Poema 741: Aromas y luces al atardecer

Aromas y luces al atardecer

Reina la luna dos tercios visible,

oculta el rumor del río urbano

el piar desesperado de los pájaros

en este atardecer del solsticio en el barrio gitano.

Interminable luz en un horizonte pastel

de ligero caminar aún exaltado

por el deporte, la cerveza y el cariño familiar.

Las noches de junio crecientes son mitificadas

cada vuelta terrestre alrededor del sol,

fuegos del día que se extinguen con placidez,

palabras y caricias y paseos interminables,

el abrazo de mi hija acuática en la piscina.

Alejado del cereal voluptuoso a esa hora

aspiro la fragancia de las plantas ribereñas,

detengo el tiempo y el caminar pausado,

llenos los bancos de personas chismeando,

llena la cabeza de una idea propia del mundo.

Se encienden luces interiores,

siluetean personas afanándose en su hogar

ajenas a la madre naturaleza de sus ancestros.

Fugaces, estos atardeceres desaparecerán

en indefinidos ciclos siempre insuficientes,

en inviernos introspectivos y apocados.

Toca celebrar esa luna creciente y este calor

tan denostado y sofocante

antes de la plenitud de ese número finito de veranos.

Poema 446: Llueve en la mañana de junio

Llueve en la mañana de junio

Llueve en la mañana de junio,

los heraldos destructores están llegando;

en apenas un mes

todo el poder se concentrará en el engaño

en mentiras aprovechadas,

en la ruina del pensamiento colectivo.

Vuelve la lógica del mentecato:

igualar a todos en la ignorancia,

sepultar las flores y la sutileza.

En los días infinitos cabe el solsticio,

crece la luna y alguna risa inesperada,

parece que no puedo detenerme

por miedo a que no me guste lo que veo.

Me cuesta mirar con intensidad poética,

me cuesta leer análisis políticos,

incluso en mis fuentes de información más cabales.

Cada uno construye su realidad

en forma de burbuja informativa;

ahora mismo estoy alejado de la masa,

por asepsia y por lógica, por prudencia.

Comprendo la pragmática económica

de los grupos privados mediáticos,

el ansia desmedida de capitalización pública,

el sistemático embeleco de mediocres

elevados a la fama por cualidades vulgares.

Nada nuevo en la cara vista de la Historia,

argucias, estrategias, imposiciones,

hoy más psicológicas que físicas.

Quizás existen inteligentes voces discordantes

a las que recurrir cuando el castillo de naipes

cae sin orden y sin culpabilidad aparente.

Todo es olvido y desmemoria,

destrucción y reconstrucción,

ciclos genéticos ascendentes pese a todo.