Poema 778: Y entonces el alma descansa

Y entonces el alma descansa

En el cúmulo de eventos de fricción amiga o amante

surge la narrativa poética que muestra o esconde:

allí donde miro las nubes e imagino,

en esa proximidad, en afinidades de un cierto azar,

tras el hilo poético de un verso surrealista y opaco.

Podría reconocer algunos hitos vitales

en una escritura no del todo automática,

no del todo hermética, más imaginada que cierta.

Acaecen días de sequía poética por las circunstancias,

el tiempo de quienes me rodean, las labores vitales

las aciagas prisas laborales indispensables,

y entonces el alma descansa,

no busca metáforas ni enciende la máquina hiperbólica.

Asombrado, me topo con esa sombra inquietante

e inmediatamente la fotografío y evalúo;

en el eco me llega la palabra clave: –Nosferatu–

y la llama agónica quema todo el oxígeno que encuentra

elevándose y mostrándose épica y lírica

desdeña el hilo narrativo subsumido en la ortografía.

La satisfacción poética es decisiva

en una lectura en la que atisbo una cierta intimidad,

libro personalizado, subrayado, pedagógico.

El descanso anímico ha durado unas horas,

lo que han tardado en llegar estímulos sugestivos

en los que hallo la necesidad de una formulación poética.

Poema 767: La misión del poeta

La misión del poeta

La misión del poeta no es narrativa

–dicen que dijo Aristóteles–,

lo que pudo ser, lo que podría ser

la tozudez de los hechos no lo transfigura.

Vuela el verso como vuela el ciclista

obviando piedras y baches y surcos

a la velocidad de los dioses antiguos.

Un mural androide podría ser un elefante

o el óxido acumulado de forma aleatoria

en la fábrica esclavista periódicamente renovada.

Cada cambio de luz es una inspiración

en la mirada adiestrada y sensible,

las sombras en un curso de agua

la luna incipiente o la sublimación mental

de las noticias de rebeldía justa de la juventud.

El poeta no reconviene: observa, tamiza, imagina,

ensalza la revolución, aún en estas fechas, humana.

El flujo de las conversaciones se ha desplazado

desde el apocalipsis neoludista, al autoconocimiento,

las revelaciones de las vigas en el ojo propio

o los trampantojos vitales instaurados por el capitalismo.

El poeta recoge imágenes y conceptos,

los moldea topológicamente tratando de no romperlos

y los lanza a las ondas sin un fin pecuniario.

La realidad inexistente a veces se cuela de medio lado.

Poema 697: Desde la ventana

Desde la ventana

Dos cigüeñas se persiguen por San Blas

siguiendo las corrientes convectivas del Pisuerga

embobado por su vuelo sagital

descuidé despedir a mi hija un instante.

Sombras negras sobre fondo gris

árboles difusos desnudos

cargados de frutos lóbregos estériles

la bóveda celeste tan opaca

comprime el enorme privilegio de vivir.

Existen prisiones económicas mentales

enfermedades que condenan

amores constrictores o inalcanzables.

Desde la ventana imagino en el caminar

o en el paseo matutino de los perros

los vuelos personales de los viandantes

siguiendo las corrientes convectivas

inercias renuncias nubes alojadas

minusvaloraciones o abusos directos.

El desgaste temporal del vivir

renovado cada día por un giro astral

y un dormir reparador si es posible

ondea en los transeúntes magullados por la prisa.

Poema 687: Sombras

Sombras

Se ennegrece la tarde tras la siesta

luz oblicua y filtros mentales

un personaje bonachón caminante

titilan los árboles por un viento de fondo

rumor de motocicletas en lontananza.

El vacío lleno de vehículos

semáforos problema tras problema

enfocando y resistiendo

escuchas múltiples de asuntos banales

el desierto de enero

todos los focos mediáticos desconcertados

donde nadie puede profundizar:

muertos y una teatralidad excelsa

muestra desmesurada de poder.

La sombra es ocurrencia y farol

órdagos lanzados al viento de la borrasca

divergencias informativas

nebulosa predictiva de fichas de dominó

todas las vías explorables alimentadas

salvo quizás la potente realidad inesperada.

La vida sigue igual bajo la acacia llena de vainas

absorbidos todos por el ruido y la amenaza

y la pátina de neblina oscura que todo cubre.

Poema 662: El movimiento está en las sombras

El movimiento está en las sombras

El movimiento está en las sombras

allí, nada me pertenece.

En la luz del foco sonrío y celebro

la vida, la juventud, la compañía silente,

observo el paisaje marino tan añorado,

la luz poniente, el revés de la historia.

Animales en cautividad placentera,

¿quién los cuida? ¿Quién nos cuida?

Detrás del espejo hay un mundo de sombras,

delante estás tú y el hogar que te acoge,

la rutina que unas veces pesa y otras alivia,

una suma de instantes fáciles de olvidar

en aras de los siguientes abrazos.

Caminan con una seguridad renovada,

protegidos aún por varias capas generacionales;

los recuerdo aún titubeantes, cargados de libros

dispuestos a una rutina llena de deberes

de aprendizajes básicos, de competencias que no son.

Aprietan el paso, sonríen a la ventana iluminada,

llenan mi mundo de ilusión y novedad.

El movimiento se detiene, opaca su alegría,

rechaza el presente en aras de un futuro edénico,

calma la ansiedad y alimenta una burbuja impar

de hermosa proyección personal y solitaria.

Expulsado de las sombras permaneces inmóvil,

llenas tu tiempo de intrascendencia cultural

antes de intentar rehacer un presente existencial.

Poema 547: Inventario veraniego

Inventario veraniego

Continuidad, suaves transiciones de la edad,

y, sin embargo, saltos físicos, imágenes del pasado,

el trampantojo de las repeticiones,

baños ancestrales en las mismas aguas ya diferentes.

En esencia la estructura permanece:

caminar, pedalear luengas jornadas, nadar,

leer con ritmos e intensidades diferentes,

la casa familiar como meta tras las andanzas,

los descubrimientos y los hitos.

Me he bañado en tres mares diferentes,

hemos escalado volcanes y cimas graníticas,

atravesado canchales y piornos amenazantes.

Observé las sombras inquietas de los árboles

en las pozas heladoras de ríos de montaña,

un teatro en unas ruinas romanas,

el espectáculo orquestal que nadie contemplaba,

una casa mítica para la cultura,

y una abadía contenedora de reliquias inmemoriales.

El verano se parece a una jubilación vislumbrada,

un dulce viajar, leer, escribir, ejercitar,

llegar allí donde la energía y la imaginación te lleven.

La escala de las sombras se amplifica o se reduce

oculta por el veloz movimiento cotidiano,

se alterna con la luz que elonga los días,

con una corriente subrepticia alegre y vitalista.

El verano es el punto geodésico del año,

al que solo accedes tras arduo y placido camino.

Poema 511: La mujer desnuda

La mujer desnuda

La fotografía me impactó por la sordidez

y la belleza,

el cuerpo no escalado con el bidé ni el lavabo,

el espejo del rostro cansado

y la rotundidad del desnudo trasero.

Ni el fotógrafo ni la modelo vivirán ya;

todas las preocupaciones o las alegrías

pertenecen a un pasado olvidado

y quizás a nadie importen.

Posiblemente hacía frío fuera,

el pequeño radiador bajo el lavabo

da un toque de calidez a la estancia.

Las sombras y el juego de la luz

dotan al cuerpo de gran potencia:

claroscuro deseable, intimidad, reflexión

de manos apoyadas en el borde de la pila,

pies flexionados en el apoyo, oscuridad

frente a unas cortinas claras de primoroso ganchillo.

Al fotógrafo solo le importó el instante,

quizá la predisposición del rostro, la luz, el ángulo,

los reflejos de otras fotografías.

El espectador de la exposición de Crister Strömholm

podrá tal vez imaginar una historia

ya perdida para siempre.

Poema 507: Paisajes de África

Paisajes de África

Arenisca,

suaves ondulaciones del viento,

la alargada sombra del atardecer

hace enormes los camellos turísticos.

Hay cárcavas olvidadas,

un paisaje desértico, arrasado y estéril,

sobre el que las nubes dibujan a sus anchas,

formas y sombras inquietantes.

El imponente Atlas nevado todo lo preside,

regula el clima extremo,

permite oasis de aprovechamiento intenso

y algunos cursos de agua estacionales.

Me siento ridículo y mínimo ante la vastedad

del horizonte difuminado por el viento arenoso.

¿Qué vida sobrevive ahí, quién caza o es cazado?

La caída del sol es un espectáculo de color,

ruidos agudos que anticipan la noche,

fogatas, sombras, gruñidos inidentificables,

tapias de barro erosionadas,

leves protecciones temporales, integradas,

un mínimo rebaño de cabras,

extrema pobreza exenta de las necesidades modernas.

La vida, al igual que el barro, se aúna al paisaje,

lentitud, morosidad, gasto mínimo de energía,

siempre transitando las mismas sendas ancestrales.

Poema 428: La Ciudad

La Ciudad

Ciudad sucia, deslavazada,

granito sobre el que se ocultan sombras,

figurantes de la urbe,

despojos humanos perseguidos.

Churretones, pises, el suelo poético hundido

por el peso del tráfico,

sin apenas mobiliario urbano donde sentarse.

Ruido y obra permanente,

un templo del neoliberalismo salvaje.

Algunas florecillas como reclamo:

un musical, una exposición culta,

restaurantes temáticos,

lugares donde monetizar al turista.

Se reúnen cinco jóvenes ciclistas:

son repartidores alegres al lado de Ópera,

sobreviven en esta jungla,

saltan de liana en liana y sonríen

listan sus cuitas y sus rutas de servicio

para no terminar siendo sombras.

La policía a caballo es un reclamo turístico:

largas porras, enormes animales,

el suelo rugoso retumba bajo las herraduras.

Artistas de tercera fila son desplazados,

la cultura vive en otros barrios, exiliada,

más allá del anillo contaminado.

Franquicias y mercados ocultan

pequeñas librerías amistosas,

lugares en los que se reúnen los desterrados,

un submundo oculto a la vista basta,

a los movimientos salvajes crematísticos.

La vida renace en los intersticios del granito,

de las losas sepulcrales de la ciudad:

entre el ruido de las taladradoras

se eleva un Nessun Dorma tenor

en el corazón mismo de la Puerta del Sol.

Poema 370: La calima

La calima

No veo todo lo que debiera de ver,

hoy la metáfora es el polvo sahariano

pero ocultas están las ondas, los silbos

en frecuencias inaudibles para mi edad,

algunas sombras en horarios imposibles,

o el trino de los pájaros en árboles desnudos

silenciados por el ruido de los coches.

No escucho las bombas de racimo,

ni los gritos indignados e impotentes

de los ucranios sitiados, peones de un tablero

en el que sienten que alguien les mueve

o les expulsa de la partida sin permiso.

El frío se cuela por la ventana abierta

como símbolo de una debilidad energética

vulnerando la estructura mental de seguridad

construida con paciencia, ilusamente,

por varias generaciones democráticas.

Un espectroscopio sería lo más apropiado,

o la lucidez suficiente para entender

el perverso y aséptico juego de esa partida

en la que nadie gana, observado todo

desde el punto de vista, a ras de suelo,

de quienes son movidos por autómatas impasibles.

La calima marrón que todo cubre

muestra la fragilidad superficial de un mundo

más inseguro y limitado de lo imaginado.