Las piedras, el infinito verde y la fiesta incesante

La línea de valles y cumbres termina en un cielo empedrado.

Una brisa sobre el cúmulo de rocas

hace descender a los congregados en torno a la fiesta

maravillados por los reflejos del agua.

La materia prima de todo el valle es la piedra granítica

domeñada por los constructores de muros y terrazas.

Los nubarrones cargados de agua siguen el curso del río

llenan de niebla las cumbres y de congoja a los congregados.

Los nogales predominantes en las terrazas

albergan entres sus hojas aún tiernas

a cientos de pájaros desconcertados por la música nocturna.

Humanos desinhibidos por la fraternidad y el alcohol

se balancean con los ritmos ochenteros del DJ

tras haber armonizado vidas y leyendas consensuadas.

Confluyen en el festejo varias nacionalidades, continentes,

modos de vida disidentes y acentos síntesis de luz.

Las trazas vitales de varias generaciones, las migraciones

la suma de habilidades humanas indescriptibles

forman una parte indivisible del todo conmemorativo.

La belleza es múltiple en los sentidos de cada partícipe:

el infinito verde, el sol alegre o la lluvia melancólica,

la naturaleza desbordante de agua en ríos y torrenteras,

la forma cambiante del cielo o las siluetas montañosas

conforman el alma de esta memorable reunión humana.

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