Poema 89: El ocaso púrpura

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El ocaso púrpura, doliente,

solo para ojos aguerridos,

te recibe bárbaro, símbolo

de otros tiempos enfangados

en que mirar al cielo era imposible.


Decenas de burbujas presiden tus recuerdos

en este pequeño espacio,

en el oasis de tu juventud feraz,

nostalgia, felicidad, melancolía,

nombres que aún ignorabas.


Los adobes centenarios, barro

descolorido y desconchado,

fealdad y dejadez en algunas tapias,

te reciben cuando vuelves de tu ruta

ciclista y dejan tu estética en suspenso.


Amistad y deporte, y siempre

el refugio inestimable de la familia,

la paz del caserón heredado,

reconstruido, lleno de alegría y color,

dan vida a tus difusas rememoraciones.


Un verano fue Crimen y Castigo,

otro el Kaspar Hauser de Hesse,

las Elgías de Duíno

o el antiquísimo ejemplar de La Galatea

en horas sustraídas al sueño o a la fiesta.


El cielo encierra toda la belleza,

al fin levantas la cabeza orgulloso

miras con toda la emoción posible

el desgarro de un ocaso desde la atalaya

de la construcción mental de ti mismo.

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Poema 88: Cascada

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Salto de agua alegre, cascada ruidosa,
gimes y te elevas en arco sorprendente,
excitante toda tú, cantarina y risueña,
nívea, mujer fuerte, me salpicas tu energía
y absorbes la luz que reflejo del sol.


Entro en ti sudoroso, radiante,
todos mis sentidos apabullados
por el esplendor magnífico de tu caída,
tiempo detenido, suave olor aromático
de cuanto crece en ti.


Frescor natural, vida y más vida,
acaricias mi piel, me envuelves
en tu burbuja de agua, hidratas
uno a uno todos los poros de mi ser.

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Poema 87: El jilguero

             El jilgueroIMG_20160731_212518

El jilguero trina en lo alto del pruno.

Este año no hubo ciruelas apenas,

sus ramas apuntan despiadadas al cielo.

Yo planté el árbol hace muchos años,

con mi padre y mis hermanos,

cavando en el suelo de roca dura,

en el antiguo patio empedrado.


El jilguero atrae a otros jilgueros,

juegan, cantan, se persiguen,

todo es plasticidad, movimiento en ellos.


Mi hija sube al ciruelo,

sus ramas bajas son robustas y abiertas,

allí los niños ponen cojines y hacen sus juegos.


De niño cogí pájaros en mi mano,

eran pequeños y escurridizos,

temblaban, apenas carne entre el plumaje,

seres etéreos de canto agudo,

se comunican incansablemente,

insecto aquí, insecto allá,

color y vivacidad, dueños del silencio.


A intervalos regulares emiten su morse,

no descansan, lucen un instante,

desaparecen, vita brevis; al alba

saludan el nuevo día con alegría y desesperación,

condenados a vagar en estos oasis castellanos.

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Poema 86: Luz

             LuzIMG_20160725_221725

La luz produce esperanza o la arrebata,

ciega o ilumina, altera o seda,

con la luz llega el calor

pura geometría de incidencia solar.


En la luz se transportan miradas

difíciles de sobrellevar,

ojos cautivos viajan bailando,

alegría vital en la Galaxia.


Con la luz diáfana todo se ordena,

una cierta vergüenza de ser contemplado

cubre rostros, cuerpos, actos,

la noche todo lo pervierte y perturba.


Por la luz, llegas en innumerables vueltas,

a lo más recóndito de otros corazones,

pervives o desapareces, deslumbras

o continúas errante sin descanso.


Luz, placer de los dioses, color,

bruma potente en la que desenfocas,

sigilo frente a desnudez, aire impregnado

de volutas incomprensibles.


Fotones polarizados, velocidad acotada,

un día desapareces de tu realidad

mas continúas viajando por el espacio

en ondas lumínicas de amor.

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Poema 85: Correr por la playa

Correr por la playaIMG_20160709_123638
Correr por la playa, mar azul
pupilas mimetizadas, brisa,
otros corredores, ritmos
libre disposición de ideas,
imaginas en qué trabaja cada cual,
como es su vida cotidiana,
cuál es su carácter, olas,
ruido del rompiente, gaviotas,
huele a sal marina y yodo,
Alfonsina penetrando en el agua,
Delmira y el vampiro de amargura,
otro universo, otra belleza,
libertad para desnudarte,
entras en el agua, las olas
te voltean, pelele sin fuerza,
inmensidad allá donde mires,
una pareja desnuda se baña
un poco más arriba, complicidad.


Retomas el ritmo, pensamientos
alborotados y aleatorios, niños,
futuros posibles, un verso,
la lejanía cotidiana del mar,
espuma blanca, conchas agujereadas,
colgantes neandertales, pelo y piel,
Herberto Helder abstruso y salvaje,
miedo a tu especie, a ti mismo,
tus ojos buscan un cuerpo perfecto,
no aparece, luz dolorosa,
consciencia de tu insignificancia
en esa playa remota, en ese instante,
paz interior, energía en tus pulmones.

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Poema 84: Ubicuidad

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Don de la luna, del viento
de levante en una playa del sur,
don divino, fotos, pruebas,
desapareces un instante,
vuelves a mostrar la luz
o tu peculiar mirada del mar.

Una frase crea el viento,
otra lo hace amainar,
un encuadre imposible
recorta la distancia de eternidad,
alumbra un cuerpo en el atardecer.

La foto es el don de la mirada,
el suave posar de un dedo,
la fresca forma de anunciar
tu visión educativa del orbe.

Don de la eternidad impúdica
muestras y ocultas a voluntad,
destino de pinceladas impresionistas
sonido opaco, voces insulsas.

Don de la clarividenca, retrato insomne
postureo ante el espejo del baño,
cultura ornada de detalles simbólicos.

Don de dones, emergencia, dudas,
el arte del conocimiento total,
divinidad en las respuestas etéreas.

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Poema 83: siglo XXI

            Siglo XXIupload_-1 (5)

El escáner vomita cuerpos desnudos,

mi llave rota del buzón parece un patito feo

me doblo y doblo, me repliego

toda la prensa coincide en la pista islamista.


Banalidad de conversaciones adolescentes,

errores, una raíz de mandrágora o un cabo,

la vida secreta de tus pensamientos, conciencia

transmisión motriz de una enorme cadena.


Limpias y limpias y educas, a veces escribes,

nunca nada es tal y como imaginas,

el poema forja muchas realidades,

oscuros presentimientos destructivos.


En el nervio óptico las sirenas inyectan deseo

nadie ríe en el palacio de verano,

urracas y palomos colonizan el viento,

la sangre siempre es diferente de la tuya.


Esperas y observas, una luz te espabila,

luz inusual, mar, viento fresco, una idea

quizás te encapsule durante eones,

lo suficiente para ignorar a tus congéneres.


El vuelo fue limpio y geodésico

allí eres un trozo de carne inquieta,

exploras sin apenas moverte,

solo el tacto de otra piel te eleva.


El escáner predice tus pensamientos,

te predestina o te ignora,

bendice tus moléculas, aire,

tierra, agua, fuego ocasional.

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Poema 82: Playa

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Cientos de gaviotas expectantes
en la bruma densa. Huellas.

Un algo salvaje, prehistórico
penetra en ti. Miedo.

El mar ruge monocorde,
el farallón repite en eco
el ruido rítmico de las olas,
sexo animal, soledad.

Te desnudas, has dejado de correr,
entras salvaje en el agua,
el mar te recibe y te aquieta,
te dejas mecer por él.

La espuma de las olas
lame tu cuerpo. Nadas.
Húmedo y satisfecho
te secas en la brisa matinal.

Retornas al mundo conocido,
las gaviotas, al pasar,
ya no te asustan, simples pájaros
temerosos de ti.

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Poema 81: Sociología

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Los muertos también votan,

quieren conservar su predominio,

el blanco resplandeciente de sus tumbas.


La rebeldía agota el saber,

concupiscencia humana,

¡reprodúcete, ya se aprende en el aire!


El vuelo insistente del buitre

en círculos, no presagia nada bueno,

cuencas vacías y competencia.


El vals de dos figuras enlazadas,

proyecta una ilusión óptica,

sombras y optimismo evolutivo.


La vanidad, cálculo aleatorio,

ciencia impredecible a priori,

esfuerzo explicativo de gran desgaste.


Los discursos epidérmicos

horadan los túmulos recientes,

desordenan retazos de ilusión.


El camposanto rezuma impaciencia,

índices de poder manoseados,

resucita y elévate y gobierna.

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Poema 80: Pelo rojo

                  Pelo rojopagoda poema 80

Libros basura inundan las puertas del kiosco,

los palomos copulan sobre la enredadera

en un escándalo de plumas y hojarasca,

el avión pintado en la pared

apunta a la pagoda del tejado hundido.

Sordidez. Los dueños se aprestan

a cruzar sus perros, ella

busca la postura correcta, gesticula

ágil bajo su pelo rojo.

Solsticio de luna llena, magia

en el aire al fin cálido, olor a cereal;

camino con pesadez observándolo todo,

consciente de mi barba de dos días,

de mi atuendo poco apropiado.

He encontrado la corriente de aire

cálido que me puede transportar

por encima de mi aspecto,

el pensamiento crítico, la palabra exacta,

la voz que obliga a ser escuchada.

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