Poema 780: Caminar en la noche

Caminar en la noche

Caminar en la noche después de un día intenso,

horas de horizonte finito, de cuentas que no cuadran,

luces azules policiales en medio de la nada,

perseverar, perorar, un pie tras otro, siempre.

Caminar se opone teóricamente al sumidero

de conversaciones tangibles a media voz,

sinestésicas del mundo unidas por un imán,

hipótesis, los detalles más nimios de la intimidad

captados sutilmente en gestos prosódicos.

La suma de acciones se eleva exponencial

con resultados exultantes en el caminar penitente:

la claridad de esa luna que parecía llena,

anacoretas de la noche silenciosos y opacos,

un vehículo explosivo y fugaz en la recta

compitiendo con la estulticia de su auriga.

El caminante trata de restablecer conexiones

interrumpidas por su propia necedad,

silencio, una despedida amorosa en un portal,

los trampantojos ineludibles en tanta complejidad.

No existe un estado de ánimo definido

enredado en este lunes del membrillo

maraña laboral, amical, productora laboriosa de miel.

Los días plenos se transmutan en noches reflexivas

de paseos desnortados, vacilantes y solitarios,

un deambular sin rumbo por el puro placer caminante.

Poema 449: El farallón

El farallón

En el farallón pueden leerse las líneas de la vida,

el mensaje que el mar grabó durante milenios.

La banda sonora es un continuo ir y retornar de olas,

una incesante tormenta sin relámpagos,

un mundo oscurecido por la llovizna

cual metáfora de las emisiones radiofónicas.

En la pared vertical está escrita la negligencia

de los salvapatrias tan pulcros,

mentecatos de la simpleza y el desorden,

el refuerzo animal que todos llevamos dentro

cincelado en un palimpsesto ilegible.

Suenan vientos de victoria xenófoba,

de distopías que creíamos imposibles,

una regresión a los tiempos del cólera,

déjà vu inexplicable y anómalo, siniestro e innecesario.

La monotonía del mar, la belleza y el yodo

permiten la abstracción y la distancia mental

necesaria para prever el desastre:

las difíciles componendas y arreglos humanos,

las lecciones de la Historia,

la firmeza ineludible para hacer frente a la necedad.

En el farallón alguien leerá en el futuro

lo que la imbecilidad humana no pudo borrar del todo.