Poema 721: Caminos, cielos, viajes, flores

Caminos, cielos, viajes, flores

Caminos, cielos, viajes, flores,

marionetas del precio del combustible,

de las invectivas políticas o callejeras

de posiciones fijas e inamovibles

en las pequeñas tertulias deportivas amicales.

Termino de leer un libro que es un alivio,

hago un paréntesis antes de comenzar otro

aún envuelto en la injusticia machista

para la que estamos ciegos, mudos y sordos.

Las preocupaciones laborales nos distraen

de un cierto vacío de pensamiento

de aficiones postergadas unipersonales,

viajes, ejercicio físico, lectura sosegada,

la escritura continua, agotadora, comprometida.

Esa comodidad masculina indiferente,

el lugar que ocupas en el mundo con peso

del que raramente te van a desplazar tus congéneres

solo es visible a una distancia prudencial

o desde posiciones marginales en el valle cohabitado.

Voces, podcasts, reflexiones guionizadas o improvisadas

remueven, desordenan los caminos neuronales,

perturban la pretendida ventura,

marcan una ruta estrecha, azarosa y en tinieblas

al final de la cual encontrarás un paraíso dual.

Las flores del árbol del amor, tan comestibles,

rosas, atractivas y exóticas

llenan mis ojos durante un instante de paz,

atrapado en la red social que se deforma sin romperse.

Poema 450: Nada es fácil

Nada es fácil

Ni el amor, ni el olvido, ni la secuencia

finita de las rutinas diarias

esas que te enorgullecen o te envilecen,

los hitos a modo de máximos relativos

que te hacen soñar con lo extraordinario.

Nada es fácil.

Las órdenes mentales que tu cerebro dicta,

algunas automáticas, otras dulcemente pesadas

en la balanza de perjuicios y beneficios,

decisiones mínimas sobre el empleo del tiempo

o sobre las servidumbres laborales,

el veneno de la responsabilidad y el del placer

que te encumbra o envilece.

Nada es fácil.

En una mañana del verano creciente

se dilucidan decenas de decisiones juguetonas,

laberinto del que eres incapaz de escapar.

La recomendación psicológica es crear

una burbuja de presente continuo

en la que nadar y bucear y explorar,

ir sumando puntos vitales de gozo y dicha

con las menores restas posibles.

Nada es fácil.

Ni los beneficios esperados a corto plazo

por el peso del deporte en tu smartphone,

ni la dieta escasa en grasas, alcohol y proteínas,

ninguna de esas decisiones insoportables

te hará más sabio, más feliz, más longevo.

Nada es fácil.

El olvido, la contemplación de la ruina

en personas con las que has compartido risa,

mesa, el milagro de la amistad liviana,

eliminar el polvo y enfocar en primer plano

montones de libros, palabras, recuerdos,

símbolos de otras décadas ya amortizadas.

Nada es fácil.

Solo la armonía recóndita de estas palabras

libera un sustrato de bienestar;

cierto deseo y ciertas esperanzas mundanas

hacen que el resto del día se arrastre

en los caminos hollados por la masa,

en la música que anoche te sonrió un instante.