Poema 733: Vulnerable

Vulnerable

Quizás todo se mueve y yo permanezco

estático, incapaz de mirar a ningún lado

prisionero de mis propias incertidumbres.

Soslayo cada idea de decadencia,

la justifico, busco excusas coadyuvantes

antes de aceptar la herida de la edad

de mis hábitos siempre mejorables.

A veces me lamento de mi inacción eventual,

del tiempo diario improductivo,

de esos instantes de aislamiento mental

incapaz de leer o de actuar o de progresar.

 Tal vez en esos oasis baldíos está el secreto

para no perder la divina inmortalidad,

la que evita atisbar un deterioro celular

mientras la imaginación cose los puntos

de forma creativa, optimista e ilimitada.

Llegan señales, evidencias, desgastes inequívocos

siempre compensados por la belleza

de unos cielos multiformes irrepetibles,

llamaradas solares, una sonrisa cómplice

o una conversación inteligente con un ser de luz.

Y sin embargo deceleras, ralentizas tu ritmo,

te aferras a un presente continuo eterno

empantanado en preocupaciones de tercera clase

en listas interminables de asuntos pendientes.

La vida resurge oportunamente en los campos,

en el crecimiento inesperado de un huerto,

en esa fruta que se deshace en tu boca

y en el renacer diario tras el sueño reparador.

Las advertencias de la edad deberían ser asimiladas.

Poema 730: Decadencia

Decadencia

La decadencia es el dolor del mundo

asomarte a un noticiario cada mañana

tratar de entender cómo funciona la nueva guerra,

los drones con cable tan mortíferos,

los escudos y una tecnología impensable.

Solo importa el precio del petróleo,

los buques amontonados en un estrecho-ratonera,

las fotografías de unos septuagenarios mandamases,

obviando las tiendas rasgadas por el viento,

los civiles asesinados por cálculos erróneos o certeros,

soldados engañados para mantener los frentes abiertos

ante negociaciones surrealistas e inútiles.

El hambre.

Disparar a los mensajeros de cualquier tipo funciona:

un futbolista imberbe que enarbola una bandera,

unos países decentes que dejan de cantar

para no legitimar la presencia injusta de los genocidas,

un presidente no alineado que eleva su voz ante el mundo.

El dinero y la fuerza no alcanzan todos los resquicios del poder,

la insurrección aparece en un mural de Bansky

en un balcón de un barrio popular

o en un estadio en el que la seguridad borra el rastro al instante.

La forma del mundo se dibuja en las redes

aunque cada cual guarde celosamente sus instantes de humanidad,

las pequeñas alegrías compensatorias

por las que el deseo de vivir se impone a cualquier atisbo de deserción.

Poema 336: Descenso

Descenso

Un día te quedas solo

con esas reflexiones tan importantes;

pierdes el control de tu cuerpo

ese que tanto has moldeado

las manos aún bronceadas

tu rostro marcado por los desastres de la vida.

Desciendes.

Coincide que la luz ese día es grisácea,

apenas puedes ver más allá de tu declive.

Te afanas en tareas cotidianas,

repetitivas, rutinas que has hecho mil veces.

Te has fijado en esas flores marchitas

atadas a una valla en la calle;

has pensado: ahí hubo un accidente terrible,

imaginas a quien puso las flores

recordando una y otra vez la escena.

Tienes varios recordatorios en el móvil,

fotografías a cuál más hermosa,

ausentes de ellas quienes recorrieron otros caminos;

te quitas las gafas,

en tu miopía observas todos los detalles en la pantalla,

cuánta hermosura de color y como duele.

Abres los brazos y los cierras nadando a braza

los ojos bien abiertos tras las gafas esféricas

con las que abarcas todo el fondo de la piscina;

esa imagen parece sacada de una peli de Almodóvar,

entonces recuerdas a los amigos que no pueden nadar.

La decadencia es inevitable,

tanto como el desgaste de los zapatos que más te gustan.

Entrecierras los ojos para tener aún menos luz,

oyes el ruido del tráfico y el viento en la enredadera.

Poema 244: Vampiresas

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Las ruedas del BMW deportivo pesan más que yo;

dentro dos vampiresas afinan sus móviles,

ambas tienen los labios finos y afilados,

y el pelo melifluo y ondulado oculta sus orejas.

 

Se aprestan a salir del lujo confortable,

asaltarán al primer incauto que pillen

antes de hacer una ruta en círculos concéntricos

alrededor del centro comercial.

 

Están pálidas y delgadas, apenas sonríen,

durante la noche huyeron de sus cuerpos

en pos de orgasmos inhumanos

con individuos hemodonantes.

 

Poseen una belleza diurna decadente,

un magnetismo animal de uñas puntiagudas,

de labios rojos y rímel de pestañas enhiestas

y cuerpos esqueléticos candentes.

 

Su voz sintetizada hace ondular sus pechos

bajo camisas entalladas de rayas verticales;

se aferran a su agenda color burdeos,

y a un bolso en el que guardan todos sus secretos.

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Poema 6: La decadencia es un paraguas azul

La decadencia es un paraguas azulIMG_20141113_170626

La decadencia es un paraguas azul,

el caminar alegre al lado de las hojas de plátano,

la lluvia fina que empapa el alma hasta nuevo aviso.


Un chalet a medio construir, escondido tras el abeto,

una ruina de otros tiempos, un oráculo de heroína,

una voz grave que sobresale entre el pitido de una transpaleta.


Acción-reacción, bóveda gris, el olor de la lluvia,

todos los colores reunidos en la desintegración del moral,

un niño pisa las hojas ocres con sus botas arcoíris.


Sobre la mesa el sostén rojo asoma en una revista,

encaje perfectamente oculto, retoque, maquillaje,

una promesa de felicidad en la armonía de un rostro.


Arrecia la lluvia, voy despertando, mi instinto

me avisa de la hora límite, veloz carrera en tacones,

sonrío y el mundo es un cuadro impresionista.

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