Fútbol sin masa

¿Será la paz? ¿Será la guerra?

Cada cual sabe de qué infierno procede […]

Isabel Meyrelles. El Mensajero de los Sueños

El peso del agua nos enciende algunas neuronas

que se apagan al anochecer en los estadios:

contemplar en trance las habilidades estratégicas,

indignarse por las mismas injusticias gamificadas,

sentir el privilegio del dinero en la corporeidad.

Anécdotas y literatura consumible, orgullo patrio,

circo máximo en un mundo de hombres

salpimentado por escasas mujeres irreductibles.

La energía masculina no se utiliza en la comunicación

de emociones o de sentimientos ni en la interdependencia,

fluye toda en el sentido animalístico-futbolero,

en modelos de jóvenes millonarios de aspecto extravagante.

Consuma el Mundial americano la desigualdad y el privilegio,

mercenarios de alto standing en el escaparate patrio:

bandera, himno, seguidores incondicionales.

Se blinda el espectáculo-religioso de adoración machista,

consecuencia lógica de la política internacional:

invade las vidas cotidianas, estructura horarios,

alerta toda la seguridad pública y privada disponible.

La masa ha cambiado de forma, de estética, de apariencia

pero incide en los mismos rituales de enardecimiento colectivo,

de culto a los ancestros, de emociones primarias.

Atónitos nos sumimos en el mundo Matrix,

obnubilados por un chaval imberbe, estandarte de la magia

del concepto futbolístico nacional.

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