Poema 734: Leer en tiempos del scroll

Leer en tiempos del scroll

Exultante tras poder leer quince páginas

de un libro que reposa en la mesa desde Navidad,

una atmósfera repetitiva y circular

con sutiles cambios en cada circunvolución.

Leer exige detenerse un instante y perseverar

olvidar esa velocidad vital de amplio espectro,

dejarse llevar por ruinas morales, miserias, esperanzas,

amalgamarse con los personajes o los lugares,

olvidar las consideraciones vitales sobre el uso del tiempo.

Comprar un libro es ahora un acto de velocidad

uno más en la rueda de vivir aceleradamente,

de transitar sin solución de continuidad

por hitos de alta intensidad visual o emocional.

El paseo nocturno por una ciudad de piedra

semivacía en vísperas de luna llena

es el culmen de una jornada pura maravilla,

belleza, cultura, diálogo, compañía espléndida,

una fecha que debiera ser un hito estético memorable.

La lectura dota de continuidad a esa suma de eventos,

desaforada a veces, como una huida hacia delante,

es capaz de crear un relato consistente,

un cuasi propósito impresionista en el paisaje vital.

El gran lujo del tiempo futuro será la inutilidad aparente

de dedicarle ese tiempo tan preciado al inmovilismo lector,

ese engaño transitorio de la mente que se cuela en espacios

ajenos a la tecnología y al ansia vital tan extendida.

El reposo lector conlleva meditación, recogimiento,

reflexión contemplativa de esa huida creativa

en este lapso extendido del tiempo siempre insuficiente.