Poema 780: Caminar en la noche

Caminar en la noche

Caminar en la noche después de un día intenso,

horas de horizonte finito, de cuentas que no cuadran,

luces azules policiales en medio de la nada,

perseverar, perorar, un pie tras otro, siempre.

Caminar se opone teóricamente al sumidero

de conversaciones tangibles a media voz,

sinestésicas del mundo unidas por un imán,

hipótesis, los detalles más nimios de la intimidad

captados sutilmente en gestos prosódicos.

La suma de acciones se eleva exponencial

con resultados exultantes en el caminar penitente:

la claridad de esa luna que parecía llena,

anacoretas de la noche silenciosos y opacos,

un vehículo explosivo y fugaz en la recta

compitiendo con la estulticia de su auriga.

El caminante trata de restablecer conexiones

interrumpidas por su propia necedad,

silencio, una despedida amorosa en un portal,

los trampantojos ineludibles en tanta complejidad.

No existe un estado de ánimo definido

enredado en este lunes del membrillo

maraña laboral, amical, productora laboriosa de miel.

Los días plenos se transmutan en noches reflexivas

de paseos desnortados, vacilantes y solitarios,

un deambular sin rumbo por el puro placer caminante.