Velocidad vital

El balance semanal me asalta espontáneamente,

fotografías que se dirían consolidadas

son de apenas pocos días atrás.

El listado de asuntos resueltos es abrumador,

también mi lecto-escritura, y la belleza celeste,

conversaciones interesantes, miradas

el día fosco y gris en la cabecera del valle

del que hace ya una semana.

Hubo una muerte fugaz, palabras que quedaron flotando

en el verde que amarillea en los chopos de la ribera,

algún poema de flujo de conciencia,

caminar consolidando cambios de rutina.

El trabajo matemático con mis hijos es siempre valioso

y sobresale por encima de todas las flores raras

imaginadas o reales cuyo espectro y aroma embelesa

y contrapesa la hostilidad político-mediática.

El tiempo de los membrillos culminó en la cocina

después de un concierto fílmico increíble

en el que el miedo penetró por los pies hasta la médula.

Un librito irrumpió en el centro de mando y desordenó

los frágiles estantes de los conceptos poéticos.

La observación impresionista de los hitos semanales

establece conexiones inexistentes en mi mente activa

dibuja gráficas oscilantes afectivo-emocionales

y deja posos de diversas calidades en remotas circunvoluciones.

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