
Y entonces el alma descansa
En el cúmulo de eventos de fricción amiga o amante
surge la narrativa poética que muestra o esconde:
allí donde miro las nubes e imagino,
en esa proximidad, en afinidades de un cierto azar,
tras el hilo poético de un verso surrealista y opaco.
Podría reconocer algunos hitos vitales
en una escritura no del todo automática,
no del todo hermética, más imaginada que cierta.
Acaecen días de sequía poética por las circunstancias,
el tiempo de quienes me rodean, las labores vitales
las aciagas prisas laborales indispensables,
y entonces el alma descansa,
no busca metáforas ni enciende la máquina hiperbólica.
Asombrado, me topo con esa sombra inquietante
e inmediatamente la fotografío y evalúo;
en el eco me llega la palabra clave: –Nosferatu–
y la llama agónica quema todo el oxígeno que encuentra
elevándose y mostrándose épica y lírica
desdeña el hilo narrativo subsumido en la ortografía.
La satisfacción poética es decisiva
en una lectura en la que atisbo una cierta intimidad,
libro personalizado, subrayado, pedagógico.
El descanso anímico ha durado unas horas,
lo que han tardado en llegar estímulos sugestivos
en los que hallo la necesidad de una formulación poética.


















