Meditaciones

Esa soledad de dos asientos vacíos a cada lado

me parece esencial y placentera

me otorga el privilegio de la centralidad olvidada.

Elegir apenas elegimos:

existen frenos mentales, imposibilidades metafísicas,

los mecanismos arcaicos con los que decidimos.

La racionalidad se desordena en el deseo,

también en la proyección real o imaginada

de la búsqueda egoísta de sonrisas ajenas.

La pertenencia es un antiguo exultante

una forma inmediata de salir de las fases planas,

de los descansos del optimismo consciente.

Regreso al pedaleo eléctrico en una tarde desapacible,

lo ya vivido, lo recordado y disfrutado elevado al cuadrado.

El lujo es la pérdida de tiempo, la desconexión

y el sosiego en un mundo veloz de interludios repletos.

Vuelvo a los sesgos y a las ideas preconcebidas,

los planos del tiempo histórico y prehistórico

tienen una duración difícil de asimilar desde el futuro.

La tolerancia social está en mi invisibilidad

o en mi insignificancia local al amparo de mi reputación.

Existe una lucha mental por reinstalar lo analógico,

lectura, escritura, actividades físicas diversas,

en un espacio colonizado por la tecnología cotidiana.

La rutina a un tiempo castrante y protectora me envuelve,

sosiega inquietudes y permite construcciones poéticas,

estructura los soles y las lunas de temporización diversa.

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