Poema 429: La Guerra

La guerra

La mañana de escarcha y helada

se ve perturbada por los misiles radiofónicos,

ondas de la judicatura y la política,

humanos enfebrecidos en su razón supremacista,

ruido y bombas sobre las ruinas

pacientemente reconstruidas y veladas

sin contraataque posible:

destruid sin piedad que llegaremos nosotros,

todo lo reconstruiremos

por un módico precio, unas ayudas

y la ganancia de tu trabajo peón.

Divide a las hordas femeninas,

se ha hecho toda la vida, que no se unan,

tenemos a algunas de nuestra parte,

gritan sotovoce los gurús tóxicos embriagados

de los gritos guturales grupales masculinos,

clubes y sociedades,

cofradías y consejos de administración.

Devastación, liquidación de la disidencia,

los más brutos y torpes en primera línea,

incapaces de jugar a la ocultación del plan,

marionetas irracionales con armas bárbaras,

al gran guerrero avant garde

no se le puede pedir además discreción e inteligencia.

Disparan las francotiradoras, guerrilleras incansables,

a veces se disparan entre facciones afines,

no está bien considerada la tibieza, es la guerra,

hiere la palabra cuando hiende en el sistema:

pequeños drones tratan de encapsular ideas,

argumentos, voces de asalto.

Las batallas se libran en podcasts y en pasquines,

en manifestaciones duramente reprimidas

por las hordas mediáticas,

ojalá que venza la inteligencia equitativa,

la luz del pensamiento y la concordia igualitaria.

Poema 420: Balance y final

Balance y final

Y la guerra es un bulbo,

exportable, lozano, un oscuro tubérculo

que arraiga en cualquier lodo.

                                    Aurora Luque en “Un número finito de veranos

Empezó el año con el mar

y unas temperaturas nunca esperadas.

Después fue El Viaje,

prepararlo, rememorar veinticinco años atrás,

planos, lugares, el Danubio.

Aún no había viaje, pero ya estaba viajando.

Entre tanto hubo música, conciertos, variaciones,

un pianista arrebatado,

una visita importante que se plasmó en el poema

sobre los pájaros que huyen del lúpulo.

Corrimos entre los pinos y la amistad una vez más.

Los castillos del Loira nos invitaron a soltar mascarillas,

a enmudecer ante el lujo y la magnificencia.

Despertaba la primavera y con ella la guerra,

el horror tan cerca, la incongruencia,

el beneficio de pocos y el desastre de todos.

En mayo descubrí los Zumacales, la magia

de un enterramiento prehistórico, el lugar sagrado,

la naturaleza en el valle de las Batuecas,

los pequeños eremitorios diseminados por la montaña.

Toda la naturaleza se llenó de amapolas y calor;

leí Como guardar ceniza en el pecho,

un festín literario lleno de feminismo y resistencia.

El Rey León en el que actuaba mi hija

creció lleno de baile y color.

Safo en Mérida entre el calor asfixiante

me llegó como un relato lleno de deseo y amor.

Hubo lesiones, fiebre, permanencia,

y sin pausa aparecieron las bicicletas rojas y amarillas,

la consciencia del viaje multitudinario,

días felices en los que todo salía mejor de lo planeado.

Permanecí en agosto mirando cielos, ruinas romanas,

ríos en los que apagar el calor inconmensurable,

un teatro y otra vez el mar nudista entre brezos violetas.

Hubo muertes mediáticas y cambios en el paisaje,

de nuevo la Amistad del corredor poema atemporal,

conversaciones sobre futuros inciertos, música india,

una campana y llegó, luctuosa, La herida matemática.

Noviembre fue un mes de belleza extrema en el Otoño Mágico,

lleno de acontecimientos, de ruido político, de poesía vital y setas.

Se termina el año con arte, con cielos, con fútbol,

lecturas, documentales que son una maravilla de hitos culturales.

Todo se sostiene por hilos invisibles, emoción poética,

formas que son miradas por ojos enfocados y atentos,

las sorpresas de cada día y la esperanza optimista

de fuerza incalculable, inmerecida y deslumbrante.

Poema 386: Noticias

Noticias

Apago la radio incapaz de asumir la negatividad,

los desastres, la perversión humana.

Parecen noticias colocada en las ondas

para penetrar en mi estado de ánimo.

¿Ignoran que enviar armas a Ucrania

es añadir combustible en un incendio?

Precios, inflación, pobreza energética,

se cuelan conceptos contrapuestos a la visión directa:

coches sofisticados en la carretera, terrazas llenas,

espectáculos caros para los que no hay entradas.

Por otra parte, tasas de paro terribles,

pésimas condiciones laborales, alumnos sin desayunar,

miles de inmigrantes que pierden la vida cada año

en el desesperado intento de acceso a una vida digna.

Algo falla en un sistema con esta enorme brecha:

los gobernantes más lúcidos tratan de parchear boquetes,

de apagar incendios,

pero no dan abasto en un mundo lleno de pirómanos,

locutores incendiarios, presentadores autómatas,

plumas agradecidas y puertas giratorias.

Apago la radio y me refugio en una ópera transgresora,

o en una poeta que remueve conciencias, excita y amplifica

imágenes, injusticias, desigualdades.

El fabuloso hito científico de lograr vacunas para el Covid

se empaña cada día y se minimiza o se ignora.

No quiero a nadie introduciendo odio en mi cabeza.

Poema 373: Ruinas

Ruinas

Aquella cabaña de adobe que una vez te cautivó

es ahora una ruina,

dentro de poco será un vestigio abandonado

volverá a ser parte de la tierra.

El pozo quedará al descubierto en un rincón,

un residuo de la edad que castiga tu cara,

tus músculos, la velocidad del pensamiento.

Los tiempos de esplendor han pasado,

la fealdad invade los solares descuidados

al igual que los recuerdos.

Los árboles no son iguales, ni las personas

ni tampoco los animales.

Algunas casas mantienen aún la forma

con la que fueron construidas hace cien años.

Entretenido en estas ocupaciones estéticas,

llegan imágenes terribles de la guerra:

cadáveres, destrucción y chatarra,

como si aún ignorásemos que no era un videojuego.

La ruina moral de quien ve su vida comprometida

no atiende a nostalgias y abandonos.

Se detiene el tiempo y entonces surge una melodía

de pájaros que se requiebran y envanecen,

música para el oído tras un silencio atroz e inmarcesible.

El horror son solo imágenes televisadas

que apenas interferirán en tu vida diaria.

Poema 370: La calima

La calima

No veo todo lo que debiera de ver,

hoy la metáfora es el polvo sahariano

pero ocultas están las ondas, los silbos

en frecuencias inaudibles para mi edad,

algunas sombras en horarios imposibles,

o el trino de los pájaros en árboles desnudos

silenciados por el ruido de los coches.

No escucho las bombas de racimo,

ni los gritos indignados e impotentes

de los ucranios sitiados, peones de un tablero

en el que sienten que alguien les mueve

o les expulsa de la partida sin permiso.

El frío se cuela por la ventana abierta

como símbolo de una debilidad energética

vulnerando la estructura mental de seguridad

construida con paciencia, ilusamente,

por varias generaciones democráticas.

Un espectroscopio sería lo más apropiado,

o la lucidez suficiente para entender

el perverso y aséptico juego de esa partida

en la que nadie gana, observado todo

desde el punto de vista, a ras de suelo,

de quienes son movidos por autómatas impasibles.

La calima marrón que todo cubre

muestra la fragilidad superficial de un mundo

más inseguro y limitado de lo imaginado.

Poema 368: Amanecen los gallos

Amanecen los gallos

Amanecen los gallos, y las sombras

se van desvaneciendo en la montaña.

Hace frío y no se oyen aviones ni artillería,

quizás ha sido solo el sueño de la noche

o una película en la que los tanques avanzaban.

Tiembla la tierra por obra de Marte,

los puentes y caminos deberán ser reconstruidos,

las familias con hijos jóvenes no cicatrizarán.

Los olivos recién podados

absorben toda la energía de la tierra,

sangre, excrementos, abonos comprimidos;

sus hojas perennes son inmunes a los gritos,

al pasado, al futuro.

Arrastran sus maletas en la frontera

sin ánimo ni esperanza,

ajenos a los análisis concienzudos de los políticos,

enajenadas sus mentes, sobrepasadas

por hierros retorcidos y silbos constantes.

El agua cantarina transcurre entre las piedras

fría y trasparente;

alguien saciará allí su sed y aliviará el dolor

de sus botas desgastadas por las flores.

El bullicio del comercio sigue su curso

ignorante de la injusticia, del horror y de la guerra.

Poema 367: ¿Quién disfrutará?

¿Quién disfrutará?

¿Alguien disfrutará de esas seis ventanas

circulares de la Casa Hebrea?

¿Y del increíble aroma de las flores del almendro?

Éstas, efímeras, se extinguirán en pocos días,

así es nuestra existencia, leve en años

en un mar de pequeños placeres que ignoramos.

Al fin llueve, perturba la vida cotidiana,

incapaces de concebir la guerra televisada,

el dolor de tantas pérdidas: familia, amigos, hogar,

el espacio en el que han habitado desde siempre.

He dejado de ser Don Quijote utópico

para devenir en un Sancho Panza calmoso,

acumulador de libros que no puedo leer

salvo en días de arrebato místico en soledad.

Poema 270: Norma

NormaIMG_7030

El despliegue del bosque mágico me embriaga

solo con la luz,

seducción escenógrafa: verde sobre la densa niebla

druidas y chamanes reunidos

con canto potente de voz grave

y la bella sacerdotisa que invoca a la luna

en un casta diva de tanta hermosura.

 

Promesas y votos se suceden en escena

mientras suenan bellísimas melodías

fidelidad, infidelidad, amor maternal,

confesiones que el público agradece

con sonoras ovaciones que interrumpen el acto.

 

El mundo de frontera tan complicado

siempre encuentra permeabilidad en el amor

el deseo de lo imposible, la irracionalidad

y sobre todo la música envolvente

que transporta a la Galia de poderosa magia.

 

Sacerdotisas que se hermanan en el amor

al mismo hombre impío,

el deber y el amor filial contrapuestos

al odio, al remordimiento y a la furia,

y un final tremendo de sacrificio maternal.

 

El rojo y el verde funcionan en la oscuridad

como un trampantojo de idílico paisaje,

en medio de tanta culpabilidad reconocida,

sangre, lucha, el trono de la sacerdotisa,

y conmovedoras arias ya inmortales.

 

El destino ha de ser cumplido, la furia

que perseguirá despechada al amante,

logra una sucesión de imágenes oníricas

inabarcables para el espectador emocionado.

 

Sacrificio en el altar de los antepasados,

humo, una guerra cruel como todas,

y la imposible conciliación de todos los sentimientos

que trascienden la vida humana,

y la pequeñez de ésta en el universo matriarcal.

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Poema 56: Arte

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Sobre la caja de flores pastel,

se amontonan revistas y suplementos,

en ella hay trapos sucios de betún,

cepillos, un pequeño cilindro metálico

con grasa de caballo.

Hojeo una revista masculina, plagada

de publicidad: relojes caros con su maquinaria

desnuda, perfumes altamente seductores,

automóviles de alta gama. El fotógrafo

ha diseñado las sombras perfectas

sobre el hermoso cuerpo de mujer

desnudo que cubre su pelo con una toalla

de colores apabullantes.

Es un domingo de diciembre. Tu imagen

en el espejo muestra tu barba de dos días

quizás ya invadida por las canas.

Admiras en otro suplemento las respuestas

de la escritora comprometida. Aquí estás

a salvo de un peligro físico. Confort y despilfarro.

La foto de la mujer de la toalla sigue llamando

a mi mente ávida de arte: Benjamin Askinas,

busco y encuentro su trabajo en la red.

El lujo contrasta con todo cuanto escuchas

o lees, refugiados, fusilamientos, ahogados,

el horror vacío de un apartamento arrasado

en Chernobyl, la pesadilla de una guerra en Siria

que no cesa. Es un lujo creado, inalcanzable

un arte de intensa provocación al que intentas

imitar con tu mirada mortal cultivada

en el otro arte: sobrevivir, musitar, permanecer.

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