Poema 309: La llamada de los libros

La llamada de los libros

Hubo un tiempo en que leía con tiempo por delante.

Retazos del final de un libro.

Un poema interrumpido por una idea.

Voces de vecinos que se filtran familiares.

Me siguen llamando.

Una escena me abre a la intensidad de un olor

insoportable.

Al frío en las orejas en días en la calle.

Lejos los libros, lejos el ahora.

En ese condenado poema larguísimo

no sobra nada,

ni una coma, ni una sensación:

está construido con tales retazos que te atrapa

en la semioscuridad erótica del cuarto.

Engaño, autoconocimiento, un regalo para la inteligencia.

Levanto la vista y sale Babilonia o Cheever.

Ahí está el futuro y todo mi capital.

Los colores, el papel, los recuerdos.

Poema 308: Ese tiempo desperdiciado

Ese tiempo desperdiciado

Ese tiempo desperdiciado no es mío,

es algo ajeno que me acontece y arrolla,

el vehículo imparable, gran tonelaje

de banalidades sin fin.

Raramente me enojo cada día

solo sombras de puerilidad o de imbecilidad

una invasión capitolina, una balanza

en la que no salgo bien parado.

El enorme placer de madrugar en soledad

de contemplar los tejados blancos por la helada

o la luna que ya difusa se oculta deprisa

como si no quisiera ver el desmadre

de tipejos que no cumplen las normas pandémicas.

La belleza es de una soledad desconcertante,

también la lectura,

abro un cuaderno con páginas blancas por delante

y garabateo lo que libremente fluya

sin cortapisas ni censura.

La alegría es efímera, o al menos esa alegría.

Soy consciente de que vivo dedicado a una suma

de instantes:

fotografías en ese momento de luz, un encuadre

efímero en un barrido ciclista,

el olor de un bosque en el que encuentras un níscalo,

esas nubes de formas aleatorias movidas por el viento.

Llega enseguida la alegría social impostada,

el juego maldito en el que acepté participar.

Estoy sometido al contraste necesario,

a un contrapunto de muchos instrumentos que dialogan,

una suma neoliberal de valores cotizados:

familia, soledad, abrazos y besos,

buenas y malas noticias, inestabilidad, energía,

ese instante en que la orquesta resucita las Variaciones Enigma,

una voz que decanta notas mágicas tras una ventana

horas antes del solsticio.

Mi tiempo social es melifluo,

contrapesado por decenas de libros apilados

esperando su lectura urgente y deseada.

Cuando haga balance vital habré olvidado los intersticios,

ese tiempo ya inexistente

en aras de belleza, cariño y una cierta soledad de fondo.

Poema 307: New age

New age

Nunca vi un cortejo fúnebre en un lugar turístico,

eso se esconde y minimiza.

Y sin embargo por entre los canales de Amsterdam

pasaron seguramente barcazas funerarias.

Ahora los viejos han sido expulsados de la ciudad

con añagazas economicistas

y la promesa de comodidad y de contemplación

de hermosas vacas frisonas,

de kilómetros de invernaderos repletos de tulipanes.

Dice M que encontró a un niño volando una cometa

sobre las tumbas de un cementerio guatemalteco,

una imagen de agencia Magnum,

una declaración cultural

capaz de anular el Lonely Planet que venía usando.

La muerte en Venecia crea una atmósfera decadente

que se suma a los atractivos turísticos de la ciudad

solo en la imaginación del viajero

plagadas las calles, plazas e iglesias de cruceristas

con prisa como yo mismo.

Solo un funeral de estado es imaginable

bajo la sombra de la Torre Eiffel,

o en los alrededores desiertos en estos días pandémicos

de Times Square.

Pero sin duda uno puede encontrar en Youtube un funeral

colmado de boato y majestuosidad en la abadía de Westminster

o en la plaza de San Pedro.

Por las calles de Brujas avanzan los carruajes negros y dorados

en un desfile fúnebre impagable para un turista

afanado en selfies y encuadres imaginativos.

Surge una nueva era de muerte y espectáculo.

Poema 306: Dejo constancia

Dejo constancia

La vida nos ha deparado un año extraño,

nada nuevo en el devenir histórico humano:

pestes, guerras, epidemias, barbarie,

la constatación de nuestra evolución inteligente,

ahora capaces de afrontar desastres globales.

Hemos revalorizado pequeños gestos cotidianos:

besos, abrazos, miradas, el aire libre,

la práctica docente sin barreras espaciales,

comidas, cenas, celebraciones,

un asomarse al balcón al anochecer.

Música, libros por leer, un acopio de cultura,

de evasión, de creatividad en tiempos difíciles,

ejercicio y más tiempo para disfrutar en familia,

son oportunidades recuperadas durante el confinamiento.

También poder respirar sin mascarilla en un bosque,

o escuchar el canto de los pájaros

en una avenida vacía de vehículos sonoros.

La banalidad de muchos actos cotidianos

se ha presentado como una visita inesperada,

engaños y trampantojos, estrellas del deporte

auténticos monstruos ineptos y acaudalados,

tantos objetos innecesarios en el día a día.

Una cierta comunicación inteligente y los equilibrios,

la información que llega desde múltiples ángulos,

las palabras obscenas interesadas en crear opinión,

insultos de desalmados con suerte evolutiva:

dejo constancia de todo eso en este año tan mortífero.

Poema 305: Espiral

Espiral

La vida es y fue dura en otras esferas, planos, estructuras.

Nadie parecía saberlo desde dentro.

Quien lo ha podido contemplar desde una comodidad exterior

(cine, libros, Historia)

puede creerse más sabio o más afortunado,

tal vez más rico,

pero está en su propia muñeca rusa,

en una esfera exterior de un juego que parece infinito.

La espiral de gente agarrada de la mano

simboliza ese avance de que no todos participan,

esa luz colorida, iluminada por la ciencia,

ese sostenimiento gozoso de la vida,

más frágil de lo que les parece a algunos,

más robusto de lo que sospecha la mayoría.

El optimismo es una medicina vital incomparable,

una energía, combustible, impulso mental,

la forma de abordar problemas y buscar soluciones

mientras se avanza y se decide y se yerra,

un grano de arena bullicioso en un devenir incierto.

Crear es dotar de movimiento y de necesidad,

alentar y sostener,

mantener una nube de ilusión en el presente de cada cual;

también expandir la capacidad de observarnos,

de comparar y olvidar por momentos la crudeza del entorno.

Poema 304: Polígono semiurbano

Polígono semiurbano

Las crisis del ladrillo más la pandemia

han llevado al polígono semiurbano a la ruina.

Permanecen las fachadas, como en la canción de Mecano:

la cara vista es un anuncio de Signal,

la cara oculta son cristales rotos,

okupas que pasan frío, ratas, maleza y desorden.

Hay cables que se cruzan aquí y allá,

Suciedad, muchas gasolineras sin que nadie las atienda.

Algunos atisbos de esperanza:

un cielo sacado de una película americana,

talleres, un rocódromo, dos hipermercados.

La ruina es el paraíso del fotógrafo

acostumbrado a flores y los colores del otoño.

Imaginas una chabola de madera

oculta en el edificio sin cristales,

sombras que se mueven en busca de electricidad,

un atlas de pequeños paraísos efímeros,

dolor y resistencia,

quizás los más preparados ante un desastre mundial.

Tratas de no verlos, como ocultas a tu mirada

las miles de cucarachas bajo la tarima impoluta

del suelo de tu casa.

Cuelga la ropa tendida en una cuerda catenaria

allá donde reverbera la vida.

Las sombras viven una Navidad diferente.

Poema 303: Ajenos

Ajenos

El operario que quema la madera cada mañana

es totalmente ajeno a la alegría

que provoca en mí el fuego en el bidón cortado,

la llamarada en medio de la niebla,

una guía en la ribera del Duero,

un símbolo en el viaje estructurado.

Una señora solitaria lanza piedras a las urracas

que picotean alegremente en la pasarela

para poder pasar por allí,

ajena a que es observada y juzgada como demente

por dos matemáticos corriendo por el canal.

Ajeno era el trompetista que da titulo al blog

cuando en una pradera junto al río Órbigo

interpretó su tractor amarillo,

ensayó su mejor saludo al auditorio natural vacío

y se fue en su Renault ocho derrapando.

Ella, ya entrada en años y carnes, espera,

mascarilla bajada, mirando sin mirar a la pared,

en medio de una calle anodina

a ser recogida por un coche tan verde oliva como ella,

ajena a la mirada del paseante con periódico.

La pareja mundana y atractiva, saluda efusivamente

a sus amigos, en la puerta del bar recién reabierto,

tiempos navideños icónicos,

olvido pandémico y ansia de vivir

conforme a los estándares de éxito evolutivo.

Poema 302: Funeral

Funeral

La muerte me conectó de nuevo con mi infancia,

con mi adolescencia,

con mis raíces.

El cielo parecía transmitir el desgarro y el frío

que la pérdida dejaba en los presentes.

Nubes deformes, colores de una agonía solar

sobre campos recién sembrados frente al cementerio.

El viaje a mis orígenes me regaló un disco:

Carestini el castrati,

la voz de Jaroussky, pura técnica vocal y bondad.

Mientras conducía por serpenteantes carreteras

evocaba otros viajes en soledad hacia la muerte,

la belleza del contraste con la tristeza,

los meses húmedos de campos baldíos y desiertos.

Fui consciente del regalo que deja en los vivos un funeral:

aprehender cada hierba, cada color, cada sonido,

la consciencia de lo efímero que será todo eso;

y al mismo tiempo, un homenaje al difunto,

el recuerdo amplificado y la desolación y el vórtice

que deja en sus seres más queridos.

La sustancia del funeral es la compañía,

fuerza de unción de voluntades, presencias silentes

capaces de unirse en atmósfera protectora.

Después esa energía se canalizará como consuelo.

Poema 301: Ola de frío

Ola de frío

El Papá Noel hinchable de la puerta del chino

se inclina con el viento del norte

llegan aires de nieve, la primera borrasca del invierno,

una pátina gélida que cubre las calles desiertas

por la pandemia y el toque de queda.

Centros comerciales cerrados, bares cerrados,

los mismos imbéciles desafiando las normas;

los más listos, los que tienen derecho a todo

a cambio de nada

llevan la mascarilla a modo de disfraz.

Llevo una vida modélica en las redes sociales,

blanca, atractiva, bella,

basada en dotar de continuidad a instantes hermosos,

a no pensar demasiado ni ser extremista:

hoy he fotografiado el ocaso, ayer el frío matinal.

Puedo sostener ideas e intuiciones,

transmitir una opinión creada por fuentes matemáticas,

entender que el frío en estas fechas y latitudes

siempre existió

pero ahora sorprende por su salto en el registro térmico.

Me equivoco y apuesto y me sigo equivocando,

soberbio, tiendo a pensar que son errores corregibles

en el largo plazo,

fallas de un sistema de pensamiento elevado pero no perfecto,

la razón de la sinrazón de una vida gélida de estudio.

El Papá Noel hinchable del chino, al que desprecio,

me da una lección de humildad:

soporta el frío, la pandemia, a los imbéciles que beben Monster

mucho mejor que yo,

renegado por la correlación entre costumbre y contagio.

Poema 300: Mis hijos

Mis hijos

Todavía puedo verme en los ojos de mis hijos,

inquietos burlones, ilusionados,

pletóricos de pequeñas tonterías

atentos al lenguaje desaforado e irónico.

Pasará esta unidad, el tiempo de la protección,

de la calma familiar ante la pandemia,

días en los que la muerte de Maradona

parece la única noticia que oscurece el ocaso del sol.

Ulises sigue vivo y su vuelta a Ítaca

consigue captar la atención de los niños

durante el relato hiperbólico y desenfrenado

fruto de la mala memoria y de la improvisación.

Diego Armando Maradona no era de su tiempo,

no aparece ya en sus cromos, ni en su Olimpo,

la edad de las mitificaciones parece haberse consumido

tras las derrotas democráticas de los populistas.

No sé quien soy. Cada día me reinvento

sin perder toda la predictibilidad de mis hijos,

me asomo al espejo sonriendo tranquilo,

soportando los crujidos corporales del tiempo.

La serie Gambito de Dama me hizo llorar de emoción,

abrió la compuerta para mover las piezas

sobre un tablero del que nunca me alejé del todo;

hoy, bajo demanda infantil, vuelvo a jugar con ellos.

Cada día me sorprendo por las habilidades que han adquirido,

música, estrategia en los juegos de mesa,

idiomas, lógica social, sutilezas del lenguaje,

un desarrollo exponencial del conocimiento.

Mi vida es una doble hélice con ellos,

a veces mi cara opuesta se aleja sin alejarse

cual goma elástica que vibra en la tensión

diluida en cada abrazo de buenas noches.