Poema 759: Los días blancos

Los días blancos

Los días son blancos entre un universo y otro,

el color de un cierto vacío inexistente,

bruma mítica tras un descenso abrupto

surgiendo de entre sábanas de apego.

Abro un libro que escalo frase a frase

antes de dejarme engatusar de nuevo

por la cantidad ingente de inmediatez

que ofrece un dispositivo electrónico.

Los días blancos son este año calurosos.

Las sensaciones de individualidad añoran

los días julianos fraternos del pedaleo,

esas cápsulas que se abrían a mi lado

para comulgar de una idea o una sonrisa.

Velocidad de vidas que aletean fugaces

inaprensibles, heroicas, constructivas,

la juventud guiando al deseo o al desencanto.

Los días blancos se rellenan de política,

el pulso entre inhumanos y diplomáticos

y el advenimiento desaforado de individuos

–hombres simples, testosterónicos y peligrosos–

manipulados hasta la náusea.

El ovillo comienza a construirse por costumbre

llenándolo de ideas, libros, artículos, podcasts

y una cierta música no para cualquiera.

Pronto llegaré a una zona gris, aún en lontananza

tangencial a los mundos en tensión,

el fin de las rutinas protectoras y los faros vernáculos.

Allí los colores oscilarán sin piedad.