Poema 720: El valle invadido

El valle invadido

Contemplo desde la tumba de los ancestros

el valle fértil y ondulado,

ayer lleno de amapolas, grillos, verde,

hoy sembrado de estructuras metálicas,

el negocio del sol y la electricidad.

Hace un cuarto de siglo comenzó la invasión,

recuerdo aquella mañana con zozobra:

urbanización en medio de la nada,

un campo de golf, un club social,

un polígono industrial casi vacío

visitado por aprendices de conductor

y por paseantes de perros en el crepúsculo.

Máquinas pesadas abren nuevos caminos,

conductos, edificios, zanjas inexistentes,

destellos en el mar del cereal.

Energía verde limitando el verdor de los sembrados,

ruido visual, el fin de la belleza campestre

y la llegada de inversores incógnitos

a quienes los Zumacales les importa un ápice.

El futuro colonizador ya ha llegado.

Poema 247: Los límites de la niebla

Los límites de la nieblaIMG_7291

Los campos parecen verdes sembrados

desde la cremallera de la autovía,

pero es un trampantojo visual;

la bicicleta devuelve la realidad aumentada.

 

Un bidón de plástico en medio de un rastrojo

en pleno diciembre de tarde soleada

muestra la desidia agricultora de nuestro tiempo,

un festín para aves y roedores avispados.

 

El contorno de la niebla amenaza la tarde,

babas de buey, arena húmeda en el camino,

la ruta de los lavajos marcada por pezuñas de lobo,

mientras el sol curva y doblega nubes azuladas.

 

Una pared de adobes sin nada que sostener

recibe a la niebla que cae húmeda y opaca

como la sombra de una amante que te abandona,

el ocaso del ciclista anhelando el fuego del hogar.

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Poema 149: Vacaciones

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Las bandadas de palomas recorren el sembrado,

se alborotan al mínimo movimiento,

simulan una coreografía estudiada,

un ritmo imprevisible y estético.

 

Desaseado y familiar, vivo entre fantasmas,

amortizado mi tiempo, tan inseguro

como cuando era adolescente,

ha pasado un periodo que ya no reconozco.

 

Camino con fuerza lleno de contradicciones:

disfruto del ejercicio físico

pero quiero llegar ya, detenerme,

cuál parábola vital de deseos contrapuestos.

 

Los niños son un espectáculo hermoso y agotador,

energía en movimiento, luz y ruido

aletean incansables en cualquier entorno,

son alegría y cansancio y sostén.

 

Liquen de un amarillo intenso, yemas

a pesar del frío agudo, naturaleza y espectáculo

en las nubes y en los incipientes sembrados,

o en la niebla y los espectros del pasado.IMG_7839