Poema 280: Memoria del verano

Memoria del verano

Cada verano es un plano inexistente

que se superpone a otros planos

imágenes, sudor, playa, bicicleta,

pantalones cortos y sandalias

una puesta de sol en el mar.

Las láminas más lejanas

son transparentes,

apenas pinceladas en la memoria,

una playa de río,

la brecha de mi hermano contra una puerta,

un periódico con Suárez en la portada,

las ciruelas rojas y enormes en Gandía.

Luego hay ya una tormenta de imágenes:

hoy saldrá alguna por azar,

una bicicleta roja apoyada en un árbol

al que nos hemos subido,

tirar piedras a un lavajo con ranas,

un monasterio en ruinas en Aquitania,

leer un tebeo escondido a la hora de la siesta.

La superposición de planos no es nítida,

ni hay un camino temporal por el que seguir;

la presencia de estímulos reconocibles

te lleva a unos u otros recuerdos,

hilos de los que extraes vivencias

modeladas a tu conveniencia adulta,

sin aristas, ni sudor, ni agotamiento.

Las canciones del verano del ochenta y dos, 

conviven con partidos de fútbol en una era

a la que vuelves subido en un trillo

cuando apenas habías cumplido cuatro años,

tras el sombrero de paja de tu abuelo.

Antes de la pandemia el verano era estructura,

viajes, vivencias, museos, arte y belleza, naturaleza;

ahora es una lucha mental de continuidad,

un cúmulo de pequeñas acciones

para soslayar el extraordinario peligro,

dotar de normalidad la herida física y mental

ante la incertidumbre de los meses futuros.

Este verano dejará imágenes extraordinarias

aplicado como estás en la búsqueda de belleza,

en el orden armónico dentro del desorden,

en la risa que aparece inesperada,

en una suma de ilusiones renovadas:

palabras, lecturas y ojos que brillan al mirarlos.

Poema 279: Campo de julio

Campo de julio

El campo en julio es de una belleza inusitada,

los labradores se afanan

 en extraer todo el producto posible de la tierra:

hay pacas de paja, patatas a punto de florecer,

girasoles hermosos y amarillos,

un lavajo lleno por las últimas tormentas;

incluso el río Trabancos lleva algo de agua.

Desde la bicicleta se observa todo con detalle,

rastrojos, viñedos, pinares,

algunos centenos aún no cosechados,

nunca he visto tantas aves como este año,

en el camino apenas hollado no hay rastro del virus.

Algunas cosechadoras levantan nubes de polvo,

hay cultivos que no identifico,

plantaciones de almendros y otros frutales,

remolacha, maíz, garbanzos,

mecanización y riego, una cierta normalidad.

Las tormentas alteran el ritmo del trabajo,

nada que ver con otros tiempos:

ya no hay hoces ni levantarse a las cinco de la mañana,

no se trilla ni aventa la parva,

no hay bueyes ni mulas, ni cuadrillas de sol a sol.

Huele a manzanilla y a la paja recién cortada,

busco en la soledad de los caminos

no encontrarme con otros humanos;

miro al cielo y veo la revolución de las nubes,

al menos tanta belleza como la reproducida en el campo.

Poema 278: Un día idílico

Un día idílico 

Acontece que todo lo quieres realizar,

el agua pura y cristalina

la marea baja y el fondo arenoso

verde, verde, verde de toda tonalidad,

cuerpos desnudos,

ansia de aire, luz, sol,

capturas fotografías sin medida,

no haces prisioneros,

simulas libertad durante unos minutos,

un baño con prisa entre las algas al anochecer,

la mirada perpleja de los confinados,

el libro en el que posas los ojos

pero no procesas más allá de unas líneas,

todo es provisional y nada te pertenece,

rozas la maravilla sin penetrar en ella.

Dulce día de julio,

sed de la ebriedad de la brisa,

de la mecánica del paseo y el olor

a ráfagas fugaces de polen y hierba de los prados,

arena y sal en la piel,

terapia y placer, 

el conocimiento y la pausa 

en días de madurez que evocan tu infancia.

Poema 277: Entre libros

Entre libros

Ayer me devolvieron el Génesis de Robert Crumb,

al colocarlo vi algunas pilas de no leídos,

otros de lectura más o menos reciente,

los más, olvidados, hasta que poso la mirada en ellos:

–ese lo leí estando en Creta hace más de veinticinco años­–,

las portadas, el grosor, el color del papel,

cada cosa me trae un recuerdo, un olor, una sensación,

un viaje, una obsesión;

a veces una frase se desgaja de un capítulo:

Amanecieron otra vez abriles en el aire

y la harina de los días se hizo pan[…]–;

a la antología poética de Claudio Rodríguez 

se le desgaja el lomo al abrirlo con fuerza 

por el principio de Casi una Leyenda:

lo cerré leyendo: –tú no sabías que la muerte es bella,

triste doncella–.

El placer del recuerdo y del conocimiento es exquisito,

hilvano una imagen sobre otra, un instante, 

esa ebriedad de una noche de junio eterna

en la que el viento trae el olor del cereal en sazón,

la envidia que me daban los paseantes enamorados

en la época en la que estaba estudiando:

acribillado a exámenes, 

pasaba de las amapolas de principios de mes

a los ocasos interminables en torno a San Juan.

Tengo libros que no leí y que durante mucho tiempo

me esperaron, me depararon la ansiedad de la abundancia,

libros que hojeé y que ahora yacen amarillentos,

no conseguí abrir el candado psicológico 

que me permitiera adentrarme en ellos

como un amante atento, deseoso de todos sus secretos.

Entre libros encontré la paz y el sosiego

en otras vidas que ya apenas recuerdo;

algunos libros poéticos me dieron el tono vital

cada día, verso a verso, poema a poema,

la nostalgia del autor desterrado

o la hermosura verbal de una polaca de apariencia sencilla.

No sé que hacer con los libros amontonados,

solo sé que entre ellos me siento bien,

aislado y protegido, en otra burbuja de felicidad.

Poema 276: Lentitud

Lentitud7E2E1031-E659-412A-BCFE-521C232D530D

El lujo no es la velocidad si no la lentitud,

la ausencia de prisa, un paseo en bicicleta

acompañado por tus hijos,

las pequeñas cosas de la vida detenida

en la que todo se ha apreciado mucho mejor.

 

La feracidad de la primavera que solo traía el viento,

o el ruido de voces en una terraza de verano,

son las sorpresas ocultas que no estaban

en el radio que alcanzaban tus sentidos,

esa bola de la que no te has movido en tantos días.

 

Extraer quirúrgicamente las preocupaciones

del centro de tu procesador de ideas,

convertir esos huecos en banalidades cotidianas,

es la tarea del psicoanalista en estos días

ahora que el mundo se mueve otra vez tan deprisa.

 

Otra vez se me escapan los libros entre los dedos,

los días se acortan irremediablemente,

el cansancio se apodera de todas mis neuronas,

la belleza de la estación solo me roza al pasar

y los números crecen hasta ocultar la puesta de sol.

IMG_8664

 

 

 

Poema 275: Flores

FloresIMG_8796

En el atrio de la modernidad

las letraheridas van sonrojándose,

algunos tatuajes brillan en la piel

aún indemne por los daños del tiempo.

 

En el arco de la luz de junio

sacan todos sus vestidos al césped,

recitan poemas que no entienden,

versan la carnalidad en un susurro.

 

En la terraza de verano

el dinero se alía con colores y banderas,

flotan en el aire los deseos no cumplidos,

las trincheras cavadas en el lujo.

 

Una ola de estupor desconocida,

cambia la mezcla de color en las pupilas,

desencadena sonrisas y arrumacos

rotos todos los frenos y preámbulos.

 

En el atrio de la modernidad

insulsos contendientes reposan alineados,

observan las flores exquisitas

abiertas por la luz de un bello día.

IMG_8674

 

Poema 274: El final de la escalada

El final de la escalada

IMG_8002

Hordas de gente en la hora límite

pasean como si estuvieran de vacaciones

y el caminar fuera el objetivo máximo

en el que interaccionar socialmente,

en el que echar un cigarro adolescente con unos amigos

escondidos tras un montículo y la vegetación.

 

La dignidad la otorga una mascarilla,

con la que proteger a los otros,

también a aquellos que con cacerolas y banderas

sacan su rabia de sabios y expertos a pasear,

ruido y entretenimiento en días tan cambiantes

de la lluvia y el chubasquero al cielo azul y la camiseta.

 

Esta poesía descriptiva y testigo del coronavirus

ya no da más de sí,

será un testimonio al que acudir en el futuro,

ese que nadie se atreve a pronosticar con claridad,

si será una vuelta a la vida deseada ahora

o un tiempo nuevo de precaución y distanciamiento.

 

En estos días de confinamiento se han abierto los sentidos,

la mirada en cámara lenta desde las ramas esqueléticas

a las frondosas copas de los árboles que ocultan el río,

desde los caminantes absortos con la mirada perdida,

hasta las alegre chácharas didácticas en familia.

 

Ahora que se vislumbra el final del quédate en casa,

entre fases y desescaladas, entre inmunes y miedosos,

solo queda mirar hacia delante, avanzar,

tratar de vivir la vida con lo aprendido en estos meses,

limpiar la atención de las cosas que hemos sentido innecesarias.

IMG_7998

 

Poema 273: Los confinados

Los confinados

0AB738CD-5A32-44C2-9B1B-ADFADEE2937D

El virus ha dejado imágenes impactantes miles de muertos vulnerabilidad en toda persona con independencia de su condición fama o hechos vitales imágenes de sanitarios con trajes extraterrestres marcas en la cara por las mascarillas y las gafas saturación ataúdes victimas en su mayoría de edad avanzada soledad y mucho miedo y desesperanza ante una epidemia invisible e indetectable higiene protección confinamiento silencio en las calles noches en las que se podía escuchar el canto de algunos pájaros insomnes en las que un tractor con luces de ambulancia desinfectaba y fumigaba las calles las aceras y casi hasta las fachadas tiempos de incertidumbre económica de sedentarismo en una especie que una vez fue nómada y que aún no se ha convertido del todo miles de ventanas grúas que rompen el horizonte en el que se ve un trocito de campo de un verde esplendoroso como esta primavera que se cuela por cualquier resquicio que hace salir hierbas por debajo de una puerta sin uso desde hace dos meses lluvia que aparece y desaparece con la velocidad a cámara lenta de los días semejantes unos a otros en los que nada acontece y todo está pasando el amor que late en la lejanía de los cuerpos el viento que transporta mensajes y susurros de juventud el poema que un filósofo envía en una paloma los memes idiotas con que se entretiene la gente cuando no tiene otra cosa que hacer o que leer o que discutir o que estropear el aire limpio de la tarde que permite observar las nubes y puestas de sol maravillosas las hojas que han ido llenando los árboles durante ese mes de abril perdido de manera mágica los perturbados que caminaban por las calles solitarios hablando solos o circunspectos de una necesidad absoluta de espacios abiertos los insultantes energúmenos que vociferan en las redes sociales con una opinión que han escuchado a un comunicador iluminado y necio banderas de luto y críticas nada constructivas ni colaborativas o el deporte que nos entretiene y nos hace perder el tiempo tan maravilloso para cuidar el mundo soñar observar esas amapolas en la cuneta que añoramos o el campo amarillo de colza o la fragancia de las espigas al atardecer o el alboroto desordenado de los niños en un parque en una vida tan regulada por las horas que ahora regulan los aplausos a las ocho o las apariciones televisadas de quien transmite los datos y la calma y la prudencia hoy volvía a renacer el fuego en un bidón mientras el ciclo vital de los terrenos de regadío mucho más longevos que tú funde el verde con el color de árboles hierbajos y esperanza aún asustadiza y volátil cambiante según ciclos hormonas cifras borrascas noticias e incluso las lecturas tan determinantes tan decisivas en la alegría vital de las personas que leen o en los zoquetes que no leen el sol que durante unos días deseamos que fuera lluvia y mal tiempo el frío protegidos por paredes el ansia viva de libertad que no sabíamos expresar o que escuchábamos en resistiré o bella ciao en series que hemos visto sin ser adictos al formato en tanta pasión oculta y tanto por descubrir en el interior de cada uno de nosotros mientras perpetraba una videollamada al anochecer con una cerveza que compartía en la distancia con amigos a los que tardará en ver y mucho más en abrazar pieles que no se van a tocar distancia sideral de dos metros casi con miedo de mirar a los ojos a quienes antes abrazabas y ahora solo observas como una otredad que no te pertenece a la que no tienes derecho y cuando sales criticas cualquier acercamiento o disidencia sin saber si el virus ha estado cerca o ha sido una amenaza fantasma para ti si lo has pisado o lavado con jabón o neutralizado con agua y lejía estás vivo y sigues creando fotografías y palabras e ideas pequeñas algunas que provocan sonrisas otras también invisibles que dejan al receptor indiferente e igual de trasparente que era antes de ellas antes de que subieras escaleras corriendo o bailaras mirando las posturas de unos muñecos en televisión el tiempo del virus encoge con cada paseo que das con cada almendruco que observas con cada mascarilla anclada a un rostro que cotejas en la calle en la pasarela en el camino que bordea el río o en la fuente aleatoria en la que se mojan tus hijos verdaderos resistentes de este mundo atípico que bien podría ser de otra manera más placentera menos productiva menos capaz de estropear la tierra ancestral con hormigón y emisiones la lluvia ha dejado sus huellas en un pinar que nadie ha pisado en semanas los espárragos crecen y al fin podrán derramar sus semillas sin humanos que los consuman o corten de raíz algunos libros han perdido el polvo y algunas óperas han dejado de ser opacas para ti te puedes acostumbrar a esta vida de miedo a lo ajeno y conservar tu pequeño espacio tu movilidad tu aspecto desidioso sin cortar el pelo en semanas o meses y el miedo a la muerte o la desesperación están ahí conjurados cada día con ideas nuevas con ganas de vivir con fuerza interior con mensajes que compartes y con conversaciones profundas algunas de esperanza en los modelos matemáticos otras irracionales pero creíbles y el conocimiento de que tu inmovilidad salva vidas que el esfuerzo comunal que estamos haciendo es una suma de pequeños esfuerzos que detendrá el avance asqueroso y siniestro de esta irracional pandemia para la que no nos hemos preparado demasiado como especie o tal vez sí porque al final nadie se cree que no lo vayamos a exterminar a conservar en un laboratorio para seguir buscando la manera menos costosa de matarlo de atacarlo por todas partes piensas en la humanidad que ha crecido tanto que tantas generaciones se debatió con problemas igual de malos o peores en guerras en la búsqueda de la identidad y de los valores que eran mejores para todos en el largo plazo la luna te ha ayudado en algunas noches a entender la magia que tus antepasados sintieron al verla enseñorearse de la noche de forma cíclica y recurrente y al final empezamos a salir de nuevo a ver el mundo con toda su belleza a admirar cada trocito de esperanza y libertad a respirar como quien se ha librado de una cárcel en la que falta el oxígeno pero aún no se atreve a pegarse ni al otro ni a la tierra y que ansía permanecer en su perímetro de seguridad hasta el final de los tiempos que augura largos pero no lo serán tanto porque su tiempo pasará y vendrán otros que le sucederán y serán mejores o más preparados gracias a su pequeña contribución a que su especie se perpetúe fuera ya las lágrimas y los aplausos y el tratar de ver el rostro lejano del vecino que te hace gestos amistosos ha pasado el tiempo y ha pasado lo más duro antes de una posible recaída o de un olvido y una fiesta de felices años veinte tal como lo fueron hace cien años antes de que todo se hiciera añicos por el ansia de dominio y por las desigualdades.

FIN

IMG_7396-EFFECTS

Poema 272: Se terminan los aplausos

Se terminan los aplausos

IMG_7920

Casi han pasado dos meses de confinamiento,

la oscuridad del anochecer invernal a las ocho

ha dado paso a una luz primaveral de mayo,

apenas aplaude algún vecino nostálgico y solitario.

 

Las franjas del paseo y de los niños

han aliviado la estancia en casa de semanas,

la solidaridad ha cambiado cada día,

ya no suena Resistiré en los balcones.

 

Algunos conocidos son insolidarios:

caminan sin mascarilla, se reúnen sin distancia

o juegan al fútbol en el césped comunal;

hay detalles que no vamos a olvidar.

 

El sábado una banda de cinco adolescentes

recorría el pinar el bicicleta,

todo el mundo se lanzó en masa

a invadir el pulmón de la ciudad con ansia.

 

Los aplausos también fueron cohesión vecinal,

apoyo mutuo en días que se hacían largos,

la campana monástica que nos regulaba las horas,

el momento social más importante del día.

 

En el anonimato de la semioscuridad,

nos asomábamos al foro de ventanas y balcones interiores,

hasta que cacerolas, himnos y otras reivindicaciones

sembraron cizaña y discordia.

 

Hoy apenas suenan aplausos sanitarios,

el desconfinamiento lento ha comenzado,

la primera batalla contra el virus está siendo vencida,

en un rumor de datos, héroes y silencio.

IMG_6533

 

Poema 271:Primavera con mascarilla

Primavera con mascarilla

IMG_6584

La naturaleza está desbordada,

mucho más de lo que se ve desde la ventana,

gatos y ocas reaccionan al movimiento

apretados por el hambre del confinamiento.

 

El olor de las flores, los almendrucos,

la humedad, ascienden desde un suelo

que parece virgen tras el descanso

de una cuarentena tan lluviosa.

 

Hay una alegría por algo tan cotidiano

como un paseo con los niños,

hay miedo y precaución,

todos cubiertos con mascarillas preventivas.

 

Unos restos ajados de lilas y el color

intenso de unas amapolas

redescubren los ojos sometidos a pantallas,

a luces artificiales en el hogar.

 

Somos seres anónimos hasta para los amigos:

no te detengas, no contamines,

no desperdicies la ventana temporal de tu paseo,

aprehende cada brizna de hierba en el camino.

 

Cada uno es su isla familiar, su entorno reducido,

los libros que ha leído y la música del confinamiento,

algunas canciones de resistencia,

y los aplausos a las ocho que ya van decreciendo.

 

El pinar huele a limpio y solo se escucha el ruido

de pájaros y corredores hollando los caminos;

enmascarados vuelven al hogar en embudo

a las diez en punto de la mañana conforme lo ordenado.

 

La vida se filtra, y se escapa y desborda por los pliegues

de un sistema que trata de ordenar el caos;

aún es pronto para saber si podremos mostrar

en primavera nuestro verdadero rostro.

IMG_7047