Poema 733: Vulnerable

Vulnerable

Quizás todo se mueve y yo permanezco

estático, incapaz de mirar a ningún lado

prisionero de mis propias incertidumbres.

Soslayo cada idea de decadencia,

la justifico, busco excusas coadyuvantes

antes de aceptar la herida de la edad

de mis hábitos siempre mejorables.

A veces me lamento de mi inacción eventual,

del tiempo diario improductivo,

de esos instantes de aislamiento mental

incapaz de leer o de actuar o de progresar.

 Tal vez en esos oasis baldíos está el secreto

para no perder la divina inmortalidad,

la que evita atisbar un deterioro celular

mientras la imaginación cose los puntos

de forma creativa, optimista e ilimitada.

Llegan señales, evidencias, desgastes inequívocos

siempre compensados por la belleza

de unos cielos multiformes irrepetibles,

llamaradas solares, una sonrisa cómplice

o una conversación inteligente con un ser de luz.

Y sin embargo deceleras, ralentizas tu ritmo,

te aferras a un presente continuo eterno

empantanado en preocupaciones de tercera clase

en listas interminables de asuntos pendientes.

La vida resurge oportunamente en los campos,

en el crecimiento inesperado de un huerto,

en esa fruta que se deshace en tu boca

y en el renacer diario tras el sueño reparador.

Las advertencias de la edad deberían ser asimiladas.

Poema 498: Espectáculo natural

Espectáculo natural

No sé si es un pescador o un suicida

en la orilla opuesta del Duero.

Desafían las nubes el reflejo en el agua

y los patos se dejan llevar lateralmente.

Permanece en la orilla mirando hipnótico

la corriente de aguas turbias,

la crecida de un río que anega ya las riberas.

El espectáculo natural es enorme:

las aguas habitualmente verdosas y calmas

se expanden entre remolinos y oquedades

a una velocidad asombrosa.

Si no fuera por una prenda de abrigo llamativa

que ha posado en los juncos ribereños

diríase metamorfoseado con el gris de la orilla.

Imagino lo que yo haría si el hombre salta:

gritar, llamar, señalar, nunca emular.

Si no fuera su intención abandonar el mundo

sentiría envidia del paisaje a pie de caudal que percibe,

de la fuerza fluvial penetrando en cada sentido,

de esta mañana de invierno aún cruda y luminosa

 mimetizado con la divinidad milenaria de las aguas.

Poema 158: Nuevo dios

Nuevo diosIMG_8328

Hay un nuevo dios que ve cuanto haces,

sabe dónde vas, lo que has comprado,

te sugiere respetuosamente tu conducta

como buen dios en sus inicios

aún sin la confianza de la masa.

 

Esa es la clave, eres observado,

nada se le escapa, cualquier consulta

dañará tu imagen, tu perfil social;

tu rastro se almacena en la memoria

del todopoderoso servidor.

 

Si compras o simplemente miras,

si lees tal o cuál periódico

tendrás un perfil dinámico de objeto

del deseo anunciador;

eres un número lleno de números,

un adorador del dios que te explota.

 

Ese dios computerizado conoce tu vida laboral,

sabe el dinero que has ganado en todos tu días,

los gastos y propiedades que posees,

los impuestos con que sostienes tu mundo.

 

El dios sabe lo que lees, lo que publicas,

conoce a tus amigos y ve tu cara más amable,

y también tu faz oculta,

la que se deduce de los datos que no muestras

o se infiere con imaginación.

 

El dios es quizás una diosa inteligente y formada,

ofrece señuelos y trampantojos,

moldea tu conciencia, te educa a su antojo,

establece tu patrón de deseo y consumo.

 

La diosa se rodea de sumos sacerdotes,

de diáconos, de calendarios propios y ritos,

te ha liberado de una esclavitud

para otorgarte la vía sin fin en la que habitas.

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