Poema 71: La mirada de mis hijos

    La mirada de mis hijosIMG_20160320_180029

La mirada de mis hijos en un museo

desborda las interpretaciones mojigatas,

cuadros de un intenso colorido,

una acróbata que no es más que su sombra,

la mujer de dos caras, enfadada,

Jacqueline divertida, el gato en el estómago

de una mujer azul,

una madre enorme con su sombra adherida

y manos desproporcionadas acuna a su bebé.

Picasso dibuja en el documental

con facilidad pasmosa;

los visitantes se detienen, con una sonrisa,

a escuchar las inocentes interpretaciones

infantiles no tan descabelladas.

 

En la primera ocasión sacan sus lápices,

comienzan el dibujo en una servilleta,

han captado las formas, la descomposición,

la espada tras la que se esconde el mosquetero,

el simbolismo de unos erizos esquemáticos.

 

Mi sonrisa revela la satisfacción educativa

ante el aprendizaje, la riqueza pictórica

absorbida tras la visita a un museo.

placio picasso

Poema 70: Belleza

Bellezalee miller solarizada

Miro y vuelvo a mirar,

mis ojos seguro que me engañan,

amplío y amplío y observo

los rasgos hermosos, la fotografía

solarizada de un rostro de mujer.

El tiempo efímero de mi retina,

la sugestión de lo que se oculta

tras una mirada o el tacto, ya imposible,

de una piel, el deseo estalla,

denso y erótico, podría moldearse.

Aún no he contemplado sus fotos desnuda,

hoy ya arte, seducción impresa,

objetos de museo, de contemplación,

difundidas por internet al detalle,

cuando el futuro era imposible de predecir.

Percibo detalles, aquí y allá, poses,

la búsqueda de una historia previa,

cada foto es un poema brevísimo,

elíptico y subyugador, pleno de belleza,

de un cuerpo creado para el arte.

 

La forma de un pezón, el dibujo

de líneas de campo magnético en la piel,

la torsión del cuerpo sin rostro,

estimulan toda mi sensibilidad atrofiada,

despiertan el ansia creativa.

 

He disfrutado del descubrimiento,

cada instantánea ha buscado su acomodo

en los intersticios de mis circunvoluciones

cerebrales; ya forman parte de mí.

Celebro con gozo mi nueva forma de mirar.

lee miller campos magneticos

 

Poema 69: Fotógrafas

FotógrafasIMG_20160306_230236

Admirado por fotografías

de las que no puedo apartar

la mirada, veo ángulos, desenfoco

y obtengo formas, ideas, siluetas,

la seguridad de que hay algo oculto,

en el escorzo tan conseguido,

o en el color emergente

de un fondo en blanco y negro.

¿Cuánto pensamiento, encuadre,

cuánta experiencia, cuánta innovación?

Descubro a Lee Miller en un poema

de Luis Alberto de Cuenca; indago

en su vida difícil, llena de aventuras,

histórica, narradora del horror, terrible

adolescencia exorcizada mucho más tarde

por su propio arte innovador.

En un magazine Sarah Tansy me inquieta,

muestra una mujer delgada, desnuda,

unas manos le cortan el pelo,

sentada sobre un cajón de manzanas;

conserva sus botas de piel color crema.

Una y otra vez admiro las botas en esa foto.

LeTansy está en la web, fotografías

extrañas, centenares en instagram,

el arte de un perfil recién inaugurado.

Berenice Abbot, apareció en los últimos días

del pasado año: guardo Nueva York

en construcción y los campos magnéticos

con limaduras de hierro, un polo, dos polos,

la mirada de mi hijo, incrédulo, vuelve

una y otra vez sobre las imágenes

en la pared de la sala de exposiciones.

Ella inventó las cámaras y los procedimientos.

lee miller

Poema 68: En lo alto del centro comercial

En lo alto del centro comercialIMG_20160305_184456

En lo alto del centro comercial

huele a comida rápida.

Atisbo el vuelo de una cigüeña

a través de los ventanales.

Asoma el sol entre nubes,

una pareja de ancianos en un banco,

contempla el cielo cambiante,

se detiene el tiempo, no el ruido.

Yo no estoy contento, nadie lo parece,

mi visión subjetiva del mundo,

decolora objetos y personas,

los envuelve en una pátina grisacea.

Ni objetos, ni la belleza de un cielo

plagado de nubes zoomorfas,

nada me aleja del color invernal,

quizás solo la lectura de un poema.

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Poema 67: Nadie sonríe

Nadie sonríeIMG_20160302_193523

Mira por tu ventana,

existe la vida, alguien

arrastra los pies,

el tipo de la pipa viste bien,

una madre joven carga con sus hijos,

nadie sonríe.

Un tipo deforme cruza el pasadizo,

la cabeza alta, erguido,

mucha gente le mira al pasar,

él lo sabe y le alimenta.

Escuchas un poema de un youtuber,

con más de cinco mil reproducciones,

desamor un punto cínico,

sensibilidad a flor de piel.

Varios adolescentes caminan en grupo,

obsesionados con sus teléfonos móviles,

sus rostros inexpresivos son prisioneros

de la última foto que alguien se hizo en su baño.

Nadie parece escapar de la tecnología,

de las calles atestadas de vehículos,

de la orgía de ruidos chirriantes,

ni de la prisa social inconsecuente.

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Poema 66: Ondular

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En el reverso de la tarde ya no sopla

el viento, no atardece, no avanza

si no en el ondulante modular

de una falda corta, desafiante,

horas y horas de luz y sol radiante

para los lastimeros herederos del invierno.

 

En la furia contenida durante horas

despliegas toda la pasión, la ensalzas,

volteas tus propios pensamientos

para elevarte por encima de tus expectativas

carnales, de tu conocimiento escaso

de tu propia lucidez, ya ocaso o continuo ondular.

 

Asideros de la razón, monstruos

de vida disoluta, la calle, el lugar

en el que se desarrolla el espíritu

enfermo y el tedioso y el anquilosado

transcurrir de jubilaciones decrépitas.

 

Allí donde todo sucede oscila el tiempo,

se deforman las siluetas a la manera

de ciertos cuadros de El Greco,

el mismo dolor solar en la hora del ocaso,

luces y tinieblas entremezcladas.

 

La paleta de la vida, el color del tedio,

ejercicio de moda, correr y correr,

coloridos atletas repletos de grasa,

fumadores empedernidos, suicidas

que aún vuelven la cabeza ante un ritmo.

 

Duele en los ojos el secreto de la belleza

oculta meses y meses, cuidada,

embadurnada de cremas hidratantes,

el caminar sinuoso de unas caderas

capaces de hacer levitar todas las miradas.

 

La piel prohibida, la creencia en sí mismo,

autosuficiencia que no es tal, necesitada

de admiración, de giros imposibles

de cabezas ante el taconeo tan peinado

de un pelo ondulante y sedoso en primavera.

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Poema 65: Frágil

                 

                          FrágilIMG_20160229_192447 (1)

En un instante deja de respirar.

Apenas una levedad en el aire

frío de febrero, un mínimo vórtice

desvanecido, magia y dolor.

 

El tránsito es difícil de imaginar,

en tu serenidad vas sintiendo

el peso progresivo y singular

en el pecho, del dolor de la ausencia.

 

Miles de recuerdos acuden

sin ser convocados a tu duelo,

horadan tu resistencia, te remueven,

perturban toda tu naturaleza.

 

Frágil sustancia, voracidad temporal,

la nada o el vacío, fría corriente

de aire, holgura personal,

cicatriz y terremoto en la hermosa luz.

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Poema 64: Cuando nada sucede

       Cuando nada sucedeIMG_20160226_082747
Cuando nada sucede, la crecida del río,
cuando nada sucede, un relato quijotesco,
cuando nada sucede, se asoma el vacío.

Cuando nada sucede, dos niños me abrazan,
cuando nada sucede, encuentro un poema,
cuando nada sucede, me convierto en lombríz.

Cuando nada sucede, la insignificancia,
cuando nada sucede, me miro al espejo,
cuando nada sucede, sopeso mi edad.

Cuando nada sucede, los buitres acechan,
cuando nada sucede, pierdo el valor,
cuando nada sucede, no hay hoja en el árbol.

Cuando nada sucede, repliego mis alas,
cuando nada sucede, confío en el tres,
cuando nada sucede, todo está sucediendo.

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Poema 63: Días grises de invierno

Días grises del invierno     FB_IMG_1456224423824

El árbol mágico no tiene nidos,

contiene en su interior una farola;

su silueta en la niebla muestra

varias ramas amputadas,

es gris como todo bajo el espeso manto

de la diosa pucelana.

 

Un gato se ovilla al lado del río;

una pareja de joviales ancianos

desmigaja y esparce cuscurros de pan

ante la atenta mirada de las palomas

carroñeras y las inteligente urracas.

 

Las comadres más enteradas,

se aprestan a cargar con los problemas

ajenos, oralidad que ya no se frena,

el poder social de organismos desocupados,

una salida gris a la  cotidianeidad.

 

El quiosquero feo ya no me saluda:

no compro allí el periódico, no escucho

sus comentarios misóginos, su pesimismo

flota en el aire cargado de juguetes

de escaparate desvaídos por el sol.

 

La fachada del ángulo inverosímil

se ha agrietado; varios coches aparcan

inmisericordes sobre el césped

reseco por la helada y las roderas,

los municipales silban mirando al sol

impotente, embobados por el rítmico

taconeo de una madre joven.

 

Hay días en que la mirada poética

se regenera en la feladad mecánica,

verbaliza flujos catárticos de miseria,

se apresta al contraste de la luz,

del ciclo hormonal que redime e inspira.

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Poema 62: La Gran Odalisca

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    La Gran Odalisca

La piel luminosa, el escorzo obligado

para que los ojos incitantes te alcancen,

voluptuosidad, la caricia de las plumas:

antes, has visto dibujada a la modelo,

la postura natural, el cuerpo estilizado,

un estudio abierto a la imaginación

poderosa del artista. Después,

crecen las proporciones, invaden el cuadro,

ya es ficción absoluta. Y mito.

Observas embelesado la perfección

resultante, sopesas los pensamientos

inexistentes, el deseo, el placer soñado.

Entonces la magia de tu mente

la dota de movimiento, la insufla vida,

los ojos se mueven discreta y lentamente

en sus cuencas, las formas cobran volumen,

al fin las plumas tienen su uso

y los almohadones se deforman por el peso,

la piel es un imán sedoso, los músculos

se tensan y destensan, parece sonreír:

eres un cautivo espectador más,

subyugado por su belleza y erotismo.

odalisca dibujo