Poema 751: Noches en el lago

Noches en el lago

El fuego ilumina la noche en el lago

deforma siluetas superpuestas

atrae todas las miradas.

A decenas de kilómetros de distancia

se aprecia la morfología evolutiva,

los cambios de curvatura del amplio frente.

Dentro de unos minutos aparecerá la luna

ya no gibosa ni tan naranja

luz opuesta al rojo intenso del desastre.

El lago sinuoso en sus orillas es un imán

que atrae cada noche la vista lucernaria

un remanso de chicharras y grillos agotados.

El cono de visibilidad desde la altura

es un privilegio inesperado y tremendo

que ningún animal quiere perderse.

Las campanas decretarán el fin de la noche

lo efímero de un viaje fantástico,

el único recuerdo de fotografías avanzadas.

La llegada del día determina el fin del avistamiento

de unas llamas que progresan aventadas

o se ralentizan al paso de los hidroaviones.

La noche fue quizás un sueño horario

un placer efímero y encendido de los sentidos

la asunción de una inesperada plenitud.

Poema 741: Aromas y luces al atardecer

Aromas y luces al atardecer

Reina la luna dos tercios visible,

oculta el rumor del río urbano

el piar desesperado de los pájaros

en este atardecer del solsticio en el barrio gitano.

Interminable luz en un horizonte pastel

de ligero caminar aún exaltado

por el deporte, la cerveza y el cariño familiar.

Las noches de junio crecientes son mitificadas

cada vuelta terrestre alrededor del sol,

fuegos del día que se extinguen con placidez,

palabras y caricias y paseos interminables,

el abrazo de mi hija acuática en la piscina.

Alejado del cereal voluptuoso a esa hora

aspiro la fragancia de las plantas ribereñas,

detengo el tiempo y el caminar pausado,

llenos los bancos de personas chismeando,

llena la cabeza de una idea propia del mundo.

Se encienden luces interiores,

siluetean personas afanándose en su hogar

ajenas a la madre naturaleza de sus ancestros.

Fugaces, estos atardeceres desaparecerán

en indefinidos ciclos siempre insuficientes,

en inviernos introspectivos y apocados.

Toca celebrar esa luna creciente y este calor

tan denostado y sofocante

antes de la plenitud de ese número finito de veranos.