
Artificios
Artificios judiciales y políticos ocultan sombras,
gritos desaforados esconden miserias,
sistemas de vigilancia ultra avanzados espían conductas,
conversaciones, formalidad e informalidad,
barren un espectro privado del que nadie se libraría.
Lejos de los focos, las personas se afanan
en mantenerse a flote, luchar por su dignidad,
sus derechos, su economía precaria y su libertad.
Las agendas comunicativas no descansan;
se agradece que los intentos de asalto al poder
sean esta vez incruentos, mas no exentos de violencia.
La resistencia es ahora colectiva, casi colegiada,
pequeños núcleos informativos independientes
crecen, equilibran, acceden a la lógica mental ciudadana.
El refugio de la lectura y las conversaciones privadas
parecen reductos inexorables de pequeñas proporciones,
coadyuvan también las distracciones épico-futbolísticas,
y los datos macroeconómicos de pujanza política.
La fortaleza emana de la masa y de la memoria,
de esos recursos públicos desviados a manos privadas
por administraciones que se escudan en el anticristo
mientras su ciudad-comunidad languidece y retrocede.
Los engaños vienen de lejos, las tradiciones también;
la modernidad galopante y exponencial contiene riesgos,
necesita contrapesos inteligentes, no obtusos iletrados,
ni mafiosos corporativos, ni voceros enardecidos
útiles solamente en el asalto a la fortaleza estatal.
La tolerancia es un hongo de amplio espectro,
una suma de virtudes y de fuerza moral colectiva
siempre amenazada por el forcejeo destructivo
que husmea en los estercoleros incontrolados del sistema.
La desproporción de fuerzas que pugnan por la desigualdad
acrecienta la energía ciudadana y sostiene el ánimo social.


















