Poema 777: Comunidad ciclista

Comunidad ciclista

No había bicicletas en el horizonte,

las desaconsejó una amenaza de lluvia

probabilística, organizativa, disidente.

Las nubes descargaron temprano

creando escorrentías y barro en las botas

cuando el caminar se hizo indispensable.

Un embalse inesperado entre encinas centenarias

ocultó una recogida de nueces

entre saltos fotográficos de juguetones maduros.

Los ritos de un asado en el horno panadero

elevaron la gastronomía hasta umbrales excelsos

entre un silencio comunitario indescriptible.

La risa se combinaba con el hormigueo tenaz

que limpia, recoge, estructura y decide

en aras de una fluidez magnífica sobre el tiempo.

Hubo vino, risa franca, sensación de pertenencia

a una estructura dinámica superior

en la que las vivencias compartidas apegan y estañan.

El molino restaurado desprovisto de su piedra

mostraba su armazón ingeniera de conservación turística

antes de la aventura de la travesía de los rastrojos.

El ocaso con apariencia de aurora boreal castellana

–Rosario dixit en la distancia–

nos dejó instantáneas de gran hermosura.

La jornada concluyó en erudición inesperada

de múltiples aportaciones científico-ascéticas

en una escucha comunal espléndida y vinculante.

Poema 670: Máximo placer

Máximo placer

La luz de la mañana, el aire frío de esta borrasca,

la silueta brillante de la luna menguante

y una colección de libros, papeles, erudición

tras el olor exuberante del café

convierten esta hora en un disfrute de los sentidos.

Ya no existe un trávelin del amanecer

mientras escuchaba pomposos relatos musicales:

se imponen algunos poemas de contraste,

el terrible siglo veinte en el este europeo,

la tesis profunda y documentada

sobre la igualdad natural o la historia revisada.

Despido a mis hijos que caminan con energía

hacia su propia captación del saber,

escenas memorables con fondo otoñal

de un paseo de árboles caducifolios en decoloración.

Mi conciencia solo me permite unos minutos de placer;

antes de reintegrarme al flujo laboral

observo el lejano brillo de un sol naciente,

unas nubes rosadas, un comando de jardineros

afanándose en la recogida de las hojas incontables.

El boli Bic me llama desde la portada de un Moleskine:

mínimas reflexiones personales de cada día,

la oscilación trigonométrica del estado de ánimo,

las novedades meditadas o improvisadas,

la vida revisada meses o años después.

El placer tiende a su fin según se aclara el día

y el enfoque se vuelve pragmático desde la poesía:

un elevado punto de partida para la lucha cotidiana.