Poema 747: Valles navarros norte

Valles navarros norte

Cuando el perro grande ladra gravemente

el eco de su voz resuena en todo el valle.

La inmensa sucesión de túneles infinitos,

llenos de barro calizo, húmedos, misteriosos,

nos ha dejado extenuados.

La llamada ciclista ha superado las expectativas,

imbuidos de tolerancia y de ilusión aventurera.

En la noche de cuarto creciente las risas

conducen al pórtico fotogénico,

observados por vecinos al contraluz

inquietos por el alborozo excursionista.

El grupo absorbe todas las disidencias,

ensalza virtudes, amplifica las ocurrencias

y diluye las penas en el libre pedaleo diario.

Puede sorprenderte un macho cabrío

o un salto de agua junto a un molino abandonado,

una suma de imágenes con fondo verde,

o una siesta necesaria en una umbría del camino.

Al llegar a Guipúzcoa los valles se abren a la luz del mar,

atravesando industrias y tráfico pesado.

La serpiente multicolor atraviesa Astigarraga

y se dirige voraz hacia el Kursal.

El trompetista en el paseo nuevo,

refugiado del sol bajo un paraguas, entona un blues.

Es el momento esperado del baño cantábrico,

las míticas coreografías y el nadar hasta el gabarrón.

El camino hacia el norte se completa en Irún

tras vertiginoso descenso,

en un hotel de maderas crujientes y rancio abolengo.