Poema 274: El final de la escalada

El final de la escalada

IMG_8002

Hordas de gente en la hora límite

pasean como si estuvieran de vacaciones

y el caminar fuera el objetivo máximo

en el que interaccionar socialmente,

en el que echar un cigarro adolescente con unos amigos

escondidos tras un montículo y la vegetación.

 

La dignidad la otorga una mascarilla,

con la que proteger a los otros,

también a aquellos que con cacerolas y banderas

sacan su rabia de sabios y expertos a pasear,

ruido y entretenimiento en días tan cambiantes

de la lluvia y el chubasquero al cielo azul y la camiseta.

 

Esta poesía descriptiva y testigo del coronavirus

ya no da más de sí,

será un testimonio al que acudir en el futuro,

ese que nadie se atreve a pronosticar con claridad,

si será una vuelta a la vida deseada ahora

o un tiempo nuevo de precaución y distanciamiento.

 

En estos días de confinamiento se han abierto los sentidos,

la mirada en cámara lenta desde las ramas esqueléticas

a las frondosas copas de los árboles que ocultan el río,

desde los caminantes absortos con la mirada perdida,

hasta las alegre chácharas didácticas en familia.

 

Ahora que se vislumbra el final del quédate en casa,

entre fases y desescaladas, entre inmunes y miedosos,

solo queda mirar hacia delante, avanzar,

tratar de vivir la vida con lo aprendido en estos meses,

limpiar la atención de las cosas que hemos sentido innecesarias.

IMG_7998

 

Poema 273: Los confinados

Los confinados

0AB738CD-5A32-44C2-9B1B-ADFADEE2937D

El virus ha dejado imágenes impactantes miles de muertos vulnerabilidad en toda persona con independencia de su condición fama o hechos vitales imágenes de sanitarios con trajes extraterrestres marcas en la cara por las mascarillas y las gafas saturación ataúdes victimas en su mayoría de edad avanzada soledad y mucho miedo y desesperanza ante una epidemia invisible e indetectable higiene protección confinamiento silencio en las calles noches en las que se podía escuchar el canto de algunos pájaros insomnes en las que un tractor con luces de ambulancia desinfectaba y fumigaba las calles las aceras y casi hasta las fachadas tiempos de incertidumbre económica de sedentarismo en una especie que una vez fue nómada y que aún no se ha convertido del todo miles de ventanas grúas que rompen el horizonte en el que se ve un trocito de campo de un verde esplendoroso como esta primavera que se cuela por cualquier resquicio que hace salir hierbas por debajo de una puerta sin uso desde hace dos meses lluvia que aparece y desaparece con la velocidad a cámara lenta de los días semejantes unos a otros en los que nada acontece y todo está pasando el amor que late en la lejanía de los cuerpos el viento que transporta mensajes y susurros de juventud el poema que un filósofo envía en una paloma los memes idiotas con que se entretiene la gente cuando no tiene otra cosa que hacer o que leer o que discutir o que estropear el aire limpio de la tarde que permite observar las nubes y puestas de sol maravillosas las hojas que han ido llenando los árboles durante ese mes de abril perdido de manera mágica los perturbados que caminaban por las calles solitarios hablando solos o circunspectos de una necesidad absoluta de espacios abiertos los insultantes energúmenos que vociferan en las redes sociales con una opinión que han escuchado a un comunicador iluminado y necio banderas de luto y críticas nada constructivas ni colaborativas o el deporte que nos entretiene y nos hace perder el tiempo tan maravilloso para cuidar el mundo soñar observar esas amapolas en la cuneta que añoramos o el campo amarillo de colza o la fragancia de las espigas al atardecer o el alboroto desordenado de los niños en un parque en una vida tan regulada por las horas que ahora regulan los aplausos a las ocho o las apariciones televisadas de quien transmite los datos y la calma y la prudencia hoy volvía a renacer el fuego en un bidón mientras el ciclo vital de los terrenos de regadío mucho más longevos que tú funde el verde con el color de árboles hierbajos y esperanza aún asustadiza y volátil cambiante según ciclos hormonas cifras borrascas noticias e incluso las lecturas tan determinantes tan decisivas en la alegría vital de las personas que leen o en los zoquetes que no leen el sol que durante unos días deseamos que fuera lluvia y mal tiempo el frío protegidos por paredes el ansia viva de libertad que no sabíamos expresar o que escuchábamos en resistiré o bella ciao en series que hemos visto sin ser adictos al formato en tanta pasión oculta y tanto por descubrir en el interior de cada uno de nosotros mientras perpetraba una videollamada al anochecer con una cerveza que compartía en la distancia con amigos a los que tardará en ver y mucho más en abrazar pieles que no se van a tocar distancia sideral de dos metros casi con miedo de mirar a los ojos a quienes antes abrazabas y ahora solo observas como una otredad que no te pertenece a la que no tienes derecho y cuando sales criticas cualquier acercamiento o disidencia sin saber si el virus ha estado cerca o ha sido una amenaza fantasma para ti si lo has pisado o lavado con jabón o neutralizado con agua y lejía estás vivo y sigues creando fotografías y palabras e ideas pequeñas algunas que provocan sonrisas otras también invisibles que dejan al receptor indiferente e igual de trasparente que era antes de ellas antes de que subieras escaleras corriendo o bailaras mirando las posturas de unos muñecos en televisión el tiempo del virus encoge con cada paseo que das con cada almendruco que observas con cada mascarilla anclada a un rostro que cotejas en la calle en la pasarela en el camino que bordea el río o en la fuente aleatoria en la que se mojan tus hijos verdaderos resistentes de este mundo atípico que bien podría ser de otra manera más placentera menos productiva menos capaz de estropear la tierra ancestral con hormigón y emisiones la lluvia ha dejado sus huellas en un pinar que nadie ha pisado en semanas los espárragos crecen y al fin podrán derramar sus semillas sin humanos que los consuman o corten de raíz algunos libros han perdido el polvo y algunas óperas han dejado de ser opacas para ti te puedes acostumbrar a esta vida de miedo a lo ajeno y conservar tu pequeño espacio tu movilidad tu aspecto desidioso sin cortar el pelo en semanas o meses y el miedo a la muerte o la desesperación están ahí conjurados cada día con ideas nuevas con ganas de vivir con fuerza interior con mensajes que compartes y con conversaciones profundas algunas de esperanza en los modelos matemáticos otras irracionales pero creíbles y el conocimiento de que tu inmovilidad salva vidas que el esfuerzo comunal que estamos haciendo es una suma de pequeños esfuerzos que detendrá el avance asqueroso y siniestro de esta irracional pandemia para la que no nos hemos preparado demasiado como especie o tal vez sí porque al final nadie se cree que no lo vayamos a exterminar a conservar en un laboratorio para seguir buscando la manera menos costosa de matarlo de atacarlo por todas partes piensas en la humanidad que ha crecido tanto que tantas generaciones se debatió con problemas igual de malos o peores en guerras en la búsqueda de la identidad y de los valores que eran mejores para todos en el largo plazo la luna te ha ayudado en algunas noches a entender la magia que tus antepasados sintieron al verla enseñorearse de la noche de forma cíclica y recurrente y al final empezamos a salir de nuevo a ver el mundo con toda su belleza a admirar cada trocito de esperanza y libertad a respirar como quien se ha librado de una cárcel en la que falta el oxígeno pero aún no se atreve a pegarse ni al otro ni a la tierra y que ansía permanecer en su perímetro de seguridad hasta el final de los tiempos que augura largos pero no lo serán tanto porque su tiempo pasará y vendrán otros que le sucederán y serán mejores o más preparados gracias a su pequeña contribución a que su especie se perpetúe fuera ya las lágrimas y los aplausos y el tratar de ver el rostro lejano del vecino que te hace gestos amistosos ha pasado el tiempo y ha pasado lo más duro antes de una posible recaída o de un olvido y una fiesta de felices años veinte tal como lo fueron hace cien años antes de que todo se hiciera añicos por el ansia de dominio y por las desigualdades.

FIN

IMG_7396-EFFECTS

Poema 261: Duerme la ciudad

Duerme la ciudadIMG_4312

Duerme la ciudad, silente, detenida;

se hace aún extraño abrir la ventana

a la noche fresca ya de primavera

y no escuchar el ruido de los coches.

Se escuchan chirridos metálicos

que no consigo identificar,

imagino pájaros enjaulados o una veleta

que gira con el viento.

La noche se ha vuelto turbia,

el entendimiento opaco y la brisa

del pesimismo absorbe la energía restante.

Nada queda por hacer, salvo esperar,

contemplar el silencio.

El flujo de comunicación es gris oscuro

y una extraña emoción me oprime el pecho,

nada nos falta y todo nos es superfluo.

En la balanza del confinamiento se pesan

los libros con los paseos limitados,

la música con el aroma del campo.

Descansan las conciencias

tras todo el día chateando,

millones de conversaciones tal vez banales

se retuercen en las ondas invisibles.

La música de Copland me va sumiendo lentamente

en el sueño del que despertaré con júbilo en la calle,

victoria contundente o precaución respiratoria,

aún es pronto para vislumbrarlo.

IMG_4310

 

 

 

Poema 260: Doscientas ventanas

Doscientas ventanasIMG_4123

Hay doscientas ventanas encendidas al anochecer,

miles de muertos por la pandemia vírica,

el aire sin ruido debido al confinamiento.

Una pequeña urraca vuela hacia el alero

desde donde observa mi rostro en el alféizar.

Hay margaritas asomándose con timidez

a esta primavera sin gente en las calles.

Hay una voz que apenas me llega,

no atraviesa los nodos digitales,

pero sigo llamándola y aguzando el oído.

IMG_3990