Poema 290: Deformación profesional

Deformación profesional

No puedo evitar el conteo de aves migratorias

en formación sagital,

ni estimar el número de ovejas de un rebaño

o el peso de una enorme paca de paja.

Me maravilla la altura de la torre de una iglesia,

la copa de un pino de quince metros de altura,

puedo abarcar los números y explicármelos,

mostrar a otros los pequeños saberes adquiridos.

El vórtice que deja en el agua un pato

es un ángulo que rompe el curso del río,

¿cuánto pesa la masa verde del árbol, cuánta madera,

qué geometría tienen sus hojas?

Puedo medir la pasarela de forma indirecta,

intuir la longitud de un paso,

cambiar la forma de un metro cuadrado

o aquilatar la lluvia precipitada en un día.

A veces valoras personas por sus notas numéricas,

etiquetas un objeto con un guarismo,

clasificas y seleccionas y decides

por el peso que has otorgado a distintos indicadores.

Vuelves otra vez a las aves migratorias,

te gustaría seguirlas en su vuelo en escuadrillas,

aprovechar las corrientes de aire

y alejarte del invierno de campos yermos y terrosos.

Poema 289: Debería pasar cada mañana por aquí

Debería pasar cada mañana por aquí

El paseo sobre el río no defrauda nunca,

patos que dejan su estela angular en el agua,

alguna garza sobre las ramas que sobresalen

de árboles muertos y sumergidos,

el color cambiante de la superficie y los verdes ribereños,

la estampa del pueblo centenario asomado al cauce.

Puede que algún viandante te devuelva el saludo

tras pasar la frontera de los acerolos;

puede que observes un corzo despistado

en una lengua de vegetación adosada a la corriente.

El cielo es un reflejo azul de nubes de algodón,

quizás no me dirija a ningún sitio,

solo me detenga a escuchar las campanas de la iglesia,

el toque a muerto en la mañana.

El camino me lleva a la biblioteca,

a un paisaje simple de líneas básicas

dibujado en la pared en tonos pastel,

a la plaza del pincho de tortilla.

Una vez hice de esta ruta un paseo geométrico,

una ruta matemática en la que medir y contemplar,

una reflexión sobre el modo de mirar las cosas simples.

Cada mañana debería pasar por aquí,

es una referencia estética y una forma de contemplar

el mundo que te rodea,

de oler el despertar de la vegetación,

de henchir tus pulmones para afrontar las vicisitudes diarias.

Poema 288: Septiembre

Septiembre

La luz de septiembre desciende hasta el equinoccio,

día a día, minuto a minuto,

puesta de sol enardecida a puesta de sol,

lágrimas de lluvia desgajadas de nubes negras.

Las emociones viajan en un tobogán incontrolable,

pequeñas perlas en forma de fotones

se convierten en arte, en imágenes o música,

un águila que sobrevuela un rastrojo

o un conejo desorientado que cruza un camino.

La dinámica laboral se transmuta en niebla,

difumina la belleza de los días del sol de vendimia,

colapsa las redes neuronales apresuradas,

deja resquicios en los que tu ser se expande sin límites.

Septiembre es un mes animado,

a un tiempo cálido y desapacible, mes de cambios,

de rutinas que regresan y de rutas que comienzan,

la transición poética entre los cuerpos veraniegos

y la ropa de temporada que al fin podemos estrenar.

Es un entrenamiento progresivo para la noche,

una decreciente sucesión de voces que se alejan,

de la algarabía cesante, de las bandadas de aves

retornando al sur cálido en el que guarecerse.

Septiembre es cine, es la lectura sin terminar del verano,

es una orgía de violines que distorsionan el aire,

una preparación estética para los graves estudios,

para fundirte en un abrazo o en una mirada acogedora.

Poema 287: Un día en el lago

Un día en el lago

El fuego del cielo es solo una medida,

existen muchas otras:

un castillo de formas rectangulares,

un problema de geometría entretenido,

bañarte en un lago entre risas infantiles,

observar la dinámica vital de una pareja joven,

la cantidad de tatuajes que llevan los bañistas,

y cerrar el ciclo otra vez con las nubes anaranjadas.

 

Sin mucho esfuerzo, olvidas la pandemia,

disfrutas de tu cuerpo al sol,

lanzas piedras que rebotan en la superficie

sin apenas olas del embalse,

una ardilla o un petirrojo son una novedad

en el mundo increíble de los niños.

 

El camino que rodea el agua tiene la forma de un ojo,

pescadores, parejas solitarias y adolescentes

ocupan su nicho en cada cala,

los peces zigzaguean en el agua transparente de la orilla,

los grupos de homínidos se refrescan;

el día transcurre de forma atemporal en la sombra.

 

Baile, movimiento, formas geométricas,

son simplificaciones, clasificaciones mentales

para poder transitar de forma ordenada por la vida,

casi todas las sensaciones se procesan por eliminación

de datos superfluos, idealización o demonización.

 

El castillo había sido destruido para convertirlo en silo,

la circunstancia que lo hizo posible es Historia,

tras siglos de conversiones religiosas y puritanismo,

el lago ha recobrado su pujanza de turismo interior,

allí mirando la superficie dinámica del agua

reconsideras el sentido inercial de todas tus decisiones.

 

 

 

 

 

Poema 286: Canto del caminar

Canto del caminarIMG_2075

A media luz, tras el ritual del despertar,

atraviesas un pueblo ajetreado en sus huertos,

lindo caminar sin otra intención que el placer

sensorial encerrado en tu caja craneal.

 

Ahí sumas experiencia, intuición, imaginación,

la vida que pasa por delante cada año,

miedo a extraños ruidos del amanecer,

la locura o el olvido que pueden acaecer.

 

Se afana el agricultor en abrir la trampilla

del riego por inundación, ingeniería del surco,

voracidad de la invasión acuática

murmullo de las acequias llenas de vida.

 

Asciendes por pistas y sendas tan diferentes

de las que has conocido en tu  niñez,

de los caminos que hollaron tus antepasados

en la meseta horadada por cuencas fluviales.

 

Te sorprenden las formas abigarradas de los árboles,

la piedra de aspecto fálico que parece coronar el valle,

la luz solar que va abriéndose paso por las gargantas

y torna dorada la penumbra y la oscura masa vegetal.

 

Tus piernas son tu conexión con la naturaleza,

ellas te permiten ver aquello que poca gente ve,

subir y calcular y volver, son tu medio de transporte,

la forma de huir si te acechan varios perros salvajes.

 

Por allí hay un canchal, aquí un manantial, allá

una torrentera que ahora baja seca y descarnada,

un pilón lleno de agua te muestra el ganado que no ves,

huellas, boñigas, silbos, cencerros, el todo habitado.

 

Decides regresar sin acercarte siquiera a las cumbres,

deben seguir siendo inaccesibles para ti,

son la ilusión por cumplir, el proyecto de tu madurez,

la medida creciente de esperanza y futuro.

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Poema 285: Time

Time

No hay tiempo

para esto o para lo otro,

desvías minutos egoístamente,

pierdes las horas muertas,

inconsciente, tecleas el móvil.

Los perfiles de las montañas,

múltiples planos superpuestos,

secuestran hipnóticamente la mirada,

bruma, verde,  fractal,

imposibles de aprehender en una fotografía.

Prados, robles, castaños,

piedras de formas caprichosas,

vacas, cabras, ovejas rumiando,

atraen, imantan, llenan los oídos

de música natural.

El tiempo vacacional llena vacíos,

despierta intereses olvidados,

ocupa, expandiéndose, intersticios mentales,

puedes despreciarlo un instante,

pero entonces redescubres su valor.

Las caminatas al amanecer sustraen

horas al sueño, tiempo de cama inerte,

se cobran después minutos en la siesta,

absorben cualquier instante del día

en el que poder caer en brazos de Morfeo.

Pero la redistribución del tiempo está ahí,

puedes hacer cálculos de ciclos de sueño,

aprovechamiento mental o juego,

conversar con alguien o leer,

al final la suma de todo tiende a coincidir.

Sabes que existen dilataciones: leer, viajar, meditar,

en esa búsqueda te desordenas,

en el arte, en la música, en llenar los espacios

mentales con los que haces tu cómputo;

ese es el truco de los dioses que no siempre funciona.

Poema 284: Despojos del mar

Despojos del mar

Ha llovido y la playa nudista está desierta,

el mar ha dejado sus despojos en la orilla:

una bota de fabricación irlandesa,

trozos de madera quemada, algas, hierba,

una pata de mesa de hierro oxidada.

El agua tiene un color que no invita al baño;

indeciso, permanezco sentado en la arena,

todo lo miro, el verdín de las rocas,

el cielo amenazante y plomizo,

la pareja de adolescentes que juguetea, cerveza en mano,

hasta desaparecer en las dunas.

Algunos bañistas han almacenado palos

en disposición cónica,

que invita a la hoguera en noche de luna llena;

aún no han podido mover el enorme tronco

varado en medio de la playa.

El mar copula con las rocas y las convierte en arena,

no hay gaviotas planeando,

quizás una solitaria se atreve a posarse en una roca,

otra vigila desde lo alto del acantilado,

el mar es una masa que la luna mueve a su antojo.

La playa veraniega es un ensueño turístico,

esconde plásticos, madera, botas y desperdicios;

las olas son un placer enorme para el baño,

apenas hay animales que puedan amenazarnos

en ese decorado que solo atisbas durante unas horas.

Poema 283: Días especiales

Días especiales

Días especiales, sol, verano, amplias vistas,
el recuerdo de una lechuza de caza en la noche anterior,
un baño en la mañana con cierto frescor,
los pájaros que pían en el jardín de las delicias,
todo confluye en la armonía de las esferas.
 
Pedaleo por caminos que he recorrido muchas veces,
siento cada bache y cada rodera,
reconozco uno tras otro los paisajes,
las plantas sembradas en el terruño,
las manchas verdes de los pinares.
 
Conozco el lugar exacto para ver la puesta de sol,
algunos árboles a los que subí de joven,
cada era en la que antaño se aventaba el grano,
casas y personas a las que saludo de forma rutinaria,
lavajos y pequeños manantiales de verdor perimetral.
 
Camino por calles con casas conocidas,
algunas desembocan en la plaza o en la iglesia,
puede que esta noche calurosa de julio
los escasos habitantes saquen sus sillas al fresco,
comenten sus andanzas del día o saluden al paseante.
 
Hay un cine de verano como hace muchos años,
entonces eran comediantes o tal vez artistas de un circo,
cada espectador aporta su silla,
los ruidos de la noche se solapan con la megafonía,
es una vuelta al pasado en tiempos de crisis.
 
El jardín de la casa solariega es un oasis de frescor,
destellos de rosas cuya fragancia no dejas pasar,
un delirio de colores, una suma de manchas armónicas,
la vida aquí es sencilla entre riegos y barbacoas,
es un fluir leve del tiempo interior de cada cual.

Poema 282: Noche de julio

Noche de julio

La soprano granadina reposa en la penumbra

semioculta por la sombra centenaria

de una columna helicoidal;

el joven moreno y apuesto desgrana 

notas de Debussy en su arpa legendaria; 

la estampa es bellísima: palacio, noche, música,

la serenidad calurosa del mes de julio.

Presiden el patio unas gárgolas enhiestas,

tracerías góticas y filigranas absorben la mirada,

mientras ella deja flotar en el aire canciones de Falla.

Rostros enmascarados detienen el tiempo,

aguzan el oído ante una nana;

la artista ha calentado su voz, y su sonrisa

flota con sonidos armónicos demorados

que viajan por el patio hasta fundirse con la piedra.

Voz, arpa y silencio,

aplausos nítidos  y alegría comunal en la música:

el público henchido de gozo eleva la vista 

a la bóveda mudéjar;

artesonado o heráldica, flores de lis o semiesferas

la vista encantada no descansa.

Poema 281: Cuerpo

Cuerpo

Habitas en un cuerpo que solo tú conoces,

sabes de sus carencias y fortalezas,

escuchas cada uno de sus síntomas,

hallas en él un equilibrio inestable

suficiente para la vida cotidiana.

Repasas los cambios en el espejo,

tienes una visión de ti diferente 

a la del resto de la gente que te mira,

eres esclavo y a un tiempo dueño,

te perdonas o no cada exceso y cada falta.

Estás orgulloso de esto o de aquello

detestas aquella parte que una vez fue señalada

y magnificas aquella ensalzada;

estás hecho de sombras,

de luces poéticas que alcanzaron tu ego.

Cada parte de ti tiene una historia íntima,

cada arruga ha sido merecida en el campo de batalla,

a veces no concuerda tu físico con tu idea de ti,

o tal vez coadyuva a tu miseria;

eres un todo inestable e impecable.

Tu cuerpo mide cada rayo de sol y reacciona,

se encoge y ensordece, o se agranda

en pecho henchido o en sonrisa profunda;

un dedo es suficiente para una tormenta

y es necesario todo el vello de punta en la alegría.

Habitas una estructura muy compleja,

la cuidas y administras cada día

acoplándote a sus cambios y dolencias,

eres un huésped necesario e intransigente,

una simbiosis afinada y sin fisuras.