
Ritual del dolor
En recuerdo de Inma que luchó hasta el fin
Lentamente la muerte se filtra
a través del muro emocional,
día soleado sin catafalco,
el rito de inmersión en la naturaleza:
campos, pinares, arena,
el camino hacia el sur de mi infancia.
Más tarde hay un crepúsculo doloroso,
naranjas intensos siluetean la torre,
azules que cobijan la luna incipiente.
La voz cantarina permanece
más intensa que las imágenes,
tan solo los ojos inquietos arden
animosos en la adversidad acumulada.
Lamentos profundos y rituales
para acompañar y recordar y honrar,
el cúmulo de experiencias ancestrales
que mitigan el dolor en armonía comunitaria.
El hueco inmenso o puntual en el recuerdo
duele, se infiltra mansamente
en la materia profunda constitutiva,
se ancla a estímulos variopintos mentales:
iglesia, camino soleado, cruz ermitaña,
días de verde y amarillo comunitarios.
El dolor se administra en dosis no letales
al socaire de la velocidad vital de los tiempos.


















