
Cuarenta días
Cuarenta días o más atribuidos a enero
ausencia de luz
lluvia viento sensación térmica
una cierta congoja de espíritu
y procrastinación conteniendo la respiración.
Cada día es un puzle de piezas variables
en el que vas colocando y desechando
pequeñas indicaciones vitales
asuntos más graves en las zonas oscuras.
Inopinadamente sale el sol nubes blancas
algodón sobre la dispersión de Rayleigh celeste
no se ha terminado el frío de las corrientes árticas
aunque hay más luz diurna.
Dormir seis ciclos de sueño completos de un tirón
antes de asomarte aún anestesiado
a todos los colores perceptibles
al bullicio de las tardes crecientes de optimismo.
Los cuerpos se desperezan y aligeran
las presiones más altas nos afianzan al terruño
una hoja que despunta o el incipiente renacer
de las pentámeras rosadas del almendro.
Bulle la sangre cual savia creadora
para expandir el cerebro en su singularidad
ideas prometedoras factibles renovadas
inician un vuelo de atisbos primaverales.
Los ciclos estacionales son aún discernibles
en la maraña de trampantojos artísticos
resultantes de las deformaciones del hielo.


















