Poema 523: El juego de la música

El juego de la música

Nada estaba en su lugar en la orquesta:

una percusión integrada en los metales,

dos flautistas como extremos percutores,

un generador de viento entre los contrabajos

y el compositor vivo de la obra a estrenar

disimulado entre el público.

Había alegría en el ambiente,

por la novedad, por los instrumentos insólitos,

por el cuarteto de flautas mágicas de la propina

en las que estaba integrado el gran director:

un juego imaginativo y hermoso

antes de atacar, con más de cien músicos en la tarima,

la gran batalla de Stalingrado.

La séptima sinfonía de Shostakovich,

fue monumental, apoteósica:

diría JM que le habían dado ganas de invadir algo.

Imagino como debió sonar en el cuarenta y dos

la exhausta Orquesta de la Radio de Leningrado,

silenciadas las bombas por la operación Borrasca,

y el efecto psicológico que causó en el ejército nazi.

Orgullo, juego, pasión, sonido divertido,

una tarde hermosa sonriendo en el auditorio.

Poema 522: Máquinas de guerra

Máquinas de guerra

Vivimos dos conflictos bélicos mediáticos

en un cul de sac europeo,

noticias, nunca buenas, de avances y destrucción

conflagraciones en las que nadie gana

salvo quienes producen y venden armas

u obtienen réditos políticos.

La obsesión por ignorar las noticias es grande;

aun así, hay en mi subconsciente imágenes,

sonidos, sospechas, precauciones,

la destrucción invisible desde el cielo,

la barbarie de los soldados, ya fieras

sin sujeción ética ni estética, ni normas:

destruir e intimidar, desalojar cruelmente,

dañar, castigar e infligir sufrimiento.

Veo los campos fértiles repletos de cereal y amapolas

e imagino las llanuras ucranias:

las placas solares iguales y móviles

recrean en mi imaginación el Ataque de los Clones.

Los adosados entrevistos al final de un cultivo

simulan un campo de refugiados gazatí

seguramente ya en ruinas, humeante y masacrado

por la abrumadora superioridad tecnológica

del capital sionista-americano.

La belleza de la campiña no oculta el horror bélico

simbolizado por la subcentral eléctrica

y el continuo ruido de fondo del tendido,

superpuesto al canto de los grillos.

Poema 487: En el avispero del mundo

En el avispero del mundo

Nadie parece poder detener el abuso,

el uso desproporcionado de la fuerza

la terrible injusticia sobre los indefensos.

La solución, como en el caso de la limpieza,

es mirar a otro lado,

concentrarnos en las minucias de cada día.

Y sin embargo algo sigue resonando por ahí,

en alguna circunvolución cerebral que ignoras,

que resta tu risa en todas las circunstancias.

En el avispero del mundo

los mentecatos radicales encienden candelabros,

asesinan de forma selectiva o no, según convenga.

Los señores de la guerra y de la energía hacen caja,

pasean sus cuentas bancarias por Davos,

publicitando su inexistente filantropía.

Las voces críticas son inmediatamente acalladas,

gestos, embajadas, todo lo que el dinero compra,

la venda individual que tratan de imponernos.

Ya hay más ojos que ojos, ojos de niños muertos,

ojos de drones que se expanden,

que matan más allá de las fronteras permitidas.

Persiste el control, las masas silenciadas,

los políticos acallando las voces discrepantes,

oriente más lejos y más cerca cada día.

Poema 479: Castillos del mañana

Castillos del mañana

¿Cuándo se construyó esta casa?

La memoria se apaga y una zona oscura

desaparece con cada muerte:

todas las construcciones mentales elaboradas

durante una vida de experiencias y testimonios,

desaparecen.

Escuché batallitas de tercera mano sobre la guerra,

tan alejadas de la realidad como yo pueda imaginar,

me sumergí en recuerdos que no eran míos,

y ni siquiera puedo ya contrastar lo acontecido.

Millones de páginas escritas

y un gran vacío en el conocimiento del pasado:

quién mató a quién, quién fundó y quién dilapidó,

cómo de forma aleatoria el presente es así.

Se arreglan fachadas y cambian las propiedades de mano,

cada cual blanquea su historia, se ennoblece,

oculta sus zonas miserables, incluso alabea sus recuerdos

de forma que ya son épicos e irreconocibles.

Tres familias controlaban la manzana, –dijo mi padre–,

en dos generaciones, apenas quedan restos de ellos:

nuevos propietarios inesperados, nuevos fundadores,

el carácter individual y las alianzas.

La variabilidad humana tiene múltiples e incógnitas consecuencias,

se difuminan los genes, se distorsiona el pasado familiar,

solo el dinero es un hilo conductor,

más allá de la inteligencia o de las precauciones sucesorias.

Sobre las ruinas de hoy se construirán los castillos del mañana.

Poema 477: La verdad

La verdad

“La verdad puede ser esquiva, compleja, diversa”

                                    Mario Vargas Llosa en El País

Dudo si existen tantas verdades como personas,

o hay categorías personales que aglutinan verdades.

Tiendo a considerar que mi verdad es consistente

con dudas, con versiones posibles, con meandros.

La inteligencia artificial nos hará dudar de cada noticia

de cada acontecimiento histórico,

al igual que dudábamos ya de los periódicos,

de los medios de desinformación a sueldo de ideologías.

Como sociedad estamos muy trabajados en ser engañados

en difundir ese engaño en redes sociales,

en validar las técnicas más groseras sin aplicar el mínimo filtro,

ni siquiera el menos común de los sentidos.

Puede acontecer que esa falta de posibilidad de verificación

nos lleve a igualar el peso de cualquier verdad,

la burda manipulación con la sofisticación más erudita,

el trazo tosco con el trampantojo hecho arte.

La imagen en la que un aparato negro con forma de prisma

asentado sobre un trípode,

parecía asesinar palestinos en masa en una fosa común,

no se me va de la cabeza:

el horror con que se maltrata a otros humanos,

considerándolos animales o cosificándolos, es indescriptible

y no es novedad en la historia de la humanidad.

Sal ahí fuera y busca la verdad y exprésala y defiéndela,

–parece querer decir Mario Vargas Llosa en su última Piedra de Toque–

yo tuve la mía y la defendí contra la línea editorial del periódico.

No hay una sola verdad, pero sí existe la lógica y las matemáticas.

Y la memoria.

Poema 473: Los días baldíos

Los días baldíos

Los días se suceden, enfriándose,

sin más novedad que un poema o un abrazo,

alejándome poco a poco de los bosques,

de las montañas y los ríos del fin de semana.

Cada día que paso sin leer al menos una hora

es un día baldío,

horas llenas del ajetreo laboral en la mañana,

caminar y observar atesorándolo todo, por la tarde.

Continúo fiel a mis referencias en el viaje:

una música que un oyente recomienda,

el bidón que los operarios encienden con el frío,

las aguas turbias y veloces del Duero,

unos chopos que se volvieron invisibles.

El hallazgo de un bolígrafo perdido,

el ¡eureka! del informático que encontró el error,

una ocurrencia que me hizo reír sin medida

en medio de una clase repleta de hormonas,

dibujan días de noviembre históricos,

momentos de convulsión violenta en Palestina,

una guerra pasada de moda en Ucrania,

la formación de un gobierno progresista en España.

Los periódicos gritan a varias columnas,

saltan de un asunto esencial a otro capital,

se rompe el país en medio de la prosperidad,

de la abundancia, del éxito del deporte colectivo.

Tengo más libros de los que puedo leer,

más películas y series de las que puedo visualizar,

más zapatos de los que puedo gastar,

menos tiempo del que puedo perder

vagando por las calles y los caminos sin rumbo.

Noviembre es un trampantojo virtual,

el mes efímero más hermoso del otoño,

los días y las horas de los graves estudios.

Poema 470: Restos de poemas

Restos de poemas

Ya no amanece durante el viaje,

la lluvia se ha instalado en lo cotidiano,

esa sensación de fugacidad permanece:

cada evento se anuncia y llega y se olvida

a imagen y semejanza del noticiario

elaborado según intereses económicos

que solemos pasar por alto.

Los balances de los bancos son escandalosos:

cincuenta millones diarios,

contrapuntados por vagabundos en los cajeros

mientras se discuten migajas en horarios laborales.

La mancha que cada uno deja, –Philip Roth dixit–,

es proporcional a su deshumanización:

cadáveres, guerras, xenofobia, ignorancia,

las plagas bíblicas actualizadas.

El aprendizaje es una luz, una lucha, una oposición,

cada cual lo comprende con intensidad diferente,

belleza, angustia, la agonía de los días, la edad,

esa felicidad que duró un verano inconsciente.

Se multiplican las protestas y han perdido el relato,

pero el pueblo elegido por su dios ataca,

se venga y la vergüenza política es tal

que hay que ocultarla con miles de muertos.

Llega el otoño con la lluvia, colorean los árboles,

viento, agua en los ríos, la comodidad del hogar

para los afortunados primermundistas.

Siempre hay dudas, resquicios e incomodidades,

esas que se silencian en nuestra imagen externa,

la lucha diaria por renovarnos, por soportarnos.

En la mirada está la clave del relato,

también en los silencios y los benditos recuerdos,

en el papel estelar o miserable que cada uno se otorga.

La psicología acabará por revelar los mejores hábitos.

Poema 465: Desastre

Desastre

En el avispero del mundo han entrado los fanáticos

han removido los panales conscientemente,

la delicada exagonalidad hecha trizas,

se han regodeado un instante en la miel

en la adrenalina de la venganza aquí y allá

antes de ser víctimas de la devastación generada.

Sesudos analistas acuden desde otras guerras

olvidan amnistías y días patrios de colonización

–salvo los muy ignorantes, toscos, mentecatos–

para ofrecer sus servicios de opinión,

sus acusaciones a diestro y siniestro

llenas de razonamientos y fundamentación de parte.

En el avispero del mundo confluyen intereses varios:

religión, economía, territorialidad, ideologías varias;

la superioridad moral de cada facción no termina nunca.

Hay algunas guerras estacionales,

juegos de poder inconscientes, marionetas de hilos invisibles;

esta es una partida de ajedrez en cuatro dimensiones,

llena de vías de escape y sorpresas, de gambitos y enroques,

una deshumanización casi intolerable en esa época

de cámaras, móviles, drones, horror cinematográfico,

en la que cada avance pacífico es contrapesado por la barbarie.

El avispero del mundo se expande sin solución,

células dormidas, históricas cuentas pendientes,

dejar tuerto a alguien mientras tu ceguera se realiza,

el tablero geopolítico cita a la testosterona bárbara,

sin apenas voces cuerdas que llamen al calmo diálogo.

El avispero se convertirá en un sumidero,

un vórtice en el que se trituran todas las ideas humanísticas,

capaz de devorar los frágiles acuerdos de posguerra,

la igualdad incipiente y cualquier movimiento migratorio.

El tiempo de paz y de esperanza aún no ha llegado,

tampoco el de los frenos y sistemas de amortiguación:

sigue siendo banal matar y morir, salvo que sea uno mismo.

Poema 448: Rebelión

Rebelión

No parece la misma materia,

ni la misma vida.

Corre otra sangre más atrevida,

agresiva, palabras que destilan odio,

amenaza a una cámara que podría matarlo.

Cuando disparas, puedes ser alcanzado,

y sin embargo no me creo nada,

pequeños vídeos caseros, información sesgada,

minúsculas perlas controladas

que se abren y esparcen su esencia

como si fuera un videojuego o una simulación.

La vida de los soldados hiperequipados

es solo un trasunto de película,

una construcción mental.

La poesía alcanza suavemente las cabezas,

cual pluma que se balancea

en un descenso gravitatorio inesperado.

Drones, y amigos y enemigos cambiantes:

nadie está a salvo,

los supervivientes son producto del azar.

La selección natural elimina a los agresivos

o los enreda y dispersa.

Tras las explosiones lejanas en apariencia,

se inicia la música, una canción

cuya letra se adaptará al lugar y la circunstancia.

El campo de batalla es una pantalla

y la desinformación apenas interesa a nadie,

conscientes de que nada nos llega gratuitamente.

Elijo nadar en la piscina y cocinar unos muslos de pollo,

a la espera de ver quien filtra las mejores noticias,

las más terribles o las más increíbles.

El periodista-guionista se afana en acceder

al núcleo límbico del pensamiento medio del espectador.

Guerras de pacotilla,

luces que son hogueras de San Juan.