
Hoy la puesta de sol se llama desolación
Para Machi
que casi siempre estaba de acuerdo
El tono pastel casa muy bien con la pena
un final del día y un final vital.
Llegó el frío y quizás la lluvia, la muerte y la tristeza.
Decae el color de los árboles irremisiblemente,
en un tiempo breve de asimilación de la ausencia.
Hedonista, lleno su vórtice de vitalidad contagiosa
de amigos muy amigos, de risa y de fútbol.
Ya no comeremos juntos los domingos,
ni le veremos desfilar empujando su virgen
con su hábito verde y negro en las noches de Pascua.
Se instala la congoja de lo que no quiero creer,
ni conocer, ni pensar, en esta realidad,
dolor seco y profundo de un vacío enorme.
Ya no bromeará sobre el destino del pez Diodo:
al final el tiempo de los peces es distinto al de los hombres.
El ocaso desolador rima en asonante con esa pena
antes de que la noche nos oscurezca definitivamente.
