Poema 731: El último rayo

El último rayo

El último rayo de sol en el puente medieval,

paseando un libro,

algarabía de golondrinas ahítas de mosquitos,

la piedra está caliente,

el frescor cae en picado con el ocaso.

Abro el libro Melancolía: hay obsesión repetitiva,

hay deseo e inseguridad, temor y duda.

Trato de evadirme de la sucesión excesiva de hitos

en estos hermosos días de mayo:

bautizo, cumpleaños, graduaciones, fotografías,

un riego automático que se resiste técnicamente

antes de que el calor desmesurado desbarate el huerto.

Nostalgia anticipada de las rutinas caminantes

entre vestigios y ruinas, noches de invierno heladoras,

paisajes de soledad rural en calles desiertas.

El tiempo se ha detenido en el pretil medieval,

también mi mente tan activa se ha suspendido,

solo existe el piar alborozado de golondrinas

el caótico vuelo de la abundancia eclosionada

y el frescor preludio del frío en mis brazos desnudos.

Se desvanece la realidad tras esta epifanía:

es hora de caminar hacia el reencuentro filial

bordeando a los muchachos fumadores de hierba

y comenzar un ascenso pétreo de gran hermosura.

Poema 486: Como cada día

Como cada día

Como cada día, leo un poema de Safo

y otro de Fosse.

Como cada día, leo la prensa, y procuro

escuchar la risa cantarina de Laura Barrachina.

Como cada día escucho el Poema de la Pasión,

y miro con intensidad y concentración

a ver si atisbo el bidón encendido.

Como cada día procuro mirar el río,

caminar por una u otra pasarela fluvial.

Como cada día ando varios kilómetros,

miro el podómetro en el móvil y sonrío.

Como cada día consulto mi dispositivo personal

unos centenares de veces o más.

Como cada día, trato de escribir alguna frase

o de hacer una fotografía bonita.

Como cada día atisbo el amanecer

en la percepción de quien me observa y se mofa.

Como cada día hago la cena con primor,

anhelo el tiempo propio de soledad.

Como cada día llego a mi cama agotado y dormido,

anoto un día más en los que me ha tocado vivir.