Poema 118: La luna de Gloria

    La luna de Gloria

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La luna de Gloria es marciana,

el cielo es un arcoíris circular,

la voz es grave y poderosa,

te transporta a su mundo original.

 

Una acuarela con moscas y hambruna,

otra con guerra y atroz bombardeo,

el viento es un torbellino de color pastel,

el dosel de la cama, dos postes eléctricos.

 

La cúpula rebosa poesía ingeniosa,

mi hija sostiene mi mano sudorosa,

la emoción del cielo estrellado,

de la palabra en movimiento cual ola.

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Poema 117: En la corriente

En la corriente

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Busco sin prisa colocarme en la corriente,

la protección social, vital y de pensamiento,

el camino que debes seguir:

todo el mundo te sabe allí, nadie se inquieta.

 

Nada esperes, subsúmete, vegetal

de hoja amplia capaz de captar la brisa de la mañana;

en la velocidad se diluye tu ánimo oscuro,

toda tu atención pendiente de pequeñas oscilaciones.

 

Aquiescencia, el camino sencillo para no fluctuar,

asientes, corroboras, te rebelas en intrascendencias,

desgastas tu cuerpo y tu mente por el rozamiento,

cómodo, te diriges al abismo que siempre percibes lejano.

 

Un brillo de luna, una iridiscencia,

un cambio de temperatura, el embobamiento

de una sonrisa paralela que te atrapa y enceguece,

o la corriente central preeminente, te colman.

 

Solo aprecias la corriente desde otra corriente,

la que te llevará, tal vez, si consigues salir de la tuya,

todas confluyentes, algunas menos atestadas,

más lentas o de agua más cálida.

 

Diagonales o espirales o toda la geometría

que eres capaz de imaginar, todas derivan y convergen,

se concentran y te absorben cuando tu energía

disminuye y entonces de nada sirve tu experiencia.

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Poema 116: Historia de una foto

   Historia de una foto

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Tengo todos los datos: la imagen,

el lugar y la circunstancia,

la belleza, el fondo desenfocado,

carnalidad tras un día de efigies en piedra.

 

Plaza Mayor de Salamanca,

terraza universal, hormigueo

de gentes que transitan y admiran

el encanto uniforme de los cuatro costados.

 

Dos mesas más allá, inmaculada y soberana,

hombros descubiertos,

músculo deltoides de perfecta curvatura

elongado hasta medio brazo.

 

Vaqueros y top blanco,

impolutas zapatillas níveas,

cabello largo, castaño y sedoso,

un perro pequeño y leonino en su regazo.

 

Se acaricia un hombro con suavidad

extrema, uñas rojas, sensualidad

al acercar la infusión a sus labios;

el libro yace aún abandonado en la mesa.

 

Admiro su soledad en la tarde soleada,

contrasta con el movimiento y la cháchara,

el bullicio chillón de turistas,

el sonido de copas, brebajes y cristales.

 

Toda mi curiosidad se concentra en el libro:

lo abre discretamente,

es antiguo, sus manos lo reconocen

como a un amante olvidado.

 

Disimuladamente disparo a las fachadas,

luego un solo disparo creativo:

desenfoco fondo y márgenes;

¡Eureka! Título y sensualidad de las manos.

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Poema 115: Descenso

Descenso

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Durante el descenso, los robles

tienen formas grotescas, siluetas

terroríficas, decenas de brazos desnudos

que tratan de abrazarte.

 

Representan la oscuridad

frente a la luz poderosa del sol

que refulge abajo, en el valle del Ambroz,

en un pantano de ramas brillantes.

 

El embalse de Gabriel y Galán

es un fractal luminoso,

aparece en cada curva a la izquierda,

aparenta una vastedad infinita.

 

El roble terrible, rima en asonancia

con los canchales dejados por la nieve

en la cima verdosa de la montaña,

es el gigante vanidoso de los cuentos infantiles.

 

Varias sierpes después, la carretera

muestra los brotes incipientes en los castaños,

la primavera pujante, la savia

emergente sobre la rigurosidad montana.

 

La luz se filtra entre las ramas,

deslumbra al conductor, le desorienta,

es un ácido lisérgico actuando sobre su mente,

una lámpara poliédrica de discoteca.

 

La llegada a las huertas y las fuentes

serena el ánimo, devuelve la confianza,

lejos los terraplenes y la vista del fin del mundo,

los demonios petrificados de la cima.

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Poema 114: Imagen

            Imagen

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En los versos inaprehensibles

veo rostros, la intimidad del vate,

la lucha entre privacidad y expresión,

el valor de una imagen instantánea.

 

No es fácil asociar la voz o la palabra

al rapsoda, el folio limpio o el cuaderno

de tapas negras con cuidada caligrafía,

o la memoria profunda tan agradecida.

 

Hay prosodia y ritmo, hay grito y penumbra

cuando el sol se esconde,

hay seriedad y prosopopeya,

o la alegría de una sonrisa impostada.

 

En las voces y en el cuadro mágico

sobre el ángulo en punto de fuga

de la ilustre plaza, flota la vida condensada,

la flor y el verbo, la metáfora excelsa.

 

En la atmósfera creada, cada uno es él

y la imagen concebida en las mentes

de cuantos se acercan, es el color oscuro

o los botines rojos relumbrantes.

 

Ovaciones, sucesión de poetas,

recitadores subsumidos en el grupo,

incógnitos en la abrumadora miscelánea

de luz de una mañana de primavera.

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Poema 113: Velocidad de la luz

Velocidad de la luz

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Viajar,

¿tú dónde irías?

¿Dónde te ha gustado más?

¿Un paisaje o una catedral,

un objeto de museo,

una emoción subjetiva

o el reconocimiento universal

de la belleza y la magnitud?


Viajas a la velocidad de la luz

en tu mente, en mi mente,

viajo a una emoción en un instante,

a una sensación o un olor,

a las puestas de sol

en el perfil rocoso de Creta

desde la fortaleza veneciana.


Viajas a los ojos de jade

de una figura animal,

a una playa pedregosa y solitaria,

quizás nudista, sol y calor,

un mundo predispuesto

a aparecer en tu sueño.


Viajas en la lentitud enorme

de tus reflejos y reflexiones,

vórtice en el tiempo,

desde isla Mauricio

a las playas cálidas de Puket.


Viajas de un museo a otro,

de una capital atestada de turistas

a la Venecia dieciochesca,

del deseo de visitar Samarkanda

a la luz de Cacilhas frente a Lisboa,

de los Jerónimos a Lanzarote.


Highlands, fiordos, auroras boreales

en el norte,

calor y luz en el sur,

playas y mar,

cultura, una maravilla de la antigüedad,

sal y cocina mediterránea,

todo cabe en el ansia imaginativa.


Eres tú el viaje y tú la velocidad,

versos de La Ciudad de Cavafis,

en ti está la esperanza y la ilusión,

nada existe más allá de tu imagen mental,

ora recuerdo, ora deseo,

eres tú y tu poderosa mente viajera en fusión.

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Poema 112: Hay días

Hay días

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Hay días en que no estás aquí ni allá,

en los que tus deseos

serían irrealizables, por difusos

en los que la belleza de un encuadre

es sólo una fotografía más,

en los que un poema precioso

te lleva a una isla griega,

a amaneceres olvidados

en los que no sabías qué serías,

ni dónde anclarías.


Hay días en que todo olvidas,

sales a dar un paseo primaveral en bici,

terminas por encontrar un nuevo camino,

un valle escondido, un riachuelo,

una luz orientada hacia ti,

la vida sobre los pedales,

la fuerza aún pujante de tu madurez.


Hay días en que te abandonas,

al paso de los minutos veloces,

en los que aguantas la respiración,

aprietas los dientes y avanzas

lentamente en este o aquel deber,

mientras tu sensibilidad se adapta

a la oscuridad de un día tan luminoso.


Hay días en que eres tú

y el futuro está blanco e inmarcesible,

y la experiencia te dice

que no serás vulnerado por el abismo.

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Poema 111: El día Pi

   

 El día Piimg_20161117_183239

 

Infinitos decimales,

¿dónde cabe eso?

¿Qué engendro es este?


Acostumbrado a los irracionales,

al concepto de infinito,

no a imaginármelo

ni a profundizar

en la conexión con mis sentidos,

desangro gota a gota

una suma interminable.


Pi es la circunferencia,

es la forma redondeada,

la belleza de lo inabarcable,

el número trascendente

que imposibilita la cuadratura

del círculo con regla y compás.


Uno puede encontrar la secuencia

de su fecha de nacimiento,

o el número de su teléfono móvil

entre los decimales conocidos de Pi,

¿diez billones?


La campana de Gauss

encierra su raíz;

lo he experimentado

con agujas de Buffon

o métodos de Montecarlo,

mas no soy un experto en su cálculo.


Tengo anécdotas prístinas

y conozco los decimales suficientes

para los cálculos más simples,

he visto y comprendido la irracionalidad

y la trascendencia del número,

aprendo ahora que la letra

no fue consensuada hasta Leonard Euler.


Hoy es el día Pi,

fanáticos del mundo veneran

la fuente inabarcable de incógnitas

que este número genera:

¿son equiprobables los dígitos decimales?

Mañana habrá más conocimiento.

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Poema 110: La vida

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La vida se acerca tras veinte años,

encuentra alegre al sedentario

y cansado al trotamundos.


La vida fluye en historias múltiples

e increíbles, en desarraigo,

en amores consumidos velozmente.


La vida avisa con una presencia,

con la ausencia que ya no visitarás,

huecos, recuerdos, anhelos.


La vida está en construcción permanente,

un vuelo de águila,

la mirada penetrante propia que todo conoce.


La vida es una cerveza al lado del río,

evaluar posibilidades imposibles

porque ya pasaron.


Tienes dieciocho años y pedaleas,

apenas eres menos inocente

que un espigado mocetón de catorce.


La vida viene a buscarte en el pasado,

te reclama lágrimas,

te hace más fuerte y sabio.

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Poema 109: Belleza

     Belleza

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Soy muy afortunado,

veo belleza por doquier,

incluso la que no quisiera ver

aquella que me incomoda:

la suciedad y el brillo

en los ojos de un niño refugiado,

el rostro exánime de un anciano,

una ondulación grasienta en un charco.


El liquen en los árboles

de un país de lluvia, junto a un río

me llena los ojos del verde intenso

que no captan las cámaras fotográficas.


El cielo lleno de nubes

con formas caprichosas,

la luz que juega con los colores,

el esplendor del ocaso, ahí está

toda la belleza vital.


Me siento débil corriendo hoy,

pienso que una ráfaga de viento

podría derribarme,

en esa vulnerabilidad hay hermosura,

una extrema sensibilidad alerta.


Bello es el inhóspito paisaje del invierno,

la flor rosada que apenas brota de un ciruelo,

el silencio inusual de los coches en la calle,

el baile de despedida de mi hija en la ventana

cuando empiezo a correr.

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