
La rosa de otoño
La rosa de otoño ha orado por nosotros
Valentine Penrose (Poemas 1937)
Cambia el tiempo a la manera de Saramago:
a peor tal y como lo entienden los proverbios.
Se acumulan las nubes tras muchas conversaciones
hay dolor en las miradas viajeras del futuro,
un existencialismo atroz siempre presente
bajo las capas placenteras de una vida acomodada.
Una risa espontánea, pura fricción de intelectos
o del enorme bienestar del encuentro simétrico,
apegos superlativos sobre las hojas decolorándose.
La belleza más sencilla está en la naturaleza,
el dibujo de un tomate tigre incipiente en pleno octubre,
los paseos arriesgados por sendas serpenteantes,
el parpe de un pato o de una bandada de ellos.
En el anfiteatro aún resiste el calor de los días,
esa maldición o bendición tan subjetiva y personal,
formas de observar la rosa de otoño y sus implicaciones.
Nadie pasea en esta tarde cambiante de luz escasa,
solo algunas personas corren como yo
en otras juventudes y velocidades de marcada tecnología;
también los perros hacen su labor pastoreando dueñas
socializando en las sendas aun secas de la ribera.
La lógica no carece de fórmulas envolventes,
nos aboca a un futuro de rosas fuera de temporada
y quizás a una supervivencia que aún no podemos atisbar.


















