El valle invadido

Contemplo desde las tumba de los ancestros

el valle fértil y ondulado,

ayer lleno de amapolas, grillos, verde,

hoy sembrado de estructuras metálicas,

el negocio del sol y la electricidad.

Hace un cuarto de siglo comenzó la invasión,

recuerdo aquella mañana con zozobra:

urbanización en medio de la nada,

un campo de golf, un club social,

un polígono industrial casi vacío

visitado por aprendices de conductor

y por paseantes de perros en el crepúsculo.

Máquinas pesadas abren nuevos caminos,

conductos, edificios, zanjas inexistentes,

destellos en el mar del cereal.

Energía verde limitando el verdor de los sembrados,

ruido visual, el fin de la belleza campestre

y la llegada de inversores incógnitos

a quienes los Zumacales les importa un ápice.

El futuro colonizador ya ha llegado.

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