
En tierras fraudulentas
En tierras fraudulentas
el poeta loco
es un testigo irremplazable
de estos tiempos […]
Isabel Meyrelles, El Mensajero de los Sueños
Supervivencia, sexo, caminar lo más erguido posible
en el mundo en el que si te detienes, la marea te empuja.
El farsante loco anuncia que el precio del crudo disminuye;
el facineroso asiente, pero sigue ejecutando,
colonizando, huyendo hacia delante, destruyendo.
“You’d be in jail if it wasn’t for me. I’m saving your neck right now»
clama el tahúr henchido de orgullo patrio.
Trampantojos múltiples, engaños de puro artificio
la luna, un teléfono clonado, venganzas selectivas
contra cualquier poeta loco de una locura humanista diferente.
El relato frente al concepto, la imagen sostenida pecuniariamente,
la realidad bélica terrible: sangre, demolición, amputación y muerte
frente al videojuego televisivo en el que figuras subhumanas
caen o avanzan sustituidas inmediatamente por otras similares:
si consigues monedas doradas inmediatamente reconstruyes,
recompones a tu imagen y semejanza, –divina omnipotencia–,
hasta que encuentras un resquicio ventajoso y lucrativo.
Los súbditos, mayoritariamente masculinizados, consienten,
impasibles y gregarios, soldados de pensamiento opaco.
Los poetas locos se desgañitan u ofenden con insensatez,
ajenos al silencio, fijos los ojos en el circo futbolístico.


















