Caminos, cielos, viajes, flores

Caminos, cielos, viajes, flores,

marionetas del precio del combustible,

de las invectivas políticas o callejeras

de posiciones fijas e inamovibles

en las pequeñas tertulias deportivas amicales.

Termino de leer un libro que es un alivio,

hago un paréntesis antes de comenzar otro

aún envuelto en la injusticia machista

para la que estamos ciegos, mudos y sordos.

Las preocupaciones laborales nos distraen

de un cierto vacío de pensamiento

de aficiones postergadas unipersonales,

viajes, ejercicio físico, lectura sosegada,

la escritura continua, agotadora, comprometida.

Esa comodidad masculina indiferente,

el lugar que ocupas en el mundo con peso

del que raramente te van a desplazar tus congéneres

solo es visible a una distancia prudencial

o desde posiciones marginales en el valle cohabitado.

Voces, podcasts, reflexiones guionizadas o improvisadas

remueven, desordenan los caminos neuronales,

perturban la pretendida ventura,

marcan una ruta estrecha, azarosa y en tinieblas

al final de la cual encontrarás un paraíso dual.

Las flores del árbol del amor, tan comestibles,

rosas, atractivas y exóticas

llenan mis ojos durante un instante de paz,

atrapado en la red social que se deforma sin romperse.

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