
Ojos vivaces
“Y siempre, a pesar de nuestros vivaces ojos, seguimos sin ver el misterio”
Gisèle Prassinos
El misterio está en la flor de primavera
en los campos tan verdes regados por un riachuelo,
en el viento racheado que ballestea el fresno.
La fotografía capta algunas maravillas,
escribe un verso en un encuadre perfecto,
transporta a centenares de kilómetros
algunas sensaciones muy personales,
mas no el estado de ánimo que viaja en la voz
ni el sonido del vendaval que no me dejó dormir.
El misterio de los conejitos que corretean entre los olivos
en esta sucesión de primaveras, veranos y otoños
lapsos de tiempo, retazos de vida, visitas puntuales
como las pinceladas intensas de un impresionista.
Sigo el sendero hacia el balneario que me indica el lugareño;
se estrecha casi hasta desaparecer entre zarzas y ortigas,
discurre en una diminuta senda entre vallados ancestrales
de cantos rodados aglutinados con argamasa calcárea.
Vestigios de un arco pastoril no lejos de la calzada romana,
miro y miro: mirada poética, mirada matemática,
no veo más allá de la belleza del encuadre,
no descifro el misterio impenetrable de lo que ven mis ojos.


















