Poema 81: Sociología

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Los muertos también votan,

quieren conservar su predominio,

el blanco resplandeciente de sus tumbas.


La rebeldía agota el saber,

concupiscencia humana,

¡reprodúcete, ya se aprende en el aire!


El vuelo insistente del buitre

en círculos, no presagia nada bueno,

cuencas vacías y competencia.


El vals de dos figuras enlazadas,

proyecta una ilusión óptica,

sombras y optimismo evolutivo.


La vanidad, cálculo aleatorio,

ciencia impredecible a priori,

esfuerzo explicativo de gran desgaste.


Los discursos epidérmicos

horadan los túmulos recientes,

desordenan retazos de ilusión.


El camposanto rezuma impaciencia,

índices de poder manoseados,

resucita y elévate y gobierna.

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Poema 80: Pelo rojo

                  Pelo rojopagoda poema 80

Libros basura inundan las puertas del kiosco,

los palomos copulan sobre la enredadera

en un escándalo de plumas y hojarasca,

el avión pintado en la pared

apunta a la pagoda del tejado hundido.

Sordidez. Los dueños se aprestan

a cruzar sus perros, ella

busca la postura correcta, gesticula

ágil bajo su pelo rojo.

Solsticio de luna llena, magia

en el aire al fin cálido, olor a cereal;

camino con pesadez observándolo todo,

consciente de mi barba de dos días,

de mi atuendo poco apropiado.

He encontrado la corriente de aire

cálido que me puede transportar

por encima de mi aspecto,

el pensamiento crítico, la palabra exacta,

la voz que obliga a ser escuchada.

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Poema 79: Difuntos

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Escucho el terrible testimonio

de su propia muerte,

-que esta vez no fue-

cucarachas y arácnidos

en la pared impoluta de la UVI,

el sonido de la tapa del ataúd,

el hombre lo cuenta con humor

y resignación impotente.

 

El recuerdo de las voces de los muertos,

me persigue más allá del cementerio,

voces sarcásticas o animosas,

la voz suficiente de los mayores,

el pitillo en la mano, que los fulminó,

las historias desgranadas entre risas,

sus ganas enormes de abrazar la vida.

 

Pedaleo con fuerza entre las flores,

me alejo de los difuntos,

mas los llevo conmigo en el magín:

uno porta a sus muertos con indiferencia,

conocedor de futuras lágrima internas,

de la lucha desigual de la creatividad

contra una muerte cierta y aplazada.

 

La ilusión de la savia joven,

el cíclico renacer de los campos,

el trampantojo de la fuerza muscular,

la pátina costante de olvido,

todo me insufla energía, risa,

Carpe Diem, voluntad de disfrute,

la maravilla aparente de la belleza.

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Poema 78: voces

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Locura transitoria, indistinguible

en medio de la belleza.

Voces onomatopéyicas, agua y más agua,

degradación moral y miedo

interno a tus propios actos.

 

Voces impostadas de actor

cuando ya apenas hay público,

nubes de desorden,

danza ejecutada ante la cámara

potencia muscular de apariencia sexual,

ritmo y golpeteo, los ojos

concentrados en la vida interior.

 

Voces exhaladas con apenas ya

un hálito de vida, la barba

no se resiste a crecer en el rostro moribundo,

los ojos no saben donde posarse.

 

Voces a la deriva, desesperadas

surgen de una niebla marina,

encogen tu corazón,

miedo a los límites

incógnitas de la moral superviviente.

 

Voces rítmicas, la repetición inane

de una casette,

el aullido degenerado en ronquera.

 

Voces sedientas de otras voces,

voces nutricias, una inflexión familiar

en medio de la distorsión turbulenta,

conoces e ignoras, el extraño

tan conocido no es tu alter ego,

es una entidad capaz de fantasmas,

es una otredad reptiliana

repleta de fuerza y deseo.

 

Voces del inframundo en tu sueño,

puertas y puertas que te llaman

por tu nombre, todas terribles

iguales en blancura grisácea.

 

La voz animal dicta sentencia,

produce una perturbación

en la superficie de la piel,

eriza el vello, contrae todo tu cuerpo.

 

Voz del averno, voz dramática,

la voz que atrae al suicida,

todos los vicios y todos los pecados

en la voz inflexionada,

en la puerta del cuerpo y del alma.

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Poema 77: La vida en mayo

  La vida en mayo
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Lentitud. Los ojos mínimos
perturbados por algún polen.

Belleza, tanta, tan inasible,
un ondulante mecer
de un centeno allí donde lo esperas.

En el cruce del camino pinariego
no hay sembrados este año.

Corre cantarina el agua del río,
entre juncos y sauces,
allí hubo un pueblo
antes de que la riada lo arrastrase.

Mirlos y grillos se disputan
el registro sonoro.

Cardos verdes; allá en el abandono
nadie los erradica.

Aún el calor no ha despertado
los aromas tan intensos,
la embriaguez olfativa.

El viaje ideal, detener el tiempo
en una isla griega,
flores y brisa marina,
las altas cumbres todavía blancas,
sin nubes en la mente lúcida,
sin pensamientos de soledad
frente a una fortaleza veneciana.

Ese momento vital de pensamiento,
ora recuerdo, ora futuro perfecto,
se funde con tu yo esencial
lo abraza y lo confunde,
forma parte ya de tu sustancia íntima,
te nutre y te sustenta,
fortalece cada una de tus partículas,
elonga tu espíritu,
lo funde con la belleza primigenia.
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Poema 76: Caricias

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La caricia de la chica, mirando al mar,

el sueño reparador de esa mujer un martes

tumbada en el asiento delantero del coche,

la diosa sexagenaria desnuda en la playa:

cuerpo de mujer, esencia del mundo.

Envidia de esa mano repleta de caricias,

de la seguridad de un sueño en público,

del paseo nudista bajo el pelo plateado.

El azar te hace contemplar escenas ajenas

que no son para ti, mirada poética,

búsqueda de belleza, insondable observar:

unas flores o el cuerpo inmarcesible

que esquiva las frías aguas del Cantábrico.

Ella, recién estrenado su carné de conducir

observa con pasión el rostro amado,

lo sondea con sus manos, lo envuelve e hipnotiza.

Melancolía de la edad, tesoros gnómicos

escondidos en los pliegues de mi cerebro,

flores amarillas de los tojos espinosos,

el azul reverberante del mar en mis ojos,

un olor a hierba que emerge de los prados,

el viento ondulante sobre mi cuerpo desnudo,

la novela centrífuga que leo en la playa;

todo eso me hechiza y me conforma,

define mi deseo, lo moldea y expande,

maravilla y fuente de vida, luz propia.

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Poema 75: Terror

 

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                         Terror

En los silencios donde nadie duerme,

allá donde los lamentos nadie escucha,

en el lugar en que las barcas pasean

barqueros entoldados de ritmo lento

e infinito, hay gritos ahogados

solo aptos para hipoacúsicos inertes.

 

En medio del sueño, un coro de gritos,

puertas indistinguibles, estética de manicomio,

luz estroboscópica, aullidos, un ritmo

conocido presente en tu cerebro,

heredado de tus ancestros paleolíticos.

 

Una voz susurra en la madrugada,

ignoras su procedencia, radio automática,

la voz penetra en tu duermevela

exige su presencia en tu cerebro,

dispara alarmas que creías olvidadas.

 

Y de repente, ya nada suena,

tu cuerpo ha perdido su peso,

ingrávido sientes inmovilidad completa

en tus extremidades; un color

pugna por apoderarse de todos los demás.

 

Una imagen, una.

Va nublándose, se desenfoca,

pierdes la señal.

Fuera de ti.

 

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Poema74: Perturbación

          Perturbación

San Rocco

Está nevando en plena primavera,

el marinero lleva la gorra al revés,

en el hotel abandonado, los vigilantes

han establecido un prostíbulo,

lady Ofelia resucita para caminar

sobre las aguas de su lacustre lecho.

 

En la iglesia de San Rocco, aún vacía,

canta un coro erudito unas vísperas;

un Papa solitario en su reclinatorio,

vestido de blanco, sin boato,

ensaya la comunicación con la divinidad.

 

En una plaza pública

atestada de jóvenes silentes,

un vate recita un abstruso poema gongorino;

resuenan sus palabras

en la fachada de una iglesia neoclásica.

 

Los tocones de la hilera de chopos,

talados hace semanas,

supuran un dolor anaranjado,

su ausencia en el paisaje

transmite profunda desolación.

 

Las flores amarillas de colza,

encienden la color en tus ojos,

súbito bailan una danza de lluvia:

dolor, belleza, imaginación, soledad.

colza

Poema 73: Fragmento automático

                                                                              Fragmento automático

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Inútil el pensamiento elaborado, la vaga sombra de recuerdos, la vida misma, el hecho aislado de un movimiento mecánico, la edad, el dolor envenenado de las articulaciones ante la ausencia de movimientos, vaga edad, vaga sensación, moroso permanecer, frente a la pujanza de la ausencia de vida, de tiempo vital, de energía, uno observa su don quijote más próximo y siente el vacío de un abismo físico o mental que terminará por llegar; permanecer a costa de lo que sea, aprovechar cada instante, vislumbrar emociones, la ilusión de cada día, de centrarte en las pequeñas alegrías, de valorar el beso de tu hijo al despedirse de ti en el colegio sin preguntarte (demasiado) ¿cuánto durará?, sombra libre de precauciones, sale el sol y ella se extiende, se encoge o se elonga, en virtud de la posición del astro, mecánica, vorágine de datos, pesimismo gubernamental, nadie afloja más allá de sus propias ideas egocéntricas o de su cálculo futuro a medio plazo en un espacio necesitado de optimismo, de posibilidades, de pequeños cambios y seguridades, una primavera política que no aparece, tantos palos, y tantos desengaños, y tanta búsqueda de la riqueza personal o del ensalzamiento de unos pocos, cambio de cromos, todo gris, sorprende cualquier atisbo de belleza, cualquier sensación de libertad o de soledad, el poder escribir a uña de caballo sin detenerte en consideraciones logísticas o de conveniencia o de quién leerá tus desatinos y tus desvaríos, una novela, un poema repetitivo cargados de fotos del cielo, de sensaciones optimistas las más de las veces, pero no siempre, festejo de la vida o lamento dulce del amor que aún perdura, colateral y diáfano, besos y caricias, y el desatarse del deseo en una umbría carnal, erótica, fuente de vida, fuente de estimulación mental, vorágine, permanencia, vitalidad sin cálculo, orden de tu universo, renovador, elegíaco, transversal; observo la triste condición de un limpiacristales, ropa enorme para su cuerpo, las circunstancias sobrevenidas, malas decisiones, suerte adversa, nadie está libre de esas circunstancias; el rictus de mi cara o la acidez de mi comentario en una tertulia improvisada junto al café con magdalena, pesimismo, la vida observada sin filtros, sin serotonina, una sucesión de acontecimientos o de maldades o de falta de inteligencia colectiva, y sin embargo la experiencia, las lecturas, el aguante físico y emocional del ser humano, dicen que estos estados colectivos e individuales amainan, que se suceden toboganes, que uno es susceptible de renacer a la esperanza y a la ilusión cuando parece más hundido, y que las botellas lanzadas al vacío, a veces son recibidas por alguien comprensivo; quizás eche a andar una novela o una historia en tu imaginación o te sientas orgulloso de un poema o seas capaz de resolver el problema que te ha surgido en una de tus clases, o te sientas bien acogido en el seno de cualquier colectivo; el desorden entonces se vuelve sosiego o desasosiego permanente, la voracidad del tiempo que antes parecía eterno alcanza un protagonismo mental que te excluye de pequeños placeres mundanos, el dorado de tu dedo convierte en maravillosa cualquier cosa que tocas, magia, lujuria de días en los que la fortuna te sonríe, en los que la mirada se vuelve penetrante y aprecias la estructura de cada objeto emergente en tu campo de visión, eres singular y al mismo tiempo participas de desórdenes colectivos, de estados de ánimo sociales, de proyectos, de menciones en una red social; búsqueda continua de tu poema, de tu lugar, de tus posibilidades reales; surge sin embargo de repente un agujero negro, torbellino en el que aparece la muerte, en el que te sumerges sin saber qué es lo que vas a encontrar, sin saber si saldrás de ahí, si seguirás viendo abril como un mes de apertura de flores y plantas de destape corporal, de vitamina solar o por el contrario será el mes cruel de Elliot, el mes en el que la tristeza es más profunda por el contraste con la luz, con la alegría de la naturaleza; uno es sensible a cada minúscula partícula de soledad o a la lágrima que contempla en ojos ajenos, enrojecidos, ojos amados de los que has extraído tantas sonrisas, tanto alimento; eres un ser vertical y anónimo, paseas tu silueta sin ton ni son por la vida, rozas otras esferas y a veces ese leve roce produce puntos singulares, catástrofes funcionales que no lo son, perturbaciones desproporcionadas, incógnitas para ti, muestra de la matemática difusa, de lo inesperado, de convulsiones encadenadas de las que fuiste el iniciador y no lo has sabido, ídolo de quien no conoces, crítico hasta la náusea contigo mismo, voraz consumidor de belleza, depositario de palabras y de sensaciones; en medio de todo eres capaz de soltar esa lágrima reprimida, postergada, de leer un fragmento en voz alta y maravillarte de tu propia tonalidad, de la inflexión de tu voz, de la seguridad aparente con que recitas, frente a tu propia consideración, no hay dioses ni hay idea que no pueda ser transformada en literatura, la ficción es más real que la propia realidad, la convicción lo es todo, es el arte de perdurar, es la belleza instantánea que se perderá dos nubes más allá, es el soniquete rítmico de percusión en una orquesta en la que eres el director y decides cuando entra el timbal, cuando el cántico apoteósico de un barítono ilumina todo tu derredor, taumaturgo y erudito, capaz de sumar momentos de gloria.

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Poema 72: Nubes

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En las entrañas del cielo
confluyen miradas principescas,
anhelos, plegarias,
el reflejo de una luna oronda.

Un efebo que no soporta
su hermosura,
una adolescente captada
por el lado oscuro.

En el paisaje celeste, las nubes
modelan la luz, la filtran
la pervierten, consienten
sus caprichos alabeados.

Las miradas del siglo dieciséis
aún vagan por el espacio
en forma de ondas huérfanas,
Cervantes o Shakespere nos observan.

La geometría del tetradimensional
permite los atajos de la luz,
circunvoluciones, pliegues,
la locura no euclidiana en su esplendor.

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