Poema 760: Meditaciones

Meditaciones

Esa soledad de dos asientos vacíos a cada lado

me parece esencial y placentera

me otorga el privilegio de la centralidad olvidada.

Elegir apenas elegimos:

existen frenos mentales, imposibilidades metafísicas,

los mecanismos arcaicos con los que decidimos.

La racionalidad se desordena en el deseo,

también en la proyección real o imaginada

de la búsqueda egoísta de sonrisas ajenas.

La pertenencia es un antiguo exultante

una forma inmediata de salir de las fases planas,

de los descansos del optimismo consciente.

Regreso al pedaleo eléctrico en una tarde desapacible,

lo ya vivido, lo recordado y disfrutado elevado al cuadrado.

El lujo es la pérdida de tiempo, la desconexión

y el sosiego en un mundo veloz de interludios repletos.

Vuelvo a los sesgos y a las ideas preconcebidas,

los planos del tiempo histórico y prehistórico

tienen una duración difícil de asimilar desde el futuro.

La tolerancia social está en mi invisibilidad

o en mi insignificancia local al amparo de mi reputación.

Existe una lucha mental por reinstalar lo analógico,

lectura, escritura, actividades físicas diversas,

en un espacio colonizado por la tecnología cotidiana.

La rutina a un tiempo castrante y protectora me envuelve,

sosiega inquietudes y permite construcciones poéticas,

estructura los soles y las lunas de temporización diversa.

Poema 426: La vida cotidiana en la urbe

La vida cotidiana en la urbe

Desgasto una tras otra mis lentillas,

–de las camisas que versaba José Agustín, ni hablamos–,

me vuelven a picar los ojos por la cupresáceas

y he comprado un periódico en papel.

Hay infinitas posibilidades electivas

aunque parezca que no puedo salirme del carril,

después están los choques con ideas ajenas,

el límite de la corrección política que apenas traspaso.

La fluidez mental viene de los textos,

bien o mal elegidos, elongados, investigados:

palabras, conceptos angulosos usados a vuelapluma,

acotaciones sistemáticas, flujo de ideas.

Cuando pongo un parche al radiador que se desangra

se funde el foco derecho de mi coche,

o se termina la leche de los niños en la despensa;

hay pocos momentos de calma para la poesía.

Escucho unos podcasts, irrelevantes por eruditos,

llenos de notas y de un trabajo ingente,

lanzados a las ondas para unos miles de personas,

cada una con sus intereses y sus neuras.

Boca a boca, bicicletas municipales naranjas,

un lanzamiento ecológico desesperado

en la búsqueda de una masa crítica de usuarios,

la modernidad es el transporte a pedales.

Leer el periódico dominical sentado al sol en un banco,

o ensayar una charla de achaques con un amigo

son los mayores placeres bajo el sol de febrero,

mientras esperamos atisbos de la primavera.