Poema 746: El vértigo de los días

El vértigo de los días

El vértigo de los días es prodigioso,

amaneces en un planeta y oscureces en otro,

el pensamiento dota de continuidad

a la suma independiente de puntos álgidos,

una narración vital, una reconversión ética,

todas las ponderaciones necesarias y suficientes

en la locura estadística de datos y alcances

del festín informático y electivo actual.

Alejados de la agenda los genocidios,

terremotos, incendios, las destrucciones creativas,

aparece el fútbol circense y mediático

en el que una decisión o la fortuna voltean el relato.

Cualquier generador puede pasar de un prompt

a un poema simbólico como este,

mas incapaz de extraer una sinopsis en cincuenta palabras

cuando aparecen determinados conceptos vetados.

Los días se han ampliado hasta la extenuación metafísica,

rutinas acopladas al borde superficial optimizado,

titulares a cuatro columnas tan efímeros como hirientes,

la mente evolutiva en constante ebullición erudita,

solo el olvido necesario e higiénico desbloquea la memoria,

permite la inclusión en tropel de nuevas imágenes,

experiencias inmersivas, fuegos fatuos animados,

la voracidad ávida de aprovechamiento tan humana.

Viajas a una velocidad trepidante, amplías cada instante

vaciando el peso específico de cada interacción,

seleccionando los ítems desencadenantes de emociones,

lo inesperado en su belleza intrínseca alegórica,

un todo elevado y avivado por notables afectos espontáneos.

Poema 745: El río ciclista

El río ciclista

“Me arrepiento de dos cosas, –dijo el ciclista–,

de haber llevado al desguace el viejo Ebro de mi padre

y de haber vendido la moto roja de mi juventud.”

                                                     Abelardo, ciclista ocasional

Recién llegado a la fiesta ciclista, ubicaba cascos y colores,

uniformes homogéneos fotografiados bajo la torre mudéjar.

El alma de la ruta, lesionado, irradiaba optimismo y mecánica,

un enorme carro transportador de bicicletas, cinchas, ayudantes,

toda la parafernalia reputacional que quiso conseguir.

Anécdotas de aquella primera ruta inaugural, pioneros

que siguiendo el río Guareña fueron marcando hitos y leyendas.

Magníficos paisajes de la Castilla estival, girasoles amarillos,

colinas, un vertiginoso descenso al valle fluvial,

el frescor increíble de las grutas milenarias del vino,

las águilas y cigüeñas que se afanan tras las cosechadoras.

Las mismas pausas rituales: miradores, puentes ancestrales,

fotografías con la espectacular colegiata románica al fondo,

y finalmente el ceremonial del baño fluvial

enmarcado por los ojos históricos del puente medieval.

Arbucala, ciudad vaccea, contemplaba desde las alturas

el chapoteo divertido de los ciclistas experimentados.

La jornada de épica ciclista para unos e iniciática para otros

culminó pantagruélicamente en casa La Pacheca

con un enorme festín de comida rústica y sabrosa,

elevando las conversaciones y los espíritus,

alimentando los cuerpos agotados por los caminos fluviales.

Poema 744: Campa

Campa

Una campa y el oxígeno que entra a raudales

entre cientos de recuerdos:

no suelen aparecer en la mente enredada,

el poco dormir y la escasa lectura.

Mantener las constantes vitales y poco más

es el ejercicio cotidiano fundamental,

en estos tiempos complicados de asistentes virtuales,

de lapsos que desperdiciamos y ansiamos,

apenas meditación o fijación de ideas

alejándonos de las vidas antepasadas.

La campa invita a la vida horizontal,

olor a heno, yodo, infinitud marina,

al lado, cientos de humanos se afanan en la arena:

bañarse, leer, conversar, dormitar vitaminándose.

Se abre la mente después de muchas horas de sueño

a la percepción de belleza y descanso,

ausencia de problemas en el corto plazo y olvido,

un abandono al lugar y la circunstancia,

un ejercitar de la indolencia y el reposo lector.

Múltiples islotes accesibles o no, conectados por el mar

ese líquido cefalorraquídeo en el que bucea la consciencia,

los nombres, las imágenes, los recuerdos.

Calma y paz y ausencia de necesidades básicas,

Tolerancia y pequeño disfrute de rincones singulares

del mar distinto cada verano, insólito mar Cantábrico

de lunas decrecientes y compañías que evolucionan.

Poema 743: Plaza Sinfónica

Plaza Sinfónica

Las últimas luces del día sobre la fachada de San Pablo

son un regalo adicional para los melómanos

asentados desde horas antes en la plaza.

Revolotean golondrinas y cigüeñas alteradas

por el sonido discordante del afinado instrumental.

La OSCYL luce majestuosa, levemente amplificada,

imperturbable al viento o a la luz declinante:

rostros conocidos apiñados en un escenario portátil.

El director, didáctico, improvisa y resume maravillas,

deja al público expectante y abre hilos de conocimiento.

La concatenación sublime de pequeñas piezas

enardece al público, dibuja sonrisas de placer,

eleva el espíritu a cotas inimaginables

en la alfombra mágica de las melodías operísticas.

Todo se difumina al escuchar el Intermezzo de Mascagni:

diríase que cada nota llega al cerebro sin filtro

esperando con ansia la continuación melódica,

alma esponjada, inmersión profunda y significativa.

Rostros y aplausos, momento estelar y singular

La Vida Breve, culmen y apoteosis de una noche

magnífica de junio, abierta y porosa, plena de ilusión.

Poema 742: Con algo te habrás quedado

Con algo te habrás quedado

“Con algo te habrás quedado…”

Richar, nieto de Ausencia

Bajo los arcos de una iglesia defensiva

construida en múltiples fases, parcheada

con piedras areniscas y rojizas.

Amanecía con resaca de fiesta y botellón

en el pueblo perdido de Castilla:

cereales ya fundidos por el plomo solar,

lavajos cuarteados, oasis finitos,

una avutarda macho por lo solitario del vuelo,

el frescor del maizal interminable.

Golpetean los saltamontes entre las piernas ciclistas

en imágenes que puedo recordar de mi infancia,

olor a siega a cordones de paja recientes

en la llanura inconmensurable.

La línea del ferrocarril es una costura impermeable,

vueltas y vueltas a caminos sin salida,

y un objetivo inconcluso por la premura y el calor.

Los contrafuertes de la iglesia son lugares

Ángel González dixit–, propicios para el amor.

La exploración concluye con el avistamiento de la torre

en un horizonte despejado y uniforme,

la vuelta al hogar de los ancestros, el acogimiento

y una suma de imágenes: zorros, cigüeñas, rapaces,

antes de las recompensas dominicales.

Poema 741: Aromas y luces al atardecer

Aromas y luces al atardecer

Reina la luna dos tercios visible,

oculta el rumor del río urbano

el piar desesperado de los pájaros

en este atardecer del solsticio en el barrio gitano.

Interminable luz en un horizonte pastel

de ligero caminar aún exaltado

por el deporte, la cerveza y el cariño familiar.

Las noches de junio crecientes son mitificadas

cada vuelta terrestre alrededor del sol,

fuegos del día que se extinguen con placidez,

palabras y caricias y paseos interminables,

el abrazo de mi hija acuática en la piscina.

Alejado del cereal voluptuoso a esa hora

aspiro la fragancia de las plantas ribereñas,

detengo el tiempo y el caminar pausado,

llenos los bancos de personas chismeando,

llena la cabeza de una idea propia del mundo.

Se encienden luces interiores,

siluetean personas afanándose en su hogar

ajenas a la madre naturaleza de sus ancestros.

Fugaces, estos atardeceres desaparecerán

en indefinidos ciclos siempre insuficientes,

en inviernos introspectivos y apocados.

Toca celebrar esa luna creciente y este calor

tan denostado y sofocante

antes de la plenitud de ese número finito de veranos.

Poema 740: Artificios

Artificios

Artificios judiciales y políticos ocultan sombras,

gritos desaforados esconden miserias,

sistemas de vigilancia ultra avanzados espían conductas,

conversaciones, formalidad e informalidad,

barren un espectro privado del que nadie se libraría.

Lejos de los focos, las personas se afanan

en mantenerse a flote, luchar por su dignidad,

sus derechos, su economía precaria y su libertad.

Las agendas comunicativas no descansan;

se agradece que los intentos de asalto al poder

sean esta vez incruentos, mas no exentos de violencia.

La resistencia es ahora colectiva, casi colegiada,

pequeños núcleos informativos independientes

crecen, equilibran, acceden a la lógica mental ciudadana.

El refugio de la lectura y las conversaciones privadas

parecen reductos inexorables de pequeñas proporciones,

coadyuvan también las distracciones épico-futbolísticas,

y los datos macroeconómicos de pujanza política.

La fortaleza emana de la masa y de la memoria,

de esos recursos públicos desviados a manos privadas

por administraciones que se escudan en el anticristo

mientras su ciudad-comunidad languidece y retrocede.

Los engaños vienen de lejos, las tradiciones también;

la modernidad galopante y exponencial contiene riesgos,

necesita contrapesos inteligentes, no obtusos iletrados,

ni mafiosos corporativos, ni voceros enardecidos

útiles solamente en el asalto a la fortaleza estatal.

La tolerancia es un hongo de amplio espectro,

una suma de virtudes y de fuerza moral colectiva

siempre amenazada por el forcejeo destructivo

que husmea en los estercoleros incontrolados del sistema.

La desproporción de fuerzas que pugnan por la desigualdad

acrecienta la energía ciudadana y sostiene el ánimo social.

Poema 739: La Reina de las Telas

La Reina de las Telas

Noche creciente, luna creciente con estrella,

el poeta atraviesa la ciudad en bicicleta:

Delicias, Arco de Ladrillo, La Farola, La Rubia…

Se ha cruzado con raiders diversos en las sombras

mientras rememora la nave con pequeñas claraboyas.

Riesgo, vértigo, madeja felina, la Reina de las Telas,

ágil escaladora compositora de instantáneas

la habilidad escalada, elevada a una potencia artística.

Todo el antiguo taller está lleno de ilusión y talento,

cuerpos entrenados durante todo el año,

múltiples procedencias, ideas vitales y experiencias,

la Luz de las Delicias es un punto de encuentro intenso

en el que las emociones están siempre a flor de piel.

Suena la música y comienza la dramatización,

composiciones imposibles para cuerpos normativos,

escorzos, enredos, la fuerza contra la masa, cierta gravedad

y la salvación de la integridad personal en el compañerismo.

El taller es un refugio y una guía espiritual semanal:

allí cada cual brilla con elegancia y se encuentra a sí misma

abriendo al mundo, en esos minutos de acrobacias increíbles,

la enorme capacidad estética de su yo artístico.

El esfuerzo y las sonrisas son solidarios y colectivos,

maestría a base de disciplina, práctica y confianza fraterna,

un reinado de apariencia efímera mas elongable y absoluto.

Poema 738: Fútbol sin masa

Fútbol sin masa

¿Será la paz? ¿Será la guerra?

Cada cual sabe de qué infierno procede […]

Isabel Meyrelles. El Mensajero de los Sueños

El peso del agua nos enciende algunas neuronas

que se apagan al anochecer en los estadios:

contemplar en trance las habilidades estratégicas,

indignarse por las mismas injusticias gamificadas,

sentir el privilegio del dinero en la corporeidad.

Anécdotas y literatura consumible, orgullo patrio,

circo máximo en un mundo de hombres

salpimentado por escasas mujeres irreductibles.

La energía masculina no se utiliza en la comunicación

de emociones o de sentimientos ni en la interdependencia,

fluye toda en el sentido animalístico-futbolero,

en modelos de jóvenes millonarios de aspecto extravagante.

Consuma el Mundial americano la desigualdad y el privilegio,

mercenarios de alto standing en el escaparate patrio:

bandera, himno, seguidores incondicionales.

Se blinda el espectáculo-religioso de adoración machista,

consecuencia lógica de la política internacional:

invade las vidas cotidianas, estructura horarios,

alerta toda la seguridad pública y privada disponible.

La masa ha cambiado de forma, de estética, de apariencia

pero incide en los mismos rituales de enardecimiento colectivo,

de culto a los ancestros, de emociones primarias.

Atónitos nos sumimos en el mundo Matrix,

obnubilados por un chaval imberbe, estandarte de la magia

del concepto futbolístico nacional.

Poema 737: En tierras fraudulentas

En tierras fraudulentas

En tierras fraudulentas

el poeta loco

es un testigo irremplazable

de estos tiempos […]

Isabel Meyrelles, El Mensajero de los Sueños

Supervivencia, sexo, caminar lo más erguido posible

en el mundo en el que si te detienes, la marea te empuja.

El farsante loco anuncia que el precio del crudo disminuye;

el facineroso asiente, pero sigue ejecutando,

colonizando, huyendo hacia delante, destruyendo.

“You’d be in jail if it wasn’t for me. I’m saving your neck right now»

clama el tahúr henchido de orgullo patrio.

Trampantojos múltiples, engaños de puro artificio

la luna, un teléfono clonado, venganzas selectivas

contra cualquier poeta loco de una locura humanista diferente.

El relato frente al concepto, la imagen sostenida pecuniariamente,

la realidad bélica terrible: sangre, demolición, amputación y muerte

frente al videojuego televisivo en el que figuras subhumanas

caen o avanzan sustituidas inmediatamente por otras similares:

si consigues monedas doradas inmediatamente reconstruyes,

recompones a tu imagen y semejanza, –divina omnipotencia–,

hasta que encuentras un resquicio ventajoso y lucrativo.

Los súbditos, mayoritariamente masculinizados, consienten,

impasibles y gregarios, soldados de pensamiento opaco.

Los poetas locos se desgañitan u ofenden con insensatez,

ajenos al silencio, fijos los ojos en el circo futbolístico.