Poema 778: Y entonces el alma descansa

Y entonces el alma descansa

En el cúmulo de eventos de fricción amiga o amante

surge la narrativa poética que muestra o esconde:

allí donde miro las nubes e imagino,

en esa proximidad, en afinidades de un cierto azar,

tras el hilo poético de un verso surrealista y opaco.

Podría reconocer algunos hitos vitales

en una escritura no del todo automática,

no del todo hermética, más imaginada que cierta.

Acaecen días de sequía poética por las circunstancias,

el tiempo de quienes me rodean, las labores vitales

las aciagas prisas laborales indispensables,

y entonces el alma descansa,

no busca metáforas ni enciende la máquina hiperbólica.

Asombrado, me topo con esa sombra inquietante

e inmediatamente la fotografío y evalúo;

en el eco me llega la palabra clave: –Nosferatu–

y la llama agónica quema todo el oxígeno que encuentra

elevándose y mostrándose épica y lírica

desdeña el hilo narrativo subsumido en la ortografía.

La satisfacción poética es decisiva

en una lectura en la que atisbo una cierta intimidad,

libro personalizado, subrayado, pedagógico.

El descanso anímico ha durado unas horas,

lo que han tardado en llegar estímulos sugestivos

en los que hallo la necesidad de una formulación poética.

Poema 744: Campa

Campa

Una campa y el oxígeno que entra a raudales

entre cientos de recuerdos:

no suelen aparecer en la mente enredada,

el poco dormir y la escasa lectura.

Mantener las constantes vitales y poco más

es el ejercicio cotidiano fundamental,

en estos tiempos complicados de asistentes virtuales,

de lapsos que desperdiciamos y ansiamos,

apenas meditación o fijación de ideas

alejándonos de las vidas antepasadas.

La campa invita a la vida horizontal,

olor a heno, yodo, infinitud marina,

al lado, cientos de humanos se afanan en la arena:

bañarse, leer, conversar, dormitar vitaminándose.

Se abre la mente después de muchas horas de sueño

a la percepción de belleza y descanso,

ausencia de problemas en el corto plazo y olvido,

un abandono al lugar y la circunstancia,

un ejercitar de la indolencia y el reposo lector.

Múltiples islotes accesibles o no, conectados por el mar

ese líquido cefalorraquídeo en el que bucea la consciencia,

los nombres, las imágenes, los recuerdos.

Calma y paz y ausencia de necesidades básicas,

Tolerancia y pequeño disfrute de rincones singulares

del mar distinto cada verano, insólito mar Cantábrico

de lunas decrecientes y compañías que evolucionan.

Poema 431: Lugar de retiro

Lugar de retiro

En medio de la jungla vacacional

corretean niños en la plaza turística,

el templo, frío y solemne, se abre sin candado,

nave enorme de días de gloria y prédica,

socorro de quienes salieron a faenar

y volvieron diezmados y exhaustos.

Apenas hay ruido, quizás rumor

de las olas lejanas, bruma y condena,

clima insano de escasos extremos,

pajarillos que se hacen oír cuando cesa el tráfico,

parejas añosas que desgranan sus días infértiles.

El cielo dibuja nubes, claros, monumentos,

una puesta de sol roja e instantánea,

el verde que se cuela por los ojos

al igual que el olor a hierba segada penetra

en el torrente sanguíneo.

–No resistirías–, te dice una voz íntima.

Hay una falsa quietud y unos códigos

que aún no has comprendido, piensas.

El mar puede agotarte, y el encierro

en estas cuestas, tascas, jolgorio, prados,

se puede tornar irrespirable.

El nivel del mar, un huerto, la naturaleza viva,

–Otros lo hicieron antes que tú–,

sosiego, frente a bullicio y desmadre,

ir a la contra del turismo de masas

y esperar la luz, esa que no llega todos los días,

podrían iluminar cada instante de duda.

Cada lugar conocido, traspasada la costra

del trampantojo viajero

se presta al análisis etéreo del deseo y la realidad,

alma errante, ansiosa de todos los lugares y ninguno,

viajero que busca la paz en el viaje.