Aromas y luces al atardecer

Reina la luna dos tercios visible,

oculta el rumor del río urbano

el piar desesperado de los pájaros

en este atardecer del solsticio en el barrio gitano.

Interminable luz en un horizonte pastel

de ligero caminar aún exaltado

por el deporte, la cerveza y el cariño familiar.

Las noches de junio crecientes son mitificadas

cada vuelta terrestre alrededor del sol,

fuegos del día que se extinguen con placidez,

palabras y caricias y paseos interminables,

el abrazo de mi hija acuática en la piscina.

Alejado del cereal voluptuoso a esa hora

aspiro la fragancia de las plantas ribereñas,

detengo el tiempo y el caminar pausado,

llenos los bancos de personas chismeando,

llena la cabeza de una idea propia del mundo.

Se encienden luces interiores,

siluetean personas afanándose en su hogar

ajenas a la madre naturaleza de sus ancestros.

Fugaces, estos atardeceres desaparecerán

en indefinidos ciclos siempre insuficientes,

en inviernos introspectivos y apocados.

Toca celebrar esa luna creciente y este calor

tan denostado y sofocante

antes de la plenitud de ese número finito de veranos.

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