Poema 743: Plaza Sinfónica

Plaza Sinfónica

Las últimas luces del día sobre la fachada de San Pablo

son un regalo adicional para los melómanos

asentados desde horas antes en la plaza.

Revolotean golondrinas y cigüeñas alteradas

por el sonido discordante del afinado instrumental.

La OSCYL luce majestuosa, levemente amplificada,

imperturbable al viento o a la luz declinante:

rostros conocidos apiñados en un escenario portátil.

El director, didáctico, improvisa y resume maravillas,

deja al público expectante y abre hilos de conocimiento.

La concatenación sublime de pequeñas piezas

enardece al público, dibuja sonrisas de placer,

eleva el espíritu a cotas inimaginables

en la alfombra mágica de las melodías operísticas.

Todo se difumina al escuchar el Intermezzo de Mascagni:

diríase que cada nota llega al cerebro sin filtro

esperando con ansia la continuación melódica,

alma esponjada, inmersión profunda y significativa.

Rostros y aplausos, momento estelar y singular

La Vida Breve, culmen y apoteosis de una noche

magnífica de junio, abierta y porosa, plena de ilusión.

Poema 742: Con algo te habrás quedado

Con algo te habrás quedado

“Con algo te habrás quedado…”

Richar, nieto de Ausencia

Bajo los arcos de una iglesia defensiva

construida en múltiples fases, parcheada

con piedras areniscas y rojizas.

Amanecía con resaca de fiesta y botellón

en el pueblo perdido de Castilla:

cereales ya fundidos por el plomo solar,

lavajos cuarteados, oasis finitos,

una avutarda macho por lo solitario del vuelo,

el frescor del maizal interminable.

Golpetean los saltamontes entre las piernas ciclistas

en imágenes que puedo recordar de mi infancia,

olor a siega a cordones de paja recientes

en la llanura inconmensurable.

La línea del ferrocarril es una costura impermeable,

vueltas y vueltas a caminos sin salida,

y un objetivo inconcluso por la premura y el calor.

Los contrafuertes de la iglesia son lugares

Ángel González dixit–, propicios para el amor.

La exploración concluye con el avistamiento de la torre

en un horizonte despejado y uniforme,

la vuelta al hogar de los ancestros, el acogimiento

y una suma de imágenes: zorros, cigüeñas, rapaces,

antes de las recompensas dominicales.

Poema 741: Aromas y luces al atardecer

Aromas y luces al atardecer

Reina la luna dos tercios visible,

oculta el rumor del río urbano

el piar desesperado de los pájaros

en este atardecer del solsticio en el barrio gitano.

Interminable luz en un horizonte pastel

de ligero caminar aún exaltado

por el deporte, la cerveza y el cariño familiar.

Las noches de junio crecientes son mitificadas

cada vuelta terrestre alrededor del sol,

fuegos del día que se extinguen con placidez,

palabras y caricias y paseos interminables,

el abrazo de mi hija acuática en la piscina.

Alejado del cereal voluptuoso a esa hora

aspiro la fragancia de las plantas ribereñas,

detengo el tiempo y el caminar pausado,

llenos los bancos de personas chismeando,

llena la cabeza de una idea propia del mundo.

Se encienden luces interiores,

siluetean personas afanándose en su hogar

ajenas a la madre naturaleza de sus ancestros.

Fugaces, estos atardeceres desaparecerán

en indefinidos ciclos siempre insuficientes,

en inviernos introspectivos y apocados.

Toca celebrar esa luna creciente y este calor

tan denostado y sofocante

antes de la plenitud de ese número finito de veranos.

Poema 740: Artificios

Artificios

Artificios judiciales y políticos ocultan sombras,

gritos desaforados esconden miserias,

sistemas de vigilancia ultra avanzados espían conductas,

conversaciones, formalidad e informalidad,

barren un espectro privado del que nadie se libraría.

Lejos de los focos, las personas se afanan

en mantenerse a flote, luchar por su dignidad,

sus derechos, su economía precaria y su libertad.

Las agendas comunicativas no descansan;

se agradece que los intentos de asalto al poder

sean esta vez incruentos, mas no exentos de violencia.

La resistencia es ahora colectiva, casi colegiada,

pequeños núcleos informativos independientes

crecen, equilibran, acceden a la lógica mental ciudadana.

El refugio de la lectura y las conversaciones privadas

parecen reductos inexorables de pequeñas proporciones,

coadyuvan también las distracciones épico-futbolísticas,

y los datos macroeconómicos de pujanza política.

La fortaleza emana de la masa y de la memoria,

de esos recursos públicos desviados a manos privadas

por administraciones que se escudan en el anticristo

mientras su ciudad-comunidad languidece y retrocede.

Los engaños vienen de lejos, las tradiciones también;

la modernidad galopante y exponencial contiene riesgos,

necesita contrapesos inteligentes, no obtusos iletrados,

ni mafiosos corporativos, ni voceros enardecidos

útiles solamente en el asalto a la fortaleza estatal.

La tolerancia es un hongo de amplio espectro,

una suma de virtudes y de fuerza moral colectiva

siempre amenazada por el forcejeo destructivo

que husmea en los estercoleros incontrolados del sistema.

La desproporción de fuerzas que pugnan por la desigualdad

acrecienta la energía ciudadana y sostiene el ánimo social.

Poema 739: La Reina de las Telas

La Reina de las Telas

Noche creciente, luna creciente con estrella,

el poeta atraviesa la ciudad en bicicleta:

Delicias, Arco de Ladrillo, La Farola, La Rubia…

Se ha cruzado con raiders diversos en las sombras

mientras rememora la nave con pequeñas claraboyas.

Riesgo, vértigo, madeja felina, la Reina de las Telas,

ágil escaladora compositora de instantáneas

la habilidad escalada, elevada a una potencia artística.

Todo el antiguo taller está lleno de ilusión y talento,

cuerpos entrenados durante todo el año,

múltiples procedencias, ideas vitales y experiencias,

la Luz de las Delicias es un punto de encuentro intenso

en el que las emociones están siempre a flor de piel.

Suena la música y comienza la dramatización,

composiciones imposibles para cuerpos normativos,

escorzos, enredos, la fuerza contra la masa, cierta gravedad

y la salvación de la integridad personal en el compañerismo.

El taller es un refugio y una guía espiritual semanal:

allí cada cual brilla con elegancia y se encuentra a sí misma

abriendo al mundo, en esos minutos de acrobacias increíbles,

la enorme capacidad estética de su yo artístico.

El esfuerzo y las sonrisas son solidarios y colectivos,

maestría a base de disciplina, práctica y confianza fraterna,

un reinado de apariencia efímera mas elongable y absoluto.

Poema 738: Fútbol sin masa

Fútbol sin masa

¿Será la paz? ¿Será la guerra?

Cada cual sabe de qué infierno procede […]

Isabel Meyrelles. El Mensajero de los Sueños

El peso del agua nos enciende algunas neuronas

que se apagan al anochecer en los estadios:

contemplar en trance las habilidades estratégicas,

indignarse por las mismas injusticias gamificadas,

sentir el privilegio del dinero en la corporeidad.

Anécdotas y literatura consumible, orgullo patrio,

circo máximo en un mundo de hombres

salpimentado por escasas mujeres irreductibles.

La energía masculina no se utiliza en la comunicación

de emociones o de sentimientos ni en la interdependencia,

fluye toda en el sentido animalístico-futbolero,

en modelos de jóvenes millonarios de aspecto extravagante.

Consuma el Mundial americano la desigualdad y el privilegio,

mercenarios de alto standing en el escaparate patrio:

bandera, himno, seguidores incondicionales.

Se blinda el espectáculo-religioso de adoración machista,

consecuencia lógica de la política internacional:

invade las vidas cotidianas, estructura horarios,

alerta toda la seguridad pública y privada disponible.

La masa ha cambiado de forma, de estética, de apariencia

pero incide en los mismos rituales de enardecimiento colectivo,

de culto a los ancestros, de emociones primarias.

Atónitos nos sumimos en el mundo Matrix,

obnubilados por un chaval imberbe, estandarte de la magia

del concepto futbolístico nacional.

Poema 737: En tierras fraudulentas

En tierras fraudulentas

En tierras fraudulentas

el poeta loco

es un testigo irremplazable

de estos tiempos […]

Isabel Meyrelles, El Mensajero de los Sueños

Supervivencia, sexo, caminar lo más erguido posible

en el mundo en el que si te detienes, la marea te empuja.

El farsante loco anuncia que el precio del crudo disminuye;

el facineroso asiente, pero sigue ejecutando,

colonizando, huyendo hacia delante, destruyendo.

“You’d be in jail if it wasn’t for me. I’m saving your neck right now»

clama el tahúr henchido de orgullo patrio.

Trampantojos múltiples, engaños de puro artificio

la luna, un teléfono clonado, venganzas selectivas

contra cualquier poeta loco de una locura humanista diferente.

El relato frente al concepto, la imagen sostenida pecuniariamente,

la realidad bélica terrible: sangre, demolición, amputación y muerte

frente al videojuego televisivo en el que figuras subhumanas

caen o avanzan sustituidas inmediatamente por otras similares:

si consigues monedas doradas inmediatamente reconstruyes,

recompones a tu imagen y semejanza, –divina omnipotencia–,

hasta que encuentras un resquicio ventajoso y lucrativo.

Los súbditos, mayoritariamente masculinizados, consienten,

impasibles y gregarios, soldados de pensamiento opaco.

Los poetas locos se desgañitan u ofenden con insensatez,

ajenos al silencio, fijos los ojos en el circo futbolístico.

Poema 736: Música joven

Música joven

Riguroso negro en el vestir

y juventud a espuertas tras los instrumentos.

Energía y desparpajo,

el límpido sonido de dos arpas gemelas

mientras la chelista embelesada y rítmica

mueve su cabeza con precisión.

Jeroglíficos en el peinado afro,

luminosidad interpretativa

concentración suma en la percusión.

El público ecléctico de la gala benéfica

contrasta con la sobriedad concertante habitual:

aplausos extemporáneos, fotografías,

ausencia de concentración musical en la grada.

La música en vivo no defrauda,

gestos vivaces, limpieza sumaria de instrumentos,

ese solo de metal tan complicado

o el agudo imposible de una viola sutil.

Vestidos de noche en el photocall del vestíbulo

saludos efusivos y alguna autoridad ajena a la música

en tanto que los melómanos afinan su oído.

Un espectáculo diferente y múltiple

lleno de virtuosismo temprano y de oculto trabajo

en aras de un futuro sinfónico espectacular.

Poema 735: Todos rezan

Todos rezan

“Todos rezan, moribundos de venganza”

Unica Zürn

Apenas da tiempo a pensar o a asimilar

en las laderas lejanas de la actualidad,

me digo a mí mismo mientras busco campo,

espigas, olor a cereal, amapolas amontonadas

en cunetas libres de Trezac o glisofatos.

Dos mujeres enfrentadas con los pechos casi al aire

componen la escena inacabada del pintor:

fondo, manos, el mantón aún en ciernes,

las miradas tan distintas, las modelos,

Elisa y Elena, morena y rubia, tan Romero de Torres.

El cuadro contrasta con las imágenes crueles

de un policía empujando a una pacífica profesora,

metáfora social del pensamiento político-mediático.

La gran noticia internacional no aparece en la cabecera

que fue referencia durante tantos años:

silencio cómplice, cese de voces críticas,

columnistas inflamados por la venganza empresarial.

La búsqueda de la independencia periodística

es similar a la campestre desde la urbe en bicicleta:

edificios cebra aparentemente ordenados,

polígonos industriales repletos de trampantojos,

la miseria del extrarradio en escombreras ilegales

y un atisbo de cultivos emparedados entre vías de tren.

Rezan los señores de la guerra entre exabruptos

rodeados de tecnobrós enriquecidos con los datos

tratando de ejecutar su venganza contra la inteligencia.

Poema 734: Leer en tiempos del scroll

Leer en tiempos del scroll

Exultante tras poder leer quince páginas

de un libro que reposa en la mesa desde Navidad,

una atmósfera repetitiva y circular

con sutiles cambios en cada circunvolución.

Leer exige detenerse un instante y perseverar

olvidar esa velocidad vital de amplio espectro,

dejarse llevar por ruinas morales, miserias, esperanzas,

amalgamarse con los personajes o los lugares,

olvidar las consideraciones vitales sobre el uso del tiempo.

Comprar un libro es ahora un acto de velocidad

uno más en la rueda de vivir aceleradamente,

de transitar sin solución de continuidad

por hitos de alta intensidad visual o emocional.

El paseo nocturno por una ciudad de piedra

semivacía en vísperas de luna llena

es el culmen de una jornada pura maravilla,

belleza, cultura, diálogo, compañía espléndida,

una fecha que debiera ser un hito estético memorable.

La lectura dota de continuidad a esa suma de eventos,

desaforada a veces, como una huida hacia delante,

es capaz de crear un relato consistente,

un cuasi propósito impresionista en el paisaje vital.

El gran lujo del tiempo futuro será la inutilidad aparente

de dedicarle ese tiempo tan preciado al inmovilismo lector,

ese engaño transitorio de la mente que se cuela en espacios

ajenos a la tecnología y al ansia vital tan extendida.

El reposo lector conlleva meditación, recogimiento,

reflexión contemplativa de esa huida creativa

en este lapso extendido del tiempo siempre insuficiente.