Poema 728: Trances de baja intensidad

Trances de baja intensidad

Llueve profusamente, hoy no hay cielo,

no existen las variaciones de nubes y luz,

ha desaparecido el todo verde rural

y el gris ceniciento urbano se impone.

Los instantes de percepción de la belleza

llegan en soledad, penetran porosamente,

dibujan en mi interior imágenes superpuestas

del tiempo, de los afectos, de autoconocimiento.

El olor del cereal, de la naturaleza regada

coadyuva al trance de baja intensidad

que comenzó ayer en la apertura por música

y continúa hoy en la exposición abierta campestre.

Voy cercando y consumiendo acontecimientos,

desprecio posturas extremistas o elitistas

en aras de una cierta sencillez y apego a la tierra,

de la convivencia pacífica y respetuosa.

Existen portales que dan acceso a la fascinación:

un cuadro inesperado, la memoria de un instante,

la felicidad del sonido acompasado por un genio,

el olor de unas rosas asilvestradas casi olvidadas.

Uno no suele ser consciente de su propia felicidad

hasta que esta ha pasado y no hay retorno posible,

siempre, –pesados párpados–, oculta y marginada

por el peso excesivo del lastre contrastante.

Extraer del presente la parte nutricia y estimulante

es un aprendizaje vital sumado a unas circunstancias,

es agrandar el placer y encapsular el dolor, disfrutar

de los puntuales vivos colores de este impresionismo.

Poema 727: El club del desengaño

El club del desengaño

Consumo un concierto tras otro,

un podcast, las canciones de una superstar

como si fuera de lujo en lujo,

jamón de pata negra tras pata negra

la costumbre de leer estados de ánimo

en periodistas poetas de la estirpe de Valdano.

La singularidad no me hace llorar

ni me traslada más allá de mi conciencia aletargada;

quizás el rostro cambiante de la violonchelista

o los parabienes predecibles de los metales

podrían hacerme despertar.

Me acerco a la sala de conciertos como a una catedral,

embargado por el color ambarino de la madera

y por los murmullos que preceden al silencio.

Las imágenes mentales que llevo conmigo son repetitivas

no memorables ni singulares.

Allí se produce la transmutación en una epifanía de la belleza,

una sinfonía contrastante muy trabajada:

los gestos tan expresivos de la contrabajista nunca defraudan,

tampoco la elegancia de la percusión ni el solo de flauta.

Abierta la espita de la belleza extrema, aparece el cielo poniente

como una culminación del torrente de imágenes gozosas,

una puesta en valor inesperada tras la apatía persistente.

Poema 701: Naranja

Naranja

Amanece un día más, lluvioso

en esta estación de inundaciones y frío

de ríos teñidos por el color terroso

de un clarinete que escala notas

desde la gravedad más absoluta

hasta cimas mozartianas de alegría.

En un instante el semáforo naranja

decide el fin de la noche,

literario, poético, musical,

la bicicleta asediada por los coches,

el espejo-asfalto cual discoteca lumínica.

El semáforo es un efímero indicador

de la suerte con que arranca la jornada,

un consenso social raramente burlado,

el orden que permanece noche y día

incluso en los días vacíos del confinamiento.

La belleza captada en esa luz intermedia

aturdida por los motores de combustión,

prolongación y elongación del saludo

bajo el paraguas protector

de los dos caminantes fraternos

que se dirigen con paso apresurado al colegio.

El leiv-motiv del poema-luz inocuo

refulge entre la maraña de noticias nefastas

ofuscadoras del día de la radio.

Poema 681: Lux, escucha activa

Lux, escucha activa

Lux es un escándalo y una revolución

una suma de talentos y de imagen,

la marca llevada al lujo y al feminismo.

En la primera escucha me llega una sinfónica

el soporte exquisito de la orquesta,

buena música de fondo, marco y elevación.

Después vienen las variaciones, la voz rota,

el aire flamenco y las letras de potencia.

Como el mal estudiante no paso de canciones

repito y repito los primeros temas,

no he visto los vídeos, pero sí la estética,

la cierta provocación necesaria en las redes.

La voz ya rota, ya aguda, ya afinadísima

traspasa lenguajes y fronteras, ilumina fiestas

despierta idiomas olvidados,

es un monumento a la creatividad libre,

provocativa, innovadora, música elevada y popular.

La controversia pseudo religiosa abre caminos

puertas e hilos, llena sesudos artículos

es el hilo conductor de una nueva era ficticia,

un posmodernismo tantas veces redivivo.

Ella habla perfecto castellano, sin lambdismo ni rotacismo

escucharé absorto, mientras sigo la maravilla compositiva,

el dinero concertante capaz de crear este monumento.

Poema 652: El reino de Oku

El reino de Oku

A espaldas del conocimiento mundano

en un lugar mítico de la memoria

se hallan los vestigios palaciegos del reino de Oku.

De no existir la sala San Ambrosio en las redes

diríase un reino fantasma,

el reino surgido de la inventiva de algún explorador

decimonónico y olvidado.

Máscaras y rituales, tronos y lechos nupciales,

el saludo y la cesión documentada del monarca

ya desaparecido de este mundo.

La búsqueda del misterio me lleva a Camerún,

pero las regalías monárquicas nos transportan a un reverso

en el que las sociedades secretas regulan la ley:

instrumentos musicales exóticos y arcaicos,

la música y la danza son la poderosa medicina

que cohesiona con sus ritmos el poder del fon.

Campanas, tambores de ranura, idiófonos y guimbaras,

ritmos litúrgicos para alcanzar el trance.

La exposición de trajes ceremoniales con máscara

nos transporta a un altiplano verde esmeralda

en el que las columnas talladas del palacio real

o de casas como la de la guerra

dan idea del poder teocrático de los gobernantes.

Tronos tallados con profusión de elementos mágicos,

idolillos fetiche para la divinización del fon supremo,

personaje excepcional, juez máximo, gestor territorial

símbolo de la fecundidad y de la prosperidad de su pueblo.

Toda esta magia está expuesta en el palacio colegial.

Poema 553: Teatro de fans

Teatro de fans

Varios minutos antes de la actuación

rebosa la platea,

grupos animados de espectadores añosos

departen bajo las luces infinitas

y un decorado de baúles e instrumentos.

El actor, guapo, joven, voz potente,

se reencarna al instante en compositor,

cantante, líder atormentado,

frases extraídas de canciones, un cuaderno,

una historia incógnita y musical.

Aparece sigilosamente la banda,

honrando su nombre, ya marca y distinción.

Música fantástica en vivo, potente,

amplificada, electrónica,

un teatro de fans completo y entregado.

La triste historia de un poeta cantante,

líder tempranamente alcoholizado

y consumidor de sustancias destructivas.

Búsqueda y hallazgo

de una o varias canciones emblemáticas,

padres e hijos, esperanza y desilusión final.

Atalaya espléndida y fervor popular,

canto coral de una audiencia entregada,

instantes ascéticos de comunión teatral,

de intenso disfrute vital tras la tristeza.

Poema 548: Baco homenajeado

Baco homenajeado

Hordas de jóvenes disparando vino,

carritos robados en varios hipermercados,

homenaje a un Baco posmoderno

empapado de decibelios en lata de un diyey.

El horror ulterior era esto:

calles pegajosas, salpicadas de morapio

voces alcoholizadas, imitación de peñas,

desmadre diurno colectivo incomprensible a mi edad.

Un dron sobrevuela el desorden, la basura

sobre la que decenas de limpiadores se afanan,

una herida en el corazón de la ciudad festiva

reparada por cirujanos uniformados de verde intenso.

Catarsis, locura de unas horas, inmundicia,

espectadores asqueados en la luna menguante,

absorbidos por el lujo del emporio textil recién inaugurado.

La fiesta continúa y es exaltada y aclamada:

bandas de machos jóvenes se dispersan en los aledaños

recién comienza la fiesta.

Los dioses del despilfarro y la estupidez bailan en el averno

la Fiesta Pagana del Mago de Oz

gourmets exquisitos de los solos de guitarra y batería.

La luna volverá a crecer cuando el esperpento haya terminado.

Poema 526: Bruce

Bruce

Varias horas antes del concierto

en los alrededores del Metropolitano

el ambiente era de fiesta en los bares:

cervezas y camisetas de la gira de Bruce

coexistían con animadas conversaciones

y la euforia expectante de los auténticos fans.

Un azar de ínfima probabilidad

nos hizo coincidir en la pista con viejos rockeros,

antiguos amigos, rostros conocidos,

un ápice más de la felicidad colectiva inminente.

El espectáculo de luz, pantallas y sonido

ha evolucionado mucho desde el dieciséis:

menos volumen distorsionado, más nitidez,

la comprensión de que al éxtasis colectivo

se llega por la sencillez de conceptos y música,

con un ídolo inmaculado, ya mito, ya humano.

Deambulé perdido entre la masa en movimiento,

observé el trance surgido del baile y de la música,

el creciente ritmo estudiado de los himnos,

la incorporación lenta de individuos a la comunión.

No accedí a la elevación mística,

quizás por falta de ritmo, o por ignorancia suma

de letras, sonidos, leyendas del sumo sacerdote;

sí percibí la dicha integral en la atmósfera,

la belleza de la luz, del templo, del baile,

el cúmulo de ritos de la modernidad compartida.

Poema 523: El juego de la música

El juego de la música

Nada estaba en su lugar en la orquesta:

una percusión integrada en los metales,

dos flautistas como extremos percutores,

un generador de viento entre los contrabajos

y el compositor vivo de la obra a estrenar

disimulado entre el público.

Había alegría en el ambiente,

por la novedad, por los instrumentos insólitos,

por el cuarteto de flautas mágicas de la propina

en las que estaba integrado el gran director:

un juego imaginativo y hermoso

antes de atacar, con más de cien músicos en la tarima,

la gran batalla de Stalingrado.

La séptima sinfonía de Shostakovich,

fue monumental, apoteósica:

diría JM que le habían dado ganas de invadir algo.

Imagino como debió sonar en el cuarenta y dos

la exhausta Orquesta de la Radio de Leningrado,

silenciadas las bombas por la operación Borrasca,

y el efecto psicológico que causó en el ejército nazi.

Orgullo, juego, pasión, sonido divertido,

una tarde hermosa sonriendo en el auditorio.

Poema 520: Graduación

Graduación

Mucho trabajo de fondo, contactos,

buena voluntad y recursos locales

para un lucimiento efímero y necesario:

se encienden las luces en el escenario

y en los rostros aderezados para la ocasión;

por un día celebramos el esfuerzo, el tesón,

la voluntad inculcada y asumida,

el triunfo del trabajo de los supervivientes.

No hemos dejado por escrito la intrahistoria

de cada pequeño avance en el protocolo:

¿Cuándo llegamos al auditorio?

¿Cuántas generaciones?

¿Cuántas personas se graduaron?

Hay memoria local en cada cabecita,

en cada familia, en cada mirada conocida

años después, lustros más tarde.

Si contemplásemos el salto histórico

seríamos capaces de comprender la evolución,

la tecnología, lo anacrónico de algunos discursos

y el arte que permanece en la poesía y en la música.

Personas invariantes y otras efímeras,

una celebración necesaria y transversal

en un mundo próspero y lleno aún

del optimismo de la juventud.