Poema 99: Caleidoscopio

Caleidoscopio

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La luz dibuja formas geométricas y colores,

movimiento matemático inaprehensible,

hace dudar la vista, descompone

tu campo visual en polígonos estrellados.


El adulto crítico se metamorfosea en niño,

maravillado por espejos, luces, convergencias,

consciente del engaño y de la razón superior

se abandona a esa belleza singular.


Te sientes mosca

seducida por la armonía dinámica,

atrapado en una red infinita de imágenes

en el interior de una semiesfera.

 

Te sientes espejo, viajas por la frontera

de hexágonos, triple simetría inquieta,

sensación de volumen, embeleco

generador de fantasía animada en la luz.


Mezclas la mirada a través del obturador

con libros, luces, puertas y ventanas,

desmesura de colores, el pensamiento

atrapado en una red infinita de láminas.


Podrías vivir atrapado en esa perfección

recurrente, en esa mirada distorsionadora,

dueño y señor de la belleza mosaica,

geómetra elevado a la esencia del cosmos.

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Poema 98: Vagabundeo hogareño

Vagabundeo hogareño

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Das vueltas por la casa sin hacer nada,

lees un artículo, miras el móvil,

inconsecuencias y tonterías

vanas ocurrencias, una imagen

para el consumo rápido.


Observas tus lugares: libros, un mueble,

unas fotos o un cuadro,

la casita de muñecas que construiste

pacientemente en tu juventud,

todo en lo que posas la mirada

te proporciona una cierta seguridad.


Eres libre de considerar el tiempo discontinuo

por muy errado que estés.

Placer o dolor al caminar

te detienes a leer un poema

o a jugar a las cartas con el niño.


Apocalipsis, yugos, errático vagabundeo.

Tu sombra en un espejo plano

evidencia tu edad o tu disgusto

o enciende la luz en tus ojos

en ironía continua impagable.

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Poema 97: Oficio de poeta

       Oficio de poeta

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El calor de la lumbre de un poeta

está en la llamada de un espacio en blanco,

en la voz dubitativa, en la imagen

que aparece en un limbo mental.


Ahí reside su alegría, su esperanza,

¿cómo se pesa el cariño?

¿cuál es la idea que quedará en el lector?

¿puede un escritor aficionado llamarse poeta?


El calor está en la mirada,

en el árbol decadente iluminado por el sol,

en unas hojas volanderas multicolores,

en un encuadre que nadie más puede ver.


Ahí reside el secreto iniciático,

en una combinación ilegal de palabras,

en el traspaso de los límites cotidianos

o en la huida de los lugares comunes tan nefastos.


El calor está en la necesidad creativa,

forja sin ideas preconcebidas,

o germen impúdico, dinámico

transformado y alabeado en cada instante.


Ahí reside la gracia, la metacognición,

el instante de desánimo convertido en poesía,

la lucha constante de la mirada, la ética

la lógica y el estado de ánimo tan tenue.


El calor está en algunos mágicos instantes,

en la chispa que prende con fiereza

y ya no es posible renunciar a ella,

en la capacidad aprendida de moldear un verso.

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Poema 96: Poesía

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Un sonido, un instante

olvidado bajo la niebla, la lluvia,

la carrera,

una chispa del azar,

una deformación estética,

miope encuadre aislado

un detalle evocador

una luz, otro poema.


Un razonamiento matemático

unas hojas que caen con suavidad

la estela leve de un avión en el cielo,

el rumor

sencillo de una fuente,

quietud, una silueta anciana

recortada contra la niebla.


Un juego de nubes cambiantes

en una tarde inesperada de otoño,

agujas de pino casi transparentes,

blanco y azul,

nostalgia, melancolía,

la sonrisa inmediata:

contrapunto estético de quien escribió un poema

y no puede repetirlo.

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Poema 95: Personaje feminista en busca de relato

Personaje feminista en busca de relato img_20161104_160458

Miasmas, escorrentías, llueve

hojitas amarillas bajo el árbol mágico,

se ha renovado el aire

y el personaje crece y busca su salida.


Rueda como una bola de nieve,

se enriquece, absorbe aquí y allá,

se nutre de cada conversación

de cada idea filtrada por la razón.


Ella tendrá su visión del mundo,

sus expectativas, sus miedos,

caminará sola sufriendo miradas

machistas humillantes.


Despreciará la cómoda insensibilidad

ignorante o la tolerancia pasiva

de sus congéneres, luchará por su libertad

social y su idea de sí misma.


Deseará y será deseada en igualdad,

leerá e investigará los motivos seculares

de su yugo religioso y comunitario,

florecerá su sexualidad sin límites.


Ella continúa definiéndose cada hora,

en paralelo decenas de relatos la rozan

o llaman con insistencia: amante, asesina,

guardiana o directora de orquesta.


Llueve, todo se renueva, el peso

de las hojas de los árboles es incalculable,

camino sin paraguas, sostenido por la imagen

de mi personaje en busca de su relato.

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Poema 94: Rumor de hojas

    Rumor de hojas img_20161029_183502

Rumor de hojas que caen,

sol, el parque mágico

en la soledad de un mediodía

paz, niños y perros.


En un traveling abrupto, niebla,

bruma marina, húmeda oscuridad,

los fantasmas de las hojas

reencarnados en olas de blanca espuma.


Miedo. Noches de difuntos y espectros,

voracidad, anacrónicos cascos

de caballo con jinete descabezado en la playa,

una risa sardónica amplificada por la niebla.


Sientes la humedad en tu piel,

el temor frío alcanza el tuétano

de tus huesos fuertes, tiemblas,

la luna acunada ya no va a aparecer.


Toda la leyenda colectiva pasea

esta noche por tu mente,

altera el razonamiento lógico

lo somete al ritmo paralizante del miedo.

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Poema 93: Se han ido

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Cuesta pensar que a algunas personas

no las verás ya cada día.

Sonrisas, ojos inquietos o audaces,

fervor en lo que instalan su mirada.


No se han ido, mas ya no están para ti

o tú no estás en su plano temporal.

Cuesta entender tu simplicidad compleja

las causas ocultas tan nimias

el proceder alegre o enfangado,

la ilusión motriz de cada instante.


Hay poetas que cantan el olvido

hay quien sostiene el equilibrio

en la alfombra mágica del tiempo.

Hay quien empieza a estar

cuando se ha ido y vuelve -eterno retorno-

y se aleja conforme las estaciones

mimetizan su color.


Tinieblas en un mundo caótico

sobre el cual surfeamos sin fin.

Crestas, olas y heroicidades

la paciencia del mar en calma,

frío y calor en corrientes invisibles,

un neopreno en la piel curtida.


Más vida, más complejidad emocional,

una simple metáfora dura un instante,

permanece en el viento entre dos sinapsis,

la vida sin embargo golpea una y otra vez,

se encoge y elonga, sonríe,

trastabillada avanza, seduce y colma.


Se han ido pero permanecen idealizados,

regresan, saludan torpemente,

crecen siguiendo caminos que sugeriste,

quizás guarden en su magín una palabra

o la idea más inesperada,

un gesto o una mirada de esperanza.

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Poema 92: Extravío

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Corre el agua por las regueras de la montaña,

unos hortelanos se afanan con sus azadas,

respiras hondo la humedad cargada de olor

a la tierra, al aroma que ofrecen las plantas.


Caminas con tu palo de contera de acero,

imperturbable, todo lo observas:

el cauce cantarín del río subalterno,

las huellas del ganado en el centro del camino.


Una voz, un grito lejano, aguzas el oído,

calma, el aire prístino tras la lluvia

es un excelente conductor, recuerdas

el pitido de un tren en tus años de infancia.


Te acercas al lugar mágico del cruce de cañadas,

asciendes entre zarzas y espinos,

noventa varas reducidas a una senda retorcida,

buscas la piedra, el ara de las vistas mágicas.


El valle se abre hasta el pantano neuroniforme,

verde y azul partidos por la cremallera

de la autovía de la Plata; ¿Cuántos pastores

dominaron desde aquí el amanecer?


Al descender escuchas de nuevo la llamada:

Filo, Tilo, Milo, piensas en un perrillo extraviado;

el golpe seco en el prado de al lado

te distrae un instante del perro perdido.


Dos machos cabríos chocan su cornamenta

una y otra vez, agachan la testuz, embisten;

es un espectáculo digno de un documental

somnífero, de sobremesa en la dos.


Al fin el dueño del grito me alcanza:

-¿has visto un perrillo blanco chiquinino?-

lleva horas buscándolo, al grito, al silbo,

mas no debe haber venido por este camino.


Lo sigues, camina a paso rápido y eficaz;

adaptas tu ritmo al suyo. Preocupado,

desilusionado vuelve a casa,

baraja todo tipo de infortunios para el can.


-Papá, Milo ha vuelto, él solito-

el padre endereza su cuerpo, quizás sonríe,

el niño de ocho años lo abraza,

franquean juntos la verja de su casa.

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Poema 91: Sucede

            Sucedeimg_20160915_094137_processed

Nunca es de noche ahora,

crecen y crecen las plantas silvestres,

los piñones y las almendras servirán

para el invierno,

la luz puede desintegrar las agujas del pino,

convertirlas en fuegos de artificio.


No hay realidad, consumes y construyes

tus propios decorados;

todo se mueve pero tú permaneces,

la sangre no huye de ti

peregrino de imágenes y báculo.


La matemática puede modelizar tu vida,

o decorar tu perfil de Facebook,

abrir la mente al orden de las ideas,

dibujar un cuadro áureo o expresionista,

hace crecer el brillo en ojos muy amigos.


El desánimo es un pequeño dolor,

o la ausencia de energía vital,

horas y horas que pasan sin tregua,

el avance de otoño-invierno en la televisión,

decorados en torno a un desfile de ropa interior.


Nunca es de noche, vértigo en la palabra

de quien sustenta el mundo,

ahora yaces tendido en otras esferas,

sopesas la música, un piano junto al mar,

la inocencia que corretea por la playa.

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Poema 90: Al fin la lluvia

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Al fin la lluvia de gotas enormes,

tormenta, viento, furias desatadas,

erinias en busca de víctimas,

un relámpago de ángulos agudos,

el castigo de un trueno tras otro,

petricor, brilla el suelo agradecido,

se serenan los elementos, hueco cenital

para la mansa lluvia de sonido monótono.


Mi hueco vital no deja seco el suelo,

quizás ya no estoy, solo soy el fantasma

de mí mismo, las gotas no empapan mis gafas,

ninguna ropa se ciñe húmeda al contorno

de mi pecho, no siento frío,

pero sí el olor, sí la luz mortecina y gris,

sí las miles de gotas fundiéndose

en pequeñas torrenteras calle abajo,

un perro que ladra y el piar alborotado

de los pájaros refugiados en los árboles.


Esta lluvia penetrará un centímetro,

dos quizás, en la tierra, me llevará con ella

un instante, licuado, permeable

fundido en ella, lejos de cualquier cita física,

de trabajos y proyectos; seré luz

débil y monotonía cíclica y eterna,

no tendré ropa, ni olor, ni voz,

seré puro deseo, pura antimateria

de sensibilidad excepcional intrínseca.


Arrecia, el olor y la humedad marean,

mi rostro imperturbable languidece,

solo las manos teclean ajenas

algunas palabras enlazadas por hilos

invisibles, por cadenetas tejidas

en las sinapsis potenciales de otros lectores,

quietud, inspiraciones rítmicas:

una caricia deseada me llevaría al paraíso.

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