogar.

–¿Qué te ha gustado más de Islandia? –, te dirán,

y responderás con calma que las múltiples sensaciones,

la austeridad y grandiosidad del espacio,

la sencillez tecnológica para el autoturista.

La amistad íntima no pregunta, escucha activamente,

intuye las sensaciones y las ilusiones,

contribuye a expandir el viaje una vez terminado,

a identificar recuerdos y a etiquetar todos los detalles.

Poema 547: Inventario veraniego

Inventario veraniego

Continuidad, suaves transiciones de la edad,

y, sin embargo, saltos físicos, imágenes del pasado,

el trampantojo de las repeticiones,

baños ancestrales en las mismas aguas ya diferentes.

En esencia la estructura permanece:

caminar, pedalear luengas jornadas, nadar,

leer con ritmos e intensidades diferentes,

la casa familiar como meta tras las andanzas,

los descubrimientos y los hitos.

Me he bañado en tres mares diferentes,

hemos escalado volcanes y cimas graníticas,

atravesado canchales y piornos amenazantes.

Observé las sombras inquietas de los árboles

en las pozas heladoras de ríos de montaña,

un teatro en unas ruinas romanas,

el espectáculo orquestal que nadie contemplaba,

una casa mítica para la cultura,

y una abadía contenedora de reliquias inmemoriales.

El verano se parece a una jubilación vislumbrada,

un dulce viajar, leer, escribir, ejercitar,

llegar allí donde la energía y la imaginación te lleven.

La escala de las sombras se amplifica o se reduce

oculta por el veloz movimiento cotidiano,

se alterna con la luz que elonga los días,

con una corriente subrepticia alegre y vitalista.

El verano es el punto geodésico del año,

al que solo accedes tras arduo y placido camino.

Poema 539: El cuerpo desnudo

El cuerpo desnudo

El cuerpo desnudo tras el baño

en el agua fría que baja de la montaña

se mimetiza con las rocas, a pesar de su blancura.

Las piedras sobre las que se asienta

se han enfriado durante la noche.

El sonido de la cascada

oculta el canto de los pájaros,

todo es verde para los ojos y la cámara.

En esa pausa de integración con la tierra

la mente ha divagado por múltiples caminos,

sin filtros ni censura,

ensoñaciones varias en el paraíso idílico.

La aventura de caminar por rutas conocidas,

seguir la senda de riachuelos y cascadas,

adaptarse al calor seco,

propicia la contemplación extracorpórea

la fusión plena con el núcleo ígneo de la piedra.

El cuerpo desnudo se ha secado,

ha regularizado su temperatura

y aguarda el fin de las ensoñaciones

para iniciar el camino descendente de vuelta.

Poema 456: El desnudo en el río

El desnudo en el río

Posan desnudos en comunión natural

como yo lo haría en su lugar.

Luces que reverberan en sus pieles blancas,

el sol a trompicones se filtra entre las hojas,

sombra de nubes

un viento cálido sube por el cañón del río.

La fuerza del número y la comunidad,

deseo de pertenencia al agua,

a la piedra de la que absorben calor y energía,

músculos, rostros animados, beldad,

un cuadro posible de Sorolla.

Paso de largo, envidioso, cambio de registro,

familia, equilibrio, respeto,

la permanencia divina entre el agua y las nubes,

exposición e integración,

el tiempo en el que disfruté en soledad

horas antes, vidas distintas.

Soy yo desnudo, consciente de la edad

de mi cuerpo aún resistente,

agasajado por el frescor matinal

de las aguas puras de la montaña.

Todas las sensaciones, la libertad,

los sentidos alerta, deseo, luz, aire,

belleza y contrastes.

El agua está fría cual manantial de montaña:

lucen los cuerpos satisfechos

en contraste profundo con las rocas,

mientras la corriente, cantarina,

enmascara sensaciones sociales:

pudor, vergüenza, desnudez

y hace aflorar empoderamiento y valor,

el orgullo de integrarse en la naturaleza.

Poema 437: Cuatro gotas

Cuatro gotas

Se espesa el aire delicadamente oscuro,

la premonición de una lluvia ausente,

el caminar presuroso de pensamientos turbios,

gris, azul, negro, nubes sin fecundar,

el tiempo gastado en banalidades

más allá de cópulas desesperadas,

de la muestra del deseo blando

susurros y palabras de amor,

el tiempo cíclico, repetido y anárquico.

Existe una sequía real y otra mediática,

la insistencia día tras día

en el asunto en que enfocan las agencias:

ayer Cataluña o cualquier derecho social,

hoy la sequía pertinaz

capaz de oscurecer cualquier futuro:

la cultura del pesimismo se filtra en mis neuronas,

¡Cómo voy a correr con veintidós grados en abril!

Y sin embargo con cuatro gotas caídas esta noche

–nocturnidad y alevosía–

huele a primavera llena de amapolas.

Conversan dos hombres calvos y orondos

con enérgico movimiento de manos,

posiblemente unos “enterados” de los noticiarios,

–la ideología social está acabando con el planeta–, dirán.

Cualquier pronóstico puede fallar,

incluso los más catastróficos.

La vida no depende de esos presagios,

quizás sí de las pequeñas vicisitudes personales,

rituales de confianza, alguna caricia,

esa risa que compartiste por una broma inescrutable.

Poema 412: Otoño mágico

Otoño Mágico

Conversan palabras con imágenes

en el valle horadado por el Ambroz,

diríase un baile en el que otoño danza

un vals lento con partitura de hojas,

mientras la niebla desciende húmeda

desde las moles pétreas legendarias.

Arroyos cantarines rebosantes de agua,

surten de regenerador dinamismo

a los ríos de lecho muerto en el estío

que desaguan veloces en el embalse reseco.

Un vate pastor podría sentarse

a declamar sus versos al viento

sobre las rocas ascendentes del cordel,

o ventilarse unas migas o una torta

bajo el alcornoque centenario de la Vía.

Una pastora descolgada del Cántico

podría triscar por los montes y espesuras

pasar los fuertes y fronteras,

lamentarse en el espejo de estas aguas

del amado que mil gracias iba derramando.

Chisporrotea la calbotá entre la bruma,

arrejunta los espíritus caminantes,

dispersa vientos y enemistades antiguas,

actualiza la quietud del caminante por el valle.

Centenares de personas afinan sus sentidos,

hollan el bosque húmedo,

elevan su umbral de belleza cotidiana,

hasta niveles de compleja absorción,

santifican la diosa  Naturaleza

y la feracidad mítica y hortícola del valle.