Poema 737: En tierras fraudulentas

En tierras fraudulentas

En tierras fraudulentas

el poeta loco

es un testigo irremplazable

de estos tiempos […]

Isabel Meyrelles, El Mensajero de los Sueños

Supervivencia, sexo, caminar lo más erguido posible

en el mundo en el que si te detienes, la marea te empuja.

El farsante loco anuncia que el precio del crudo disminuye;

el facineroso asiente, pero sigue ejecutando,

colonizando, huyendo hacia delante, destruyendo.

“You’d be in jail if it wasn’t for me. I’m saving your neck right now»

clama el tahúr henchido de orgullo patrio.

Trampantojos múltiples, engaños de puro artificio

la luna, un teléfono clonado, venganzas selectivas

contra cualquier poeta loco de una locura humanista diferente.

El relato frente al concepto, la imagen sostenida pecuniariamente,

la realidad bélica terrible: sangre, demolición, amputación y muerte

frente al videojuego televisivo en el que figuras subhumanas

caen o avanzan sustituidas inmediatamente por otras similares:

si consigues monedas doradas inmediatamente reconstruyes,

recompones a tu imagen y semejanza, –divina omnipotencia–,

hasta que encuentras un resquicio ventajoso y lucrativo.

Los súbditos, mayoritariamente masculinizados, consienten,

impasibles y gregarios, soldados de pensamiento opaco.

Los poetas locos se desgañitan u ofenden con insensatez,

ajenos al silencio, fijos los ojos en el circo futbolístico.

Poema 522: Máquinas de guerra

Máquinas de guerra

Vivimos dos conflictos bélicos mediáticos

en un cul de sac europeo,

noticias, nunca buenas, de avances y destrucción

conflagraciones en las que nadie gana

salvo quienes producen y venden armas

u obtienen réditos políticos.

La obsesión por ignorar las noticias es grande;

aun así, hay en mi subconsciente imágenes,

sonidos, sospechas, precauciones,

la destrucción invisible desde el cielo,

la barbarie de los soldados, ya fieras

sin sujeción ética ni estética, ni normas:

destruir e intimidar, desalojar cruelmente,

dañar, castigar e infligir sufrimiento.

Veo los campos fértiles repletos de cereal y amapolas

e imagino las llanuras ucranias:

las placas solares iguales y móviles

recrean en mi imaginación el Ataque de los Clones.

Los adosados entrevistos al final de un cultivo

simulan un campo de refugiados gazatí

seguramente ya en ruinas, humeante y masacrado

por la abrumadora superioridad tecnológica

del capital sionista-americano.

La belleza de la campiña no oculta el horror bélico

simbolizado por la subcentral eléctrica

y el continuo ruido de fondo del tendido,

superpuesto al canto de los grillos.

Poema 448: Rebelión

Rebelión

No parece la misma materia,

ni la misma vida.

Corre otra sangre más atrevida,

agresiva, palabras que destilan odio,

amenaza a una cámara que podría matarlo.

Cuando disparas, puedes ser alcanzado,

y sin embargo no me creo nada,

pequeños vídeos caseros, información sesgada,

minúsculas perlas controladas

que se abren y esparcen su esencia

como si fuera un videojuego o una simulación.

La vida de los soldados hiperequipados

es solo un trasunto de película,

una construcción mental.

La poesía alcanza suavemente las cabezas,

cual pluma que se balancea

en un descenso gravitatorio inesperado.

Drones, y amigos y enemigos cambiantes:

nadie está a salvo,

los supervivientes son producto del azar.

La selección natural elimina a los agresivos

o los enreda y dispersa.

Tras las explosiones lejanas en apariencia,

se inicia la música, una canción

cuya letra se adaptará al lugar y la circunstancia.

El campo de batalla es una pantalla

y la desinformación apenas interesa a nadie,

conscientes de que nada nos llega gratuitamente.

Elijo nadar en la piscina y cocinar unos muslos de pollo,

a la espera de ver quien filtra las mejores noticias,

las más terribles o las más increíbles.

El periodista-guionista se afana en acceder

al núcleo límbico del pensamiento medio del espectador.

Guerras de pacotilla,

luces que son hogueras de San Juan.