Poema 780: Caminar en la noche

Caminar en la noche

Caminar en la noche después de un día intenso,

horas de horizonte finito, de cuentas que no cuadran,

luces azules policiales en medio de la nada,

perseverar, perorar, un pie tras otro, siempre.

Caminar se opone teóricamente al sumidero

de conversaciones tangibles a media voz,

sinestésicas del mundo unidas por un imán,

hipótesis, los detalles más nimios de la intimidad

captados sutilmente en gestos prosódicos.

La suma de acciones se eleva exponencial

con resultados exultantes en el caminar penitente:

la claridad de esa luna que parecía llena,

anacoretas de la noche silenciosos y opacos,

un vehículo explosivo y fugaz en la recta

compitiendo con la estulticia de su auriga.

El caminante trata de restablecer conexiones

interrumpidas por su propia necedad,

silencio, una despedida amorosa en un portal,

los trampantojos ineludibles en tanta complejidad.

No existe un estado de ánimo definido

enredado en este lunes del membrillo

maraña laboral, amical, productora laboriosa de miel.

Los días plenos se transmutan en noches reflexivas

de paseos desnortados, vacilantes y solitarios,

un deambular sin rumbo por el puro placer caminante.

Poema 735: Todos rezan

Todos rezan

“Todos rezan, moribundos de venganza”

Unica Zürn

Apenas da tiempo a pensar o a asimilar

en las laderas lejanas de la actualidad,

me digo a mí mismo mientras busco campo,

espigas, olor a cereal, amapolas amontonadas

en cunetas libres de Trezac o glisofatos.

Dos mujeres enfrentadas con los pechos casi al aire

componen la escena inacabada del pintor:

fondo, manos, el mantón aún en ciernes,

las miradas tan distintas, las modelos,

Elisa y Elena, morena y rubia, tan Romero de Torres.

El cuadro contrasta con las imágenes crueles

de un policía empujando a una pacífica profesora,

metáfora social del pensamiento político-mediático.

La gran noticia internacional no aparece en la cabecera

que fue referencia durante tantos años:

silencio cómplice, cese de voces críticas,

columnistas inflamados por la venganza empresarial.

La búsqueda de la independencia periodística

es similar a la campestre desde la urbe en bicicleta:

edificios cebra aparentemente ordenados,

polígonos industriales repletos de trampantojos,

la miseria del extrarradio en escombreras ilegales

y un atisbo de cultivos emparedados entre vías de tren.

Rezan los señores de la guerra entre exabruptos

rodeados de tecnobrós enriquecidos con los datos

tratando de ejecutar su venganza contra la inteligencia.

Poema 428: La Ciudad

La Ciudad

Ciudad sucia, deslavazada,

granito sobre el que se ocultan sombras,

figurantes de la urbe,

despojos humanos perseguidos.

Churretones, pises, el suelo poético hundido

por el peso del tráfico,

sin apenas mobiliario urbano donde sentarse.

Ruido y obra permanente,

un templo del neoliberalismo salvaje.

Algunas florecillas como reclamo:

un musical, una exposición culta,

restaurantes temáticos,

lugares donde monetizar al turista.

Se reúnen cinco jóvenes ciclistas:

son repartidores alegres al lado de Ópera,

sobreviven en esta jungla,

saltan de liana en liana y sonríen

listan sus cuitas y sus rutas de servicio

para no terminar siendo sombras.

La policía a caballo es un reclamo turístico:

largas porras, enormes animales,

el suelo rugoso retumba bajo las herraduras.

Artistas de tercera fila son desplazados,

la cultura vive en otros barrios, exiliada,

más allá del anillo contaminado.

Franquicias y mercados ocultan

pequeñas librerías amistosas,

lugares en los que se reúnen los desterrados,

un submundo oculto a la vista basta,

a los movimientos salvajes crematísticos.

La vida renace en los intersticios del granito,

de las losas sepulcrales de la ciudad:

entre el ruido de las taladradoras

se eleva un Nessun Dorma tenor

en el corazón mismo de la Puerta del Sol.