Poema 738: Fútbol sin masa

Fútbol sin masa

¿Será la paz? ¿Será la guerra?

Cada cual sabe de qué infierno procede […]

Isabel Meyrelles. El Mensajero de los Sueños

El peso del agua nos enciende algunas neuronas

que se apagan al anochecer en los estadios:

contemplar en trance las habilidades estratégicas,

indignarse por las mismas injusticias gamificadas,

sentir el privilegio del dinero en la corporeidad.

Anécdotas y literatura consumible, orgullo patrio,

circo máximo en un mundo de hombres

salpimentado por escasas mujeres irreductibles.

La energía masculina no se utiliza en la comunicación

de emociones o de sentimientos ni en la interdependencia,

fluye toda en el sentido animalístico-futbolero,

en modelos de jóvenes millonarios de aspecto extravagante.

Consuma el Mundial americano la desigualdad y el privilegio,

mercenarios de alto standing en el escaparate patrio:

bandera, himno, seguidores incondicionales.

Se blinda el espectáculo-religioso de adoración machista,

consecuencia lógica de la política internacional:

invade las vidas cotidianas, estructura horarios,

alerta toda la seguridad pública y privada disponible.

La masa ha cambiado de forma, de estética, de apariencia

pero incide en los mismos rituales de enardecimiento colectivo,

de culto a los ancestros, de emociones primarias.

Atónitos nos sumimos en el mundo Matrix,

obnubilados por un chaval imberbe, estandarte de la magia

del concepto futbolístico nacional.

Poema 416: Cielos de invierno

Cielos de invierno

Estos cielos fríos de diciembre son muy hermosos.

Pasamos de puntillas al lado de la felicidad y la belleza.

No conseguimos fijarlas ni un instante. Llegará ese momento en el recuerdo.

Allí estarán tus seres queridos, algunas palabras –que como jirones–

se enganchan en tu memoria; una sonrisa beatífica que repetiste.

Los cielos superpuestos de tantas fotografías, el día en que Messi

ganó el mundial en invierno.

El poema leído al amanecer me desasosiega:

olores de cada estación, fotografías, nostalgia de otros inviernos.

Soy un gran coleccionista de imágenes icónicas,

de un laúd muy antiguo, desafinado, azafranado a la luz de la chimenea,

aquella escalera con la que salíamos a buscar a los pajes reales…

La luz del sol desnuda los árboles y la escarcha matinal blanquea los tejados.

La melancolía me agarrota el pensamiento, detiene mis dedos.

El árbol navideño está repleto de viajes, mercadillos, bazares.

Los ritos son repetidos cada año para atenuar el dolor,

el rostro que deja entrever una tristeza sin fondo en el espejo.