Poema 780: Caminar en la noche

Caminar en la noche

Caminar en la noche después de un día intenso,

horas de horizonte finito, de cuentas que no cuadran,

luces azules policiales en medio de la nada,

perseverar, perorar, un pie tras otro, siempre.

Caminar se opone teóricamente al sumidero

de conversaciones tangibles a media voz,

sinestésicas del mundo unidas por un imán,

hipótesis, los detalles más nimios de la intimidad

captados sutilmente en gestos prosódicos.

La suma de acciones se eleva exponencial

con resultados exultantes en el caminar penitente:

la claridad de esa luna que parecía llena,

anacoretas de la noche silenciosos y opacos,

un vehículo explosivo y fugaz en la recta

compitiendo con la estulticia de su auriga.

El caminante trata de restablecer conexiones

interrumpidas por su propia necedad,

silencio, una despedida amorosa en un portal,

los trampantojos ineludibles en tanta complejidad.

No existe un estado de ánimo definido

enredado en este lunes del membrillo

maraña laboral, amical, productora laboriosa de miel.

Los días plenos se transmutan en noches reflexivas

de paseos desnortados, vacilantes y solitarios,

un deambular sin rumbo por el puro placer caminante.

Poema 248: Los ojos de las gaviotas

Los ojos de las gaviotasIMG_6220

La gaviota se desliza sobre esa corriente

invisible de aire,

no deja apenas vórtice en el dulce planear,

aporta elegancia y una silueta esbelta,

y sobre todo despierta del deseo de volar.

 

Contemplas tú también tu mundo desde el aire,

protegido por una distancia prudente;

tan solo puedes elegir la corriente

para trazar círculos de observación diferentes,

zona de confort, asegurada la belleza y la duda.

 

La brisa marina cargada de yodo es un opiáceo

irresistible y cegador,

en estos días de sol y calma la vida parece sencilla,

solo algunos agudos gritos indican peligro

o la excitación creciente de una posible reproducción.

 

Tus percepciones están llenas de colores difíciles

de definir con precisión,

el espectro visible humano parece ser muy restringido,

alcanza apenas los cuatrocientos nanómetros

de una precisa longitud de onda, como ella insinuó.

 

Los ojos de las gaviotas son una incógnita

que trato de aprender en Wikipedia:

gotas de aceite rojas y amarillas en sus receptores de color,

percepción del espectro ultravioleta para el cortejo,

detección de los campos magnéticos en sus desplazamientos.

 

La sinestesia te orienta en caso de duda,

advierte de un peligro o te señala afinidades electivas,

más allá del plumaje ultravioleta, elabora una divinidad

en el centro de tu cerebro evolucionado:

azul reflejo del cénit o verde esmeralda perfectamente pulido.

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