Poema 781: La luna entra por la ventana

La luna entra por la ventana

La mañana entra en mis manos llagadas

cubre mi rostro de fresco silencio

una urraca se hace notar entre coche y coche

y desaparece en el ruido casi continuo.

Dices:

–Está saliendo por otro lado, será normal, claro–

Aseméjase a un juego novelado de Murakami,

dos soles o dos lunas o un cambio de rotación

cual portal de mundos vueltos del revés.

La fotografía de la luna ha cruzado las tinieblas

para tender una pasarela suave,

en comunicaciones difíciles con palomas mensajeras.

Permanece ahí el satélite vigilante

haciendo poética su mirada y su presencia

mientras leo tus iniciales en un ensayo pertinente.

No debería escribir más: el tiempo, los reproches,

mi ausencia en el cubil donde amanece a las ocho,

el deber inexcusable, etéreo y autoimpuesto

van curvando el espíritu de belleza selenita

que mi hija no contempló en su firme caminar.

Los libros, –múltiples y diversos–, dan paso

a una jornada embebida en la burbuja educativa

tan complicada cada día.

Screenshot

Poema 704: No hay nada sobre lo que escribir

No hay nada sobre lo que escribir

No hay nada sobre lo que escribir,

ni siquiera las dos estúpidas invasiones conocidas

ni las múltiples guerras silenciadas.

No puedo escribir sobre violencia

porque incita a la violencia

o sobre la crueldad de la vida para muchos

desde mi atalaya confortable de acomodado burgués.

La mentira rampante apoyada en datos discretos

no me proporciona temas agradables:

da igual lo que digan los estultos y mentecatos

ni quien los represente,

serán votados ampliamente por múltiples iluminados.

Nada conmueve ni ilusiona cuando todo funciona,

parece que gobiernan bien en la bonanza

hasta que el fuego o una DANA los dejan desnudos.

Nada hay significativo en la coordinación y el compromiso

o en los consensos retorcidos y ensamblados

aceptados a regañadientes por las partes:

la persona no muerde al perro, ni la sangre llega al río

ese que anega su cauce histórico invadido.

La máquina social funciona, aunque nos lleve al abismo,

los sesgos nos engañan y protegen

fomentan una individualidad ahistórica

en tiempo de posibilidades tecnológicas infinitas.

El color lo has encontrado en un verso de Ajmátova:

–Por un instante de calma / daría la paz eterna–.

Poema 623: Escribir sin ton ni son

Escribir sin ton ni son

Escribir sin ton ni son, palabras,

simples palabras encadenadas o sueltas

con o sin preposiciones, usura

un precio de tiempo y de ciertas malas posturas

vértigos.

Existe la belleza exterior y el traveling

nominar todo aquello que emociona o excita

o lo que aprisiona y desgasta,

cualquier flujo de conciencia en cualquier momento,

pulir,

dotar de estructura un pensamiento deslavazado.

La suma concentración del instante

será beneficiosa para mis sinapsis y salud mental,

aunque olvide deprisa el propósito y dude

–horas o minutos después–

cuál era el leiv motiv de aquello que escribí.

Leer es más cómodo, pero menos gratificante,

involucra probablemente más áreas cerebrales

desencadena procesos más vastos y etéreos.

El tiempo solitario es un tesoro que asumo con egoísmo

tecla a tecla, maravilla de la técnica

de la práctica escritora de mis dedos.

Antes he hecho una ruta en bici,

he tomado fotografías de extraños encuadres

de las que a veces emerge un poema

o he caminado sin rumbo fijo solo reflexionando.

El estado de ánimo vuelve místico o ridículo

aquello descrito o sugerido o insinuado

el leve roce del lenguaje en la conciencia

de un lector desprevenido o masoquista.

La descarga poética es un alivio y una satisfacción,

me exonera de cualquier contrato social

de sentirme un excluido por indolente y abúlico.

El deber de concentrar en píldoras de gran esfuerzo

todas las vivencias miserables

algunos pensamientos accidentales, lucidez aleatoria,

dudosa elegancia

es un exoesqueleto suficiente y en ocasiones soberbio.

La vida vivida a sorbos es escrita a borbotones

imaginada y pincelada de forma impresionista.

Poema 486: Como cada día

Como cada día

Como cada día, leo un poema de Safo

y otro de Fosse.

Como cada día, leo la prensa, y procuro

escuchar la risa cantarina de Laura Barrachina.

Como cada día escucho el Poema de la Pasión,

y miro con intensidad y concentración

a ver si atisbo el bidón encendido.

Como cada día procuro mirar el río,

caminar por una u otra pasarela fluvial.

Como cada día ando varios kilómetros,

miro el podómetro en el móvil y sonrío.

Como cada día consulto mi dispositivo personal

unos centenares de veces o más.

Como cada día, trato de escribir alguna frase

o de hacer una fotografía bonita.

Como cada día atisbo el amanecer

en la percepción de quien me observa y se mofa.

Como cada día hago la cena con primor,

anhelo el tiempo propio de soledad.

Como cada día llego a mi cama agotado y dormido,

anoto un día más en los que me ha tocado vivir.