Poema 109: Belleza

     Belleza

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Soy muy afortunado,

veo belleza por doquier,

incluso la que no quisiera ver

aquella que me incomoda:

la suciedad y el brillo

en los ojos de un niño refugiado,

el rostro exánime de un anciano,

una ondulación grasienta en un charco.


El liquen en los árboles

de un país de lluvia, junto a un río

me llena los ojos del verde intenso

que no captan las cámaras fotográficas.


El cielo lleno de nubes

con formas caprichosas,

la luz que juega con los colores,

el esplendor del ocaso, ahí está

toda la belleza vital.


Me siento débil corriendo hoy,

pienso que una ráfaga de viento

podría derribarme,

en esa vulnerabilidad hay hermosura,

una extrema sensibilidad alerta.


Bello es el inhóspito paisaje del invierno,

la flor rosada que apenas brota de un ciruelo,

el silencio inusual de los coches en la calle,

el baile de despedida de mi hija en la ventana

cuando empiezo a correr.

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Poema 108: Dicha poética

    Dicha poéticaimg_20170301_172850

Las flores de un almendro,

el viento frío de la mañana en el rostro

el sentimiento de poder acceder

a la belleza profunda de las cosas,

poder escribirlas, aprehenderlas,

provoca una sonrisa en mi rostro invernal.


Calambur, palabras que se ocultan,

dicha poética,

un comprender bajo las sábanas de un verso,

un sentir una caricia aún no dispensada,

una medicina preventiva,

un asumir riesgos en una avalancha

de besos todos ellos definitivos.


La lectura desgarradora o banal

la sorpresa explosiva de un giro

o una luz recóndita, escondida

en el centro mismo del poema,

elevan las expectativas vitales

eximen, sanan o exoneran al espíritu.

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Poema 107: Presente añorado

Presente añorado

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Añoro ya las zapatillas perfectamente alineadas

de mi hija a los pies de su cama,

el amanecer rosado entrevisto a través

de los árboles que flanquean el Duero,

las hermosas llamas ondulantes

en el bidón encendido de la fábrica de madera.


Cuando escribo un recuerdo ya no está,

el caballo de nubes fotografiado por casualidad

al entrar una tarde en el centro comercial,

el programa de viajes por la baja California

entrevisto en el televisor mientras trabajo,

la lectura humorística de un relato erótico.


El libro que abro con devoción fetichista,

la fresa que desvela todo su sabor en mi boca,

un olor de velas cuya luz anaranjada imagino,

añoro la lluvia en mi rostro de corredor inconexo,

el tiempo afable en el que no existe la prisa,

consciente del fulgor de cada instante.

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Poema 106: Amanece

         Amanece img_20161204_161926

Amanece. Seca helada,

un planeta naranja en el oscuro azul.

Los figurantes se reúnen en torno al bidón encendido.

Disfraces, jubones, calzas, gorgueras,

un chándal tres tallas más grande.


Frotan las manos esperando su turno,

voz engolada y chulesca:

tenorios, mejías, ciuttis,

ineses, brígidas, doñanas,

el desafío de la imaginación en el torneo.


En cada ronda se enfrentan dos poetas,

todos los demás aplauden o silencian.

Los gorrillas sucumben ante los jubones,

batalla de gallos, duelo singular,

voz, aplomo, improvisación, elegancia.


La fuerza visual del atuendo

parece acompañar al verbo florido,

ripios, rimas, fuerza interpretativa,

más actores que poetas, más rufianes

de gesto amplificado y sonrisa burlesca.


En la ronda final, la palabra precisa

de una dama hermosa

desmonta verbo a verbo cada bravata:

con firmeza sostenida, elimina, altera,

desconcierta al petulante y lo humilla.


Vencedora por aclamación, sonríe

y su sonrisa colorea el entorno;

nadie ha grabado la batalla,

victoria efímera de autoafirmación,

un escalón de ascenso vital.

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Poema 105: Uno

     Uno img_20161223_124635

Uno es él y su sombra

y allí nadie le molesta,

urden infamias vagas,

temores sin fundamento,

la niebla acompaña al invierno,

nadie le rescata.


Uno es el tiempo indeciso,

la energía ausente,

el aire borrado de sus pulmones,

baratijas deconstruidas,

indefinible sensación

de ausencia y presencia leves.


Uno es el paisaje efímero,

la repetición angustiosa,

los días sin sal o con sal,

la lucidez de un instante

lenta caricia, ardor, molécula

de vida aleatoria e inútil.


Uno es el poema leído

con lentitud de voz en trance,

la foto rebosante de energía

de la poeta muerta,

la mirada perdida del transeúnte,

un jersey para el frío.


Uno es su vórtice en la mirada

ajena, es su peso incógnito

en otras percepciones,

el lapso de tiempo de su olvido,

la huella que dejó su risa,

las caricias de sus manos.

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Poema 104: El sol tiene frío

El sol tiene frío

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El sol tiene frío,

y algunos corazones.


El mar truena, blanca espuma,

ácaros en la arena,

imperceptibles, silentes…


Ansías permanecer aquí sentado

al sol matinal del año nuevo,

huir hacia el hedonismo

del poema que estás leyendo.


Todo te retiene, apenas el aire

llega a su destino,

hora, minutos, voces,

tu propia inquietud.


Estás en el mundo, conectado

a redes sociales,

eres una sucesión de fotos

divergente, playa solitaria.


Tanta luz solo para ti.


Se acaba el tiempo propio,

regresa o permanece

en tu soledad angustiosa.


Algo parecido a la felicidad.

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Poema 103: La noche

    La noche

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La noche. Humedad, babosas,

bichos incógnitos en la sombra,

la oveja dormida es una piedra,

una vaca rumia en la penumbra.

 

Ruge el mar en mi cono de sombra,

la costa resplandece,

miedo, barro, el camino conocido

desciende cauteloso hacia la playa.

 

El faro a ráfagas me ilumina el rostro,

espuma en la mar,

no hay parejas esta noche,

Erizo Sibarita en mis oídos.

 

Frío, la vista se complace,

tiemblan mis rodillas,

soledad, ecos de una novela,

belleza en la luz amarilla de la farola.

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Poema 102: Desconcierto

          Desconcierto

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Necesidad de guía, palabras, modelos,

en medio de datos o densidad vital,

de postureos y postverdades,

de ondas y chismes varios,

¿quién guía?, ¿qué luz?


Cada cual selecciona sus iconos,

sus personajes lumínicos,

desenfoca su mirada para verlos

en su contorno impecable

sin fijarse en detalles desmitificadores.


¿A quién admiramos?

Demasiada difamación, demasiada luz

estroboscópica para ojos compuestos,

omatídicos, fragmentación interesada

capaz de rescatar solo necedades.


El medio desenfoca más que el mensaje,

perturba, dibuja perfiles a su antojo,

a veces es conmutado por un santón,

gurú, predicador inefable de bolsa repleta,

una imagen evanescente de consumo.


Sólo el estudio y la inteligencia

que se esfuerza cada día,

sólo la suerte de un lazarillo honesto,

o una multiplicidad de fuentes diversas

señalan múltiples caminos exploratorios.

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Poema 101: Un hombre con una máquina de escribir

Un hombre con una máquina de escribir

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Un hombre con una máquina de escribir

parece dirigir un coro de voces blancas,

los instrumentos dialogan en los intervalos

de silencio vocal.


Un poco más allá, una pareja de bailarines,

etéreos, livianos, danzan al ritmo de la flauta

travesera y los instrumentos de cuerda

que, armonizados, no pueden nada contra el viento.


El hombre de la máquina de escribir se levanta,

en un gesto teatral se quita la peluca

y la máscara plástica del rostro:

es una hermosa mujer de pelo corto y pajizo.


Un aleluya se eleva hacia la bóveda

de este templo secularizado,

los bailarines se desnudan

todo el mecanismo queda al descubierto.


No, no hay un coro góspel travestido,

es teatro, la directora del coro extrae un bolígrafo

de su traje y escribe en la espalda musculosa

del bailarín: “Deus ex machina”.


Cual enorme contradicción, la grúa oculta

barre el escenario, se detiene un instante

la escriba se cuelga de ella en pose seductora,

cinematográfica, de resalte de curvas femeninas.


Sin la directora en el escenario, el coro de voces blancas

se convierte en una formación triangular de cisnes;

un solo de violín ejecuta el concierto de Tchaikovski,

la bailarina y el bailarín se besan apasionadamente.

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Poema 100: Sensaciones

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Algunos detalles, imágenes, se introducen

con fuerza entre mis circunvoluciones cerebrales.

Ya no son las mismas,

las he reelaborado y mitificado,

he difuminado ciertos fragmentos y ensalzado otros.


Si buceo con intensidad en el recuerdo

aparecen ellas, las sensaciones,

la angustia del abandono o la soledad,

la alegría infinita del sol y el mar,

la libertad de pedalear en tierra extraña.


Ante esos recuerdos sonrío

o me encojo aún temeroso y mínimo,

el olor de la cebada en la era,

vagar desorientado por lugares conocidos,

el dolor intenso de una luxación.

 

La experiencia me dicta, en medio del recuerdo

inspirar profundamente y detener el tiempo,

registrar ese instante de plenitud,

ojos, cara, sonrisa, el viento cargado de aromas,

el último beso que le di a mi abuela.


Muerte, sudor, infinito cansancio en la media maratón,

la película mejicana en el cine una noche lejana,

un roce de labios, unas manos enlazadas,

el llanto de un niño recién nacido,

un viaje en tren tras un día espléndido.


Recuerdo una multitud especiada

en el zoco de fez, laberinto y mercado,

un juego de escondite infantil temblando

bajo un abrigo con la niña que te gustaba,

el ciervo de Font de Gaume que lame a su hembra herida.


Hierba recién cortada en un minifundio,

un río helado y los tojos que pinchan,

el fútbol en el cruceiro,

el mazazo del anuncio de la muerte,

mi hija llena de cables en una incubadora.


Podría evocar versos tristes y alegres noticias,

infancia y adolescencia,

la madurez magnífica o el dolor insoportable,

pero me quedo en la repetición constante

de mi sonrisa en el espejo cada mañana.

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