
El vértigo de los días
El vértigo de los días es prodigioso,
amaneces en un planeta y oscureces en otro,
el pensamiento dota de continuidad
a la suma independiente de puntos álgidos,
una narración vital, una reconversión ética,
todas las ponderaciones necesarias y suficientes
en la locura estadística de datos y alcances
del festín informático y electivo actual.
Alejados de la agenda los genocidios,
terremotos, incendios, las destrucciones creativas,
aparece el fútbol circense y mediático
en el que una decisión o la fortuna voltean el relato.
Cualquier generador puede pasar de un prompt
a un poema simbólico como este,
mas incapaz de extraer una sinopsis en cincuenta palabras
cuando aparecen determinados conceptos vetados.
Los días se han ampliado hasta la extenuación metafísica,
rutinas acopladas al borde superficial optimizado,
titulares a cuatro columnas tan efímeros como hirientes,
la mente evolutiva en constante ebullición erudita,
solo el olvido necesario e higiénico desbloquea la memoria,
permite la inclusión en tropel de nuevas imágenes,
experiencias inmersivas, fuegos fatuos animados,
la voracidad ávida de aprovechamiento tan humana.
Viajas a una velocidad trepidante, amplías cada instante
vaciando el peso específico de cada interacción,
seleccionando los ítems desencadenantes de emociones,
lo inesperado en su belleza intrínseca alegórica,
un todo elevado y avivado por notables afectos espontáneos.
