Poema 320: Libros

Libros

Abro un libro triste, de despedida,

con la alegría primordial

de encontrarme el marcapáginas de mi hija.

El escritor maldito dejó un libro

terrible y sin embargo fascinante.

Leer un poema me cambia el tono del día.

Los miro, apilados, algunos con polvo,

son un tesoro, una promesa de buenos ratos.

Me vigilan, su presencia es estética,

orden, la estructura del mundo que me rodea,

múltiples ventanas, caminos, esperanzas.

En un tiempo recobrado de primavera

ansío encontrar un hermoso lugar en el campo,

desplegar mi silla y sentarme a leer,

levantar la vista un instante y absorber el verde,

llenarme los pulmones del despertar del cereal.

Poema 319: Achicar

Achicar

“L’enfer c’est les autres”

J. P. Sartre

La vida te mantiene siempre alerta:

un egoísta que no quiere vacunarse,

el negacionista de la pandemia,

un crédulo al que le conviene el error,

todos los compromisos contraídos.

Si un día descansas por obligación,

–enfermedad, placer, agotamiento–

al día siguiente tienes la barcaza medio hundida,

y ahí comienza el achique.

El destino de tu barca es hundirse,

pero la adornas, amplías, embelleces y cuidas,

procuras que no sea fuente de disgustos.

Escribe, escribe, escribe, lee, lee, lee,

entonces el agua ha entrado ya a chorro limpio,

lo sientes en las pantorrillas,

tienes cubos grandes y pequeños,

pero sobre todo necesitas tiempo, tiempo, tiempo.

Cuando el agua aparece por las rodillas

dispones de múltiples recursos:

cubos grandes y pequeños, bombas de achique,

pero también existe la suerte y las ayudas,

otros brazos, un sol que ilumina tus ojos,

una dosis de autoestima que te encandila.

Has aprendido con el tiempo que la barca se hundirá,

pero también que lo más probable es aún no lo haga,

y vives como si no fuera a hundirse,

cuidando de que no se encharque demasiado.

Cada vez hay más boquetes

pero soportas el agua con más estoicismo

disfrutas incluso con la forma de la inundación,

te estás convirtiendo en agua y adoptando sus formas.

Poema 318: Una palabra extraña comienza la historia

Una palabra extraña comienza la historia

Puede ser una planta exótica

o una estrella de la que no habías oído hablar,

o el nombre en clave de un puerto pirata,

quizás la maldición de un dios antiguo.

Tendrá un color dependiendo de sus vocales,

un sonido cercano a tu habla

una forma en la lengua que la moldeará.

Si fuera una estrella, sería un punto fijo

una guía para marinos o caravanas,

un divertimento en la noche de perseidas.

Si una planta, podría ser carnívora

o bien desecada un bebedizo, filtro amoroso,

pócima o elixir de una cierta juventud.

El puerto pirata sería un lugar aleatorio

en el que la muerte o la vida se jugarían a los dados,

una tierra efímera y efervescente.

El dios, me lleva a Egipto, de nuevo a la arena

de un desierto que tuesta la tez,

levanta tormentas de arena que ocultan la momia.

Las palabras moldean el mundo,

lo visten e iluminan, dan sentido a la vida,

o forman nubes y neblinas, lo oscurecen

a la espera de un viento suave y húmedo,

cálido y marino que despeje toda la tensión,

y resucite esperanza e ilusión del azul celeste.

Poema 317: Kapellmeister

Kapellmeister

No he podido quitarme esa palabra de encima

en todo el día.

He viajado al siglo dieciocho,

escuchado algunas Cantatas de Bach,

me he apoyado en la misericordia de un coro,

he imaginado la fuerza magnética del personaje.

Este vocablo es un poema en sí mismo.

Ya sé que puede traducirse,

que no es tan especial, ni tan diferente,

ni siquiera los colores que evoca el vocablo

–granate y amarillo–

me producen delectación o sorpresa o armonía.

Es la sonoridad, y la música.

Puedo vislumbrar un coro titubeante,

ejercicios de voz, murmullos, risas,

hasta que de repente dos teclas del órgano

inundan el espacio,

penetran en los tímpanos de cada soprano,

contralto, tenor y bajo.

El maestro concierta y marca el camino.

Cuando detiene el fuelle del órgano

las voces de han concertado,

se elevan hacia la bóveda y allí permanecen

suspendidas un instante de magnífica divinidad.

El maestro inspira esa música y acaso

sonríe para sus adentros.

Poema 316: Vorágine y caos

Vorágine y caos

A veces siento que el mundo va muy deprisa

quizá es una evocación cósmica,

esa velocidad que solo puedo imaginar

del planeta transitando en su órbita solar.

El desorden animado me obliga a improvisar

un toque de la batalla quizás evolutivo

que activa tormentas mentales

sin satisfacción ni tiempo de placer.

En ese caos creativo me afano

en la búsqueda de patrones conocidos,

de mínimas certezas de escalador

sobre las que pueda permanecer un instante.

Miedo, incertidumbre, inseguridad,

catalizadores de procesos de supervivencia

un fugaz detalle que todo lo cambia

alegría o pertinaz hundimiento.

Puede que en la música o en las rutinas

esté el sostén y la guía con instrucciones,

disponer de unos minutos para reposar la luz

aislarte del dolor y de los problemas complejos.

Cuando mi cerebro reconoce algunos asideros

se intenta adaptar sin resistencia fuerte,

libera sustancias que inundan mi rostro de sonrisa

y desprecia por banal toda discordancia.

Poema 315: Silencio

Silencio

El silencio lo rompe el réquiem por Sigfrido,

entonces imagino mi muerte

y esa música tremenda que desgarra la tarde,

proporcionando tal vez un momento de belleza

en quienes lo escuchen

como otros funerales lo hicieron en mí.

El silencio lo rompe el canto de un mirlo

mientras leo sentado en el banco de un parque

en este falso inicio de primavera,

y ese canto me lleva a un patio de Córdoba

en el que leía El cielo de Lima,

antes de escuchar El mirlo del pruno,

que es un gran trovador.

El silencio me desgarra como el sol poniente

desgarra esas nubes en el horizonte,

antes de que coloque el disco de Amancio Prada

recitando el Cántico Espiritual de San Juan

capaz de encender en mi espíritu el mismo color

naranja-intenso de la puesta de sol.

El silencio es un bien escaso en la ciudad

al igual que la forma de salir de él

llena de sorpresas e incertidumbre:

los murmullos crecientes en la terraza de un café,

el agua que cae en la cascada junto al molino

y te hace evocar la nieve y el deshielo.

Poema 314: Sala de exposiciones

Sala de exposiciones

Miseria y luz, o ladrillo evolutivo

como si fuera un cerebro humano,

el peligro que siempre viene de los otros,

y entre tanta maraña de humanidad

el arte, el juego geométrico,

el pensamiento elaborado y poético

de un fotógrafo mago, creador

de caminos neuronales ambiguos,

allá donde el reflejo

aporta un punto de vista propio

y la fotografía es ya tu fotografía,

e incluso el marco eres tú.

En una capilla reconstruida

se han tejido hilos sobre ruinas;

en ellos juguetea la luz en haces

de líneas proyectadas en seda.

El visitante busca ángulos y vislumbra

planos formados por familias de rectas

indiferente a los morados de los focos.

En un árbol florecen letras y su significado

te habla a ti en ese instante de paz,

en el hueco mental que abres a la belleza

y al arte visual.

Destaca sobre todos los montajes el color,

la ropa tendida, los cables

el desorden urbanístico superpuesto,

ese ladrillo que ocupa todos los espacios

de una fotografía modesta y llena de vida

en la que la única persona parece una estatua.

Al salir, el toque de queda obliga a conectar

la lluvia con tu rostro sonriente.

Subes la capucha de tu sudadera y aprietas el paso.

Poema 313: Inexpresivos rostros

Inexpresivos rostros

Los rostros se vuelven inexpresivos

se apagan al acercarse el toque de queda,

el amor que estaba en el aire

ha quedado suspendido en el ocaso.

Casi todo el mundo camina envuelto

en su mascarilla de diseño,

un disfraz y una protección mental leve

ante el desorden neuronal pandémico.

Los homínidos se dispersan en todas direcciones

caminantes, buscadores, deportistas,

un hormiguear en un terrario,

todos poseedores de la verdad suprema.

Se multiplican los jugadores virtuales,

afloran los tramposos en pos de las vacunas,

otros disfrutan de bajas laborales

o se ponen en cuarentena por contacto estrecho.

Todo el mundo ve series al destajo

quizás sin la necesaria introspección,

una idea del mundo expandida al milímetro

por guionistas creadores de opinión.

Los cuerpos se acostumbran a la soledad

del entorno familiar,

a la propia burbuja sostenida in extremis

por una efímera esperanza de futuro.

El carnaval luce espléndido, los ojos fijos

en días iguales a los anteriores,

la mísera muerte aleatoria en lontananza,

las bocas carnosas no muerden la manzana.

Poema 311: Seda

Seda

Aquella chica que lee acurrucada en el sofá

al lado de la chimenea

mientras todos duermen en la casa

está creando una imagen idílica para siempre.

No importa el libro, aunque lo memorizará

en su mitificación,

importa el lugar y la circunstancia, la belleza

el bienestar que está sintiendo,

lo singular que ella es en ese grupo y en cualquier otro.

Ya no es una chica, es una mujer

y se ha arreglado para tomar un café conmigo.

Casi solo existen sus ojos que devoran palabras,

enhiestas pestañas que los agrandan;

hace preguntas clave y con ellas crea un mundo

lo desarrolla en una maqueta

construye gruesos cimientos bien soportados

duda, y en esa duda está toda su energía.

La luz intimista de la chimenea dota de continuidad

a las palabras fabuladas,

después vendrá el esfuerzo, la evaluación

el gusto innato por aprender cada mecanismo.

La literatura ha amortiguado la competitividad.