Poema 783: Fuego, cielo, fulgor, armonía, espera

Fuego, cielo, fulgor, armonía, espera

Las letanías propias de estos días de difuntos

se transmutan en explicaciones técnicas

sobre accidentes, gestiones, política extendida.

Como en el poema anterior, continúo escondido,

en los refugios poéticos, musicales, en el caminar

por una sinfonía majestuosa de la que fui ajeno.

La expectación era grande, música soviética

frente a los lapsos compositivos veraniegos

en un día de calma crítica y de tensa espera médica.

Se encendió la orquesta de las grandes sinfonías,

Midori encadenó agudos imposibles con su violín,

Guarnerius del Gesú, decía el programa de mano,

y sin embargo el cortafuegos de mi mente

siguió aislando la emoción intrínseca de la concordancia.

El fuego se había encendido en el paseo de la tarde,

surgía oculto por la ciudad en el parque palaciego:

pinos no tan antiguos como los cedros del Líbano

y una conversación enrocada en sí misma.

Una nube de desgarro en el espacio de salud,

rictus, temple y conformidad de la conciencia,

tensa espera y el deseo evasor de introducirme en un libro.

Poema 559: Otoño de esperanza

Otoño de esperanza

Llueve, se ocultan las noticias cíclicas

sobre la sequía y los embalses,

siguen las guerras asimétricas,

agresiones planificadas, sembradoras de odio,

el trampantojo deportivo audiovisual,

algunos premios puntuales:

nobeles, editoriales, premios nacionales,

las elecciones bipolares de noviembre

en la cúspide del poder mundial,

las noticias siguen el curso esperado.

La lluvia trae consigo esperanza,

verdor en las cunetas, fulgor en los árboles,

la luna llena de octubre acechando.

Comienza la temporada de setas,

la siembra concienzuda del campo de Castilla,

y el colorido impagable de los árboles caducos.

El bidón llameante ilumina el amanecer

desde hace un par de semanas;

retornan los libros apocalípticos y distópicos,

se celebran descubrimientos científicos

y la maquinaria estacional gira sin fin.